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El miedo a Trump es temporal; la migración sigue…
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El miedo a Trump es temporal; la migración sigue…

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Hay una recesión, el negocio ha bajado. De 20 personas que emprendían el viaje cada día, ahora solo lo hacen seis. Un coyote hondureño afirma que es algo temporal y que la realidad no es como los medios de comunicación la pintan. Donald Trump no ha causado más que terror desde que llegó a la presidencia de Estados Unidos. La situación en la frontera no ha cambiado. Todo se sigue resolviendo con dinero e influencias delincuenciales.

“Aquí nadie va a parar esto. Las fronteras siempre se pondrán peor, siempre serán duras. Mientras no pares el hambre y la violencia aquí, la gente se va a seguir yendo. Familias enteras me he llevado yo”,  asegura Marcos, un coyote hondureño que a pesar de las restricciones impuestas por la administración de Trump, continúa llevando a inmigrantes centroamericanos sin documentos hacia Estados Unidos.

Buscamos a Marcos en su barrio, en San Pedro Sula, Honduras, al final del día; era lunes y se preparaba para su próximo viaje. Su hermana nos dijo que andaba arreglando los últimos detalles pero que en media hora nos atendería. Queríamos preguntarle cómo están las cosas en la frontera con las decisiones y el discurso antimigrante de Donald Trump.

Marco llega. No se baja del carro, nos llama. Desde su asiento nos interroga y luego nos hace subir. Comienza a dar vueltas por las calles polvorientas de su barrio,  nos exhibe. Marcos vive en un barrio controlado por una pandilla, en una ciudad violenta de Honduras. En su vehículo Marcos se ríe cuando le preguntamos: ¿Qué ha cambiado desde la llegada de Trump a la Casa Blanca? ¿Evitará Trump y sus muros la migración masiva de centroamericanos hacia Estados Unidos?

Se ríe y dice: "Trump no va  a parar esto". Y nos muestra un video en el que se ven al menos seis niños, cuatro mujeres y dos hombres, hacinados dentro de una camioneta. Saludan a la cámara, prometen llegar pronto a su destino. Ese video es “la carga” anterior que le tocó llevar a Estados Unidos. 

Este hombre, coyote, traficante de humanos o “guía” como le dicen sus clientes, ha recibido miles de dólares por cada viaje que ha realizado los últimos 20 años, pero anda en carro sencillo; no aparente lujos, dice, porque por eso puede caer preso. 

“Yo quería que ganara Hillary Clinton. Cuando Trump ganó, nos reunimos todos para ver qué haríamos en caso de algún cambio en las fronteras. Pero no cambió nada, solo que la gente tiene ahora más miedo a ser deportada”, cuenta mientras le da vuelta a su barrio. Se ven muchachos saliendo de los pasajes, lo saludan, hablan por teléfono.  

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Nos dice que no debemos andar allí, que su comunidad es hostil con los extraños.

“Aquí yo me he llevado familias enteras, jovencitos que son acosados por los mareros. Gente que tiene que salir de su casa de inmediato. Yo me llevé a toda la familia de esa casa (apunta con el dedo), de esa otra; y mire, qué bonita casa, abandonada”. La ley de su barrio y de todos los barrios en Honduras es: ver, oír y callar. Y este coyote lucra con eso.  

 Irse de Honduras hacia Estados Unidos con este coyote, para un adulto cuesta unos US$8,500 y para un niño US$4 mil. Durante la llamada “crisis humanitaria de los menores migrantes”, en 2014, este mismo coyote llevaba a los niños por US$5 mil, y a los adultos por US$7 mil. Ese fue un gran momento para su negocio. Con la llegada de Trump la demanda ha bajado,  pero no es algo que le preocupe demasiado.

Como tiene buena reputación, dice, la gente sigue buscándolo, y él sigue llevándola hasta Estados Unidos, sin falla. “Mi promesa es llevarlo a Estados Unidos y si 300 veces lo intenta, 300 veces lo llevo”. Enciende un cigarro y sigue contando.  “A veces me quieren dar chanchos, perros, vacas, gallinas, propiedades, todo intentan vender por irse. Ha habido gente que como yo le he llevado más de un familiar, los llevo y ya en el otro lado me pagan, gente de confianza”. 

Marcos asegura que no ha fallado. No ha fallado porque forma parte de una red, una poderosa red, armada, millonaria, que garantiza la seguridad en el camino de México hacia Estados Unidos. Todos los coyotes están vinculados, según la ruta que tomen, con los carteles del narcotráfico y autoridades militares corruptas. No hay nadie insobornable en México. Y esto continúa. Trump no lo va a parar. Se ríe, mientras exhala humo de cigarro barato.

Agencia EFE

Marcos cuenta con un par de camionetas que lleva cargadas de gente hasta la frontera hondureña de Corinto con Guatemala. Así inicia su travesía.  En la frontera cambian de carros. La gente puede llevar sus celulares, pero no se puede tomar fotografías, eso es un trato. En México les compra un teléfono pequeño, sin cámara y les quita los que llevan. Los prepara para ver las cosas pesadas. Al tomar su ruta hacia Estados Unidos se reportan con “el patrón”.

—A veces la gente se asusta porque se nos ponen dos camionetas y se bajan hombres todos armados. Chequean que vayan las personas que reporté, no puedo engañarlos: si seis personas llevo, seis personas reporto. Le pago al patrón US$900 por cada uno. —Explica.

—Me han pasado tantas cosas —cuenta— Una vez llevaba a un señor que sufría mucho de ansiedad y en el camino le dio un infarto y yo tuve que dejarlo tirado. También una vez llevé a un tunco, pero era tranquilo. Igual, les cobro como es, si dan más trabajo.  Con los que me gusta viajar es con los guatemaltecos: esos son calladitos, no se quejan y caben en cualquier rincón. He llevado muchos indígenas de Guatemala que a veces sólo hablan su idioma o dialecto. Mucha gente habla de Trump, pero es por lo medios de comunicación, se les va a pasar el miedo y seguirán viajando por multitudes.

—¿Seguro que nunca ha pedido más dinero a un cliente, que nunca ha chantajeado a los familiares de algún cliente? Mucha gente denuncia eso de los coyotes.  —se le pregunta.

—Yo nunca he hecho eso, por eso me siguen buscando para que los lleve, porque me recomiendan. Pero mire, todos los coyotes son unos pícaros. Todos somos unos pícaros usted.

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—En este barrio me he llevado a mucha gente. Aquí otro coyote ni viene, este es mi territorio y quien se quiera ir de aquí, me tiene que buscar a mí. Y la verdad es que aquí la gente se va, a pesar del miedo a Trump, porque si no, los matan.

—¿Conoció algún caso en que una persona salió huyendo, luego fue deportado y al llegar aquí lo asesinaron? 

—No conocí uno, conozco muchos casos de esos. Aquí vivía un muchacho que yo lo llevé, allá fue a cagar el palo y lo deportaron. El mismo día que cayó fue asesinado.

 El muro de Trump no va a impedir que los centroamericanos sigan emigrando hacia Estados Unidos, y que otros hagan negocio con sus necesidades. “Este negocio es más rentable incluso que traficar drogas”, asegura Marcos.

—A esta recesión le doy seis meses, no más. —Dice Marcos, confiando. 

El coyote muestra otro video. Se ve una niña de unos tres años, tomada de la mano de su madre. Del rostro de la niña se desprende felicidad; del de la madre unas ojeras profundas. Detrás de ellas vienen otras mujeres y varios hombres. Marco les da instrucciones. Deben subir a una balsa inflable para pasar el río Bravo. Es el último paso de su viaje, su destino está cruzando el río.  Al otro lado, la aventura de sobrevivir tiene otros retos. 

Este hombre, coyote, traficante de humanos o “guía” como le dicen sus clientes, ha recibido miles de dólares por cada viaje que ha realizado los últimos 20 años, pero anda en carro sencillo; no aparente lujos, dice, porque por eso puede caer preso.
—Yo nunca he hecho eso, por eso me siguen buscando para que los lleve, porque me recomiendan. Pero mire, todos los coyotes son unos pícaros. Todos somos unos pícaros usted.
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