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El menor de los dos males
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El menor de los dos males

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Tipo de Nota: 
Opinión
20 10 15

Read time: 4 mins

Rompo la serie de artículos que se referían a la problemática del autoritarismo en los Ejecutivos contemporáneos para dedicarle algunas líneas al escenario electoral guatemalteco.

¿Por qué estas elecciones guatemaltecas son tan interesantes? Hay algunas variables a considerar.

Vamos al marco teórico. Desde la perspectiva institucional, se necesita la capacidad y el rendimiento del sistema político y electoral para generar un flujo circulatorio y una retroalimentación entre las demandas, el apoyo y las políticas públicas existentes. Se requiere que estén presentes factores como la legitimidad, la eficiencia, la efectividad, la eficacia y la funcionalidad. En este mismo contexto hay que apuntarle a una condición muy particular que enmarca estas elecciones: a 30 años del retorno a la democracia, el país elige entre un outsider (quizá su discurso y los actores que lo acompañan son tradicionales, pero en efecto es un outsider) y la posibilidad del retorno al poder de un partido que ya gobernó (reelección de partido). Esto no es poca cosa en un país donde los partidos por lo general no viven mucho.

Hay otra variable. Ambos partidos tienen vínculos que en el mejor de los casos pueden definirse como oscuros.

Entonces, ¿qué es y qué significa esta elección para Guatemala? Darle respuesta a esta pregunta no es poca cosa. Parece que estamos ante un típico juego de suma cero.

Veamos entonces algunos puntos que pueden arrojar luz.

Respecto al complejo acto de evitar un nuevo caso de entrampamiento de la agenda legislativa, es claro que ambas propuestas usarán la vieja táctica de repartir el botín. Lo anterior es inevitable. Ahora bien, la diferencia es la experiencia política de calle para asegurarse de que este juego no se revierta en un secuestro del Ejecutivo, como le resultó al Partido Patriota.

En términos de los vicios históricos que acompañan a la administración pública guatemalteca, es posible que ambas propuestas puedan hacer poco por acompañar un proceso necesario de mejora. Es decir, lograr —de facto— que el aparataje institucional pueda comprender el significado del término planeación estratégica. No digamos orientar la función pública administrativa hacia la necesaria reconfiguración: los insumos existentes determinan las metas políticas, y no al revés. Quizá la agenda de transparencia y de buen gobierno pueda mantenerse epidérmicamente gracias a la tutela de esa gran fiscalía anticorrupción denominada Cicig. Al menos por los siguientes dos años.

¿Qué decir en cuanto al manejo corporativo del narcotráfico? Me parece que no habrá una variación de esta práctica por parte de ambas propuestas políticas, pues lo anterior se ha hecho un vicio recurrente en la región. Decomisos de vez en cuando y que llenen la cuota mínima. Eso sí, quizá varíen las formas en razón de los recientes escándalos. Habrá un elemento en el ambiente como mensaje a la clase política y a las élites: si no te freímos en el país, te freímos en Estados Unidos. El caso Rosenthal, el caso de Pérez Molina-Baldetti y el derrumbe de Baldizón son ahora nuevos landmarks.

Ya que tocamos la política de seguridad, dicho sea de paso, habría que apuntar, me parece muy claro, que una de las propuestas políticas contendientes quizá recorrería viejos derroteros que impliquen continuar con esquemas que militaricen los enfoques de seguridad.

En términos de los elementos de corte estructural, hay tres preocupaciones para mí. Y aquí está la clave de todo. Primero, ¿cuál de las propuestas electorales puede acuerpar las demandas ciudadanas? Y en cuanto a lo anterior, me quedo con estos ejes: a) reforma a la Ley Electoral y de Partidos Políticos, b) Ley de Servicio Civil actualizada y c) normativa revisada de la Ley de Contrataciones. Si queremos estas piezas de ley, se necesita un Ejecutivo que sepa comandar y hacer sentir su peso atrayendo a él estos aspectos como elementos fundamentales de su compromiso ciudadano. Como segunda preocupación, un Ejecutivo que no se convierta en un estorbo directo en la reapertura del juicio contra Ríos Montt. Y como tercera preocupación, un Ejecutivo que se comprometa, desde el inicio de su gestión, a extender a un período más la estadía de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala.

Quizá las tres preocupaciones anteriores son las claves de esta elección si se le quiere dar una salida a una situación que parece, por ahora, un juego de suma cero. ¿Quién de los dos contendientes a la presidencia cree con mayor convicción en la necesidad de estos tres puntos que menciono? Quien lo haga quizá sea el menor de los males.

Quizá.

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