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El Milagro y Mixco se reencuentran con los soldados

El enemigo aquí son los extorsionistas, pandilleros o no, que le succionan la vida a otros en áreas complejas como esta
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El Milagro y Mixco se reencuentran con los soldados

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Lo que no encaja en la lógica de la población es que un día llenen de seguridad las calles para reducirla de nuevo, poco tiempo después.

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Apenas transcurrían tres días de su mandato cuando Giammattei anunció el primer Estado de Prevención en Mixco y San Juan Sacatepéquez. En la colonia El Milagro, en un extremo apartado de la zona 6 de Mixco, hacía 22 meses que no se le veía la cara a un soldado. Pero desde el 17 hasta el 22 de enero, los jóvenes militares volvieron para andar en esas laberínticas calles. 

El Ejército dejó las labores de seguridad ciudadana en 2018, cuando el gobierno de Jimmy Morales cumplió con el requerimiento de Estados Unidos, que abogaba por mejorar la seguridad y gobernanza a través de una policía civil. Así que en sectores como El Milagro, el personal castrense empacó sus pocas cosas, se deshizo de los costales de arena con los que había armado las barricadas en diferentes locaciones de la colonia y se marcharon. Se suponía que no volverían más, pero el cambio de gobierno ha dejado claro que volverán, aunque no serán tan constantes. 

Antes de esta nueva disposición, el vacío que los soldados dejaron lo aprovechó el alcalde de Mixco, Ernesto Bran, para  justificar la creación de una Policía armada bajo su mando con la que pretendía reducir “los tres muertos diarios” que se reportaban en la colonia. Un dato falso, según verificó Fáctica, porque nunca hubo esa cantidad de homicidios en el lugar. 

Es innegable que esta es una zona roja. En diciembre de 2019 y a inicios de este año, mientras el alcalde ponía todo su empeño en entrenar para la pelea que pactó con Esduin Javier, su par de Ipala, Chiquimula, hubo una racha de ataques armados contra pilotos y ayudantes del transporte urbano. Los crímenes fueron vinculados todo el tiempo con las pandillas que cobran extorsiones, pero como casi siempre, quedaron en la impunidad. 

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Cuando Giammattei decidió instaurar el estado de Prevención, cientos de policías y soldados  inundaron las calles. Revisaban vehículos, motoristas, caminantes y hasta inspeccionaban autobuses con sus perros expertos en detectar explosivos y droga, mientras de fondo se escuchaba el ruido de los helicópteros que sobrevolaban el área. 

El caótico congestionamiento diario pudo empeorar, pero pararon los actos violentos contra los pilotos de buses. Del último que se tiene registro, es del 15 de enero, cuando un bus de la ruta 22 que va al Milagro fue atacado en la Calzada San Juan. 

Elizabeth, una madre trabajadora que sale a diario a las 4:30 de su casa, fue testigo de esa balacera. Eran más de las 9:00 de la noche cuando el bus se detuvo frente al comercial La Quinta, a la espera de quienes salen de trabajar de la Calzada Roosevelt.

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«El bus ya casi se llenaba, cuando escuchamos los tiros. Le dieron al piloto y al ayudante que llevaba adelante, y al ayudante que iba en la puerta de atrás», recuerda. La mala puntería de los sicarios solo dejó heridos a los tres hombres, y por azar ninguna bala tocó a los pasajeros.

Miedo y rabia se mezclan con cada suceso, pero este eterno problema no parece interesar a las autoridades. La indolencia de las municipalidades de Mixco y Guatemala pesa en los vecinos que no tienen más medio de transporte que los buses rojos, inseguros y destartalados.

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Quizá por esto la presencia militar no sea del todo rechazada. Lo que no encaja en la lógica de la población es que un día llenen de seguridad las calles para reducirla de nuevo, poco tiempo después.

El 19 de enero, por ejemplo, un día de descanso dominical, fue extraño ver a medio centenar de jóvenes delgados vestidos de verde oliva y miradas escondidas detrás de los anteojos, que patrullaban por la colonia.

Antes, cuando el Ejército hacía patrullajes combinados con la Policía Nacional Civil, era común ver a pequeños grupos. 

Ese domingo, los soldados no marchaban, caminaban. Mientras iban a paso lento, como en esas películas de guerra en la que el bando de los buenos indaga un terreno de relativo peligro, quedaban envueltos en ese humo negro que vomitan los escapes de los autobuses. 

El fusil en mano, organizados en dos filas, bordeaban la carretera principal. Una escena de guerra en tiempos de paz.

Los militares avanzaban mientras las personas se reunían a ver el partido de fútbol dominical en las improvisadas canchas que se forman al cerrar una calle secundaria en El Milagro. Los militares avanzaban mientras se escuchaba la música de las cantinas, y de las bulliciosas bocinas que usan los comerciante para atraer compradores. El mercado atiborrado, el sol opacado por el rezago del frente frío. Todo era normal; los soldados desentonaban pero avanzaban, sin cruzar miradas con nadie.

El enemigo aquí son los extorsionistas, pandilleros o no, que sobreviven y se alimentan de succionarle la vida a otros en áreas complejas como esta.

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Aunque durante el estado de prevención se reportó el hallazgo de un supuesto reducto en el que los pandilleros practicaban tiro, en un barranco que conduce de Mixco a Chinautla, al final del periodo de prevención hubo 29 capturas en Mixco y San Juan Sacatepéquez. Ninguna directamente vinculada a las extorsiones o asesinatos a pilotos. Los resultados de la investigación todavía se desconocen.

Una historia de crímenes 

El Milagro tiene fama de ser una de las zonas más rojas de Mixco. Un color identificativo que comparte con otras áreas aledañas, como La Carolingia, que pertenece a Mixco, y Ciudad Quetzal, una colonia que pertenece a San Juan Sacatepéquez.

No hay cifras exactas de cuántas muertes violentas ocurren en esta colonia, pero los policías saben que hay sectores más peligrosos porque están bajo el dominio de pandillas. Aquí hay antecedentes de balaceras con y sin heridos o muertos. Algunos de estos eventos ocurren en Sacoj, otro sector aledaño a El Milagro y que también pertenece a Mixco, aunque también colinda con Chinautla. 

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Una vez alguien tiró una bomba en una carnicería en la calle principal del mercado. Vendedores lo mismo que compradores murieron víctimas de la explosión. En otra ocasión, una balacera en plena calle hacia Sacoj mató a personas que iban de paso. Hay actos de violencia con ruido y otras que ocurren en silencio. Como cuando el olor insoportable alertó a los vecinos de una o varias muertes en una vivienda. No se tiene certeza de cuántas víctimas, porque lo que los bomberos encontraron fueron cuerpos desmembrados.  

Plaza Pública ya contaba la historia de muchos sobrevivientes de la inseguridad en El Milagro en 2018. La normalidad aquí es resistir. No solo al crimen, sino al estigma que pesa sobre los que aquí residen. Unos logran sobrevivir al caos y la violencia, pero otros quedan enredados en sus trampas, como víctimas o también como víctimas y victimarios al mismo tiempo. 

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Aunque después del estado de Prevención todavía hay varios operativos policiales de revisión y control de vehículos, el 2 de febrero se reportó el hallazgo del cuerpo baleado de un joven de 19 años en un campo de fútbol en Sacoj. La normalidad vuelve más pronto de lo esperado.

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