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El hombre que le susurra al poder (y viceversa)
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El hombre que le susurra al poder (y viceversa)

"Pero no nos susurramos, nos hablamos recio"
Juan de Dios Rodríguez vino a buscarme aquí para entregarse, porque no lograba entrar en comunicación con la CICIG. Un domingo vino a tocar la puerta de mi casa una persona en su nombre, a preguntar si podía venir. “Dígale a José Rubén que me urge hablarle, que tengo una bomba”, dijo.
El Instituto Internacional de Prensa incluyó, en el año 2000, a José Rubén Zamora en una lista mundial de 50 “Héroes internacionales de la libertad de expresión”, en reconocimiento a su “valor y resistencia" en la lucha por la libertad de prensa.
José Rubén Zamora no se considera periodista, pero ha construido su poderosa imagen a partir de la información que publica.
José Rubén Zamora se declara a sí mismo y a elPeriódico militantes contra la corrupción y la impunidad.
José Rubén Zamora, presidente de El Periódico, habla sobre la crisis, sobre periodismo, y su relación con el poder.
Zamora ha conseguido incomodar a militares, políticos, empresarios, gobernantes y criminales con sus ácidas, directas y reveladoras columnas de opinioón, con las investigaciones de su equipo periodístico y las denuncias en elPeladero.
Zamora ha recibido decenas de premios y reconocimientos internacionales por su trabajo periodístico, entre ellos el Premio María Moors Cabot, el más antiguo reconocimiento mundial de periodismo, el cual le fue otorgado en 1995 por la Universidad de Columbia (Estados Unidos).
José Rubén Zamora es uno de los líderes de opinión más influyentes de Guatemala, y quizá el periodista más reconocido a nivel internacional por su audacia y atrevimiento para enfrentar a los poderes legales e ilegales que han cogobernado este país.
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Información

No se considera periodista, pero ha construido su poderosa imagen a partir de la información que publica. Admirado y reconocido por muchos —lectores e instituciones— y detestado por otros —grupos de poder y lectores que critican su método–. Habla aquí sobre su trayectoria, sobre el poder —el suyo y el de los grupos que le dan información y sobre los que informa—. Se declara a sí mismo y a su medio militantes contra la corrupción y la impunidad. En esta entrevista habla de la crisis de los últimos meses, de lo que le dijo a Otto Pérez Molina y lo que Juan de Dios Rodríguez le dijo a él; de los medios, de periodismo, y de ética.

“Yo sólo escribo columnas de opinión”, dice con actitud humilde y sencilla, contrapuesta al garbo con que se reconoce como uno de los líderes de opinión más influyentes de Guatemala, y quizá el periodista más reconocido a nivel internacional por su audacia y atrevimiento para enfrentar a los poderes legales e ilegales que han cogobernado este país. Con su pluma contestaria, combativa y militante —como él mismo se denomina—, Chepe Zamora ha amargado los desayunos de militares, políticos, empresarios, gobernantes y criminales con sus ácidas, directas y reveladoras columnas de opinión, con las investigaciones de su equipo periodístico sobre estructuras criminales y corrupción, y con las denuncias de desmanes, abusos de poder, crímenes y corruptelas que cada domingo publica en “El Peladero”, la sección más leída de El Periódico, el diario que fundó en 1996 y que preside desde entonces.

Descendiente de una influyente familia vinculada al periodismo y la política, Zamora fundó en 1990 el diario Siglo XXI, el primer medio de investigación periodística de Guatemala, con la ayuda de empresarios tradicionales que seis años después le retiraron el apoyo por desavenencias con la línea editorial del diario que, aunque cuidaba los intereses económicos de sus propietarios, desenmascaraba los abusos de los militares, promovía los derechos humanos y hacía participe de sus páginas de opinión a líderes provenientes de la izquierda, hasta entonces vedados en la prensa nacional. A finales de 1996 fundó El Periódico, con un modelo de negocio que le ha permitido obtener apoyos para su subsistencia, pero reservando la propiedad para sí. Eso le ha permitido enfrentarse a los poderosos grupos políticos, militares y económicos del país, que le han intentado acallar de diferentes formas: desde boicots comerciales hasta atentados en contra suya y de su familia.

A lo largo de su carrera, Zamora (Guatemala, 1956) ha recibido decenas de premios y reconocimientos internacionales por su trabajo periodístico, entre ellos el Premio María Moors Cabot, el más antiguo reconocimiento mundial de periodismo, el cual le fue otorgado en 1995 por la Universidad de Columbia (Estados Unidos), y en el año 2000, el Instituto Internacional de Prensa, lo incluyó en una lista mundial de 50 “Héroes internacionales de la libertad de expresión”, en reconocimiento a su “valor y resistencia" en la lucha por la libertad de prensa.

Amigos y enemigos reconocen su influencia en la opinión pública. Algunos lo acusan de responder a los intereses de los grupos empresariales —tradicionales o emergentes, según de donde venga la crítica—; otros de trabajar para la embajada de los Estados Unidos o para algún partido político o causas particulares —según hacia donde El Periódico apunte sus cañones—, lo acusan de guardar silencio sobre algunos poderosos y de no escatimar verdades a medias o falsedades contra sus adversarios. Y aunque las páginas de la sección de investigación mantengan los estándares, es la sección de "El Peladero" la que provoca las mayores animadversiones. Él asegura que su trabajo es genuino y que, en todo caso, opera para sí mismo. Para sus propias causas y para sus propios objetivos.

Las entrevistas, dice Zamora, “lo hacen sentir raro e incómodo”, porque cree que “los periodistas y la gente de los medios no debemos ser la noticia ni objeto de noticia”. Sin embargo, reconoce que “para bien o para mal” ha sido protagonista de la historia reciente de Guatemala, por la influencia que desde El Periódico ejerce en la vida política y social del país. Por los amplios e impecables sillones blancos de su residencia han pasado todo tipo de personajes: desde sus entrañables amigos, artistas, periodistas e intelectuales; hasta diplomáticos, políticos, empresarios y activistas. Incluso aquellos a quienes ha criticado, acusado y señalado de criminales y corruptos. En esta entrevista se desborda: sin enfado habla del poder —del suyo y del otros—; de periodismo, de ética y de método; de su militancia, de El Periódico y de “El Peladero”.

La prensa en Guatemala, hoy

¿Cuánto poder tienen los medios de comunicación hoy día en Guatemala?

Con  honestidad creo que es un pequeño “contrapodercito” el que tenemos. Es bastante limitado. Posiblemente por la ausencia que hay en Guatemala de partidos políticos, y por la falta de balances institucionales, de contrapesos, de instituciones que con independencia realicen una rigurosa revisión de cuentas del poder público, los medios de comunicación independientes, o que tratan de ser independientes, de alguna manera tienen que sustituir a esos contrapesos.

Medios independientes, ¿a cuáles se refiere? ¿Qué medios de comunicación son independientes y cuáles dependientes de los poderes económicos y políticos del país?

Habría que clasificarlos de muchas maneras. La televisión abierta, por ejemplo, es un monopolio que nació de la mano del poder paralelo: los militares que integraron y dirigieron La Cofradía, el  Grupo Salvavidas, la Red Moreno, lo que ahora se conoce como “La Línea”. Ese poder paralelo ha cogobernado con los Gobiernos de turno desde 1982 y otros poderes como los contratistas y proveedores del Estado, gente que tiene privilegios económicos, aranceles, protecciones, y sobre todo con el crimen organizado y los carteles de las drogas. Hay una gran mesa corporativa y el único de los medios que ha estado ahí sentado con voz y con voto ha sido Ángel González. Ha estado con un pie en el poder paralelo y el otro en el estatus quo legal.

Pero la configuración de los medios de comunicación en Guatemala ha cambiado. Han surgido nuevos medios y la agenda informativa se ha democratizado. ¿Aun así considera que Ángel González tiene el mismo poder de hace una década?

Sí, lo tiene todavía. Ahora mismo hay una pugna, una lucha gigante, entre Ángel González y las empresas que controlan las frecuencias de telefonía celular, que a su vez controlar el internet y la televisión por cable: Tigo, Claro y Telefónica. Estamos hablando de grandes monstruos, del Olimpo. Es la primera vez que Ángel González tiene adversarios casi de su dimensión.

Y muy significativo porque estas tres compañías de telecomunicaciones representan los principales poderes económicos de Guatemala: Telefónica al capital tradicional, Tigo al capital emergente, y Claro a las transnacionales...

Exacto. Estamos hablando de un monopolio que está enfrentando a un oligopolio; ese es el Olimpo de los medios, en términos de poder. Pero (Ángel González) también tiene una cadena de radios (Central de Radios) vinculada a sus canales, que compiten con otras cadenas como las de los Archila (Emisoras Unidas) y la del señor González Gamarra (Nuevo Mundo) que son las tres más grandes del país. Estos grupos tienen la ventaja de haber obtenido concesiones (de frecuencias) con usufructo a perpetuidad. Las obtuvieron sin que el Estado las haya subastado ni recibido recursos por asignarlas.

Un modelo creado por los empresarios con la complicidad de los políticos y militares…

El caso de Emisoras Unidas, de los Archila, que fue antes de Ángel González, viene del tiempo de Lucas (general Fernando Romeo Lucas García, presidente de Guatemala 1978-1982), cuando uno de los hermanos Archila fue su vocero. La familia (Archila) venía con una pequeña radio de suroccidente, y durante el gobierno de Lucas pidieron y consiguieron un gran conglomerado de frecuencias (radiales) y se convirtieron en la segunda cadena radial del país. El 85% o 90% lo consiguieron de forma gratuita. El Estado les otorgó el usufructo perfecto.

Empresarios que se aprovecharon del Estado…

De su tránsito por un gobierno de turno. Un hermano era el vocero del Presidente, y el otro era el responsable de (la aduana) de Santo Tomás de Castilla. El fenómeno del que hablamos hoy sobre el surgimiento del Estado paralelo, la defraudación tributaria, de “La Línea”, siempre ha pasado por los puertos y las aduanas. No sólo les dieron las frecuencias sino también la administración de un centro neurálgico de ingresos tributarios que les permitió recursos para crecer su conglomerado de medios.

¿En qué le afecta a la democracia el hecho de que los medios de comunicación estén concentrados en esas corporaciones que privilegian sus intereses políticos y económicos?

Ayudan a que no tengamos una democracia genuina, vigorosa, porque esos medios forman parte del estatus quo al recibir concesiones perpetuas y gratuitas, además de recibir anuncios, propaganda de las instituciones del Estado.

Sandra Sebastián

¿Recibir pauta del Gobierno los compromete de alguna manera?

Yo lo he escrito muchas veces: en Guatemala cada cuatro años elegimos a un cleptodictador, un Presidente ladrón, que cogobierna con proveedores y contratistas. Estos medios, al recibir publicidad del Estado, se convierten en contratistas del Estado, y por lo tanto son parte de la alianza del Gobierno con las mafias criminales y los poderes establecidos. Al preservar el estatus quo en su agenda noticiosa e informativa, esos medios hacen prevalecer los intereses del régimen de turno, de ese “sindicato criminal” que está a cargo de la administración del poder, y dejan de lado y se olvidan de los estratos pobres de la población del país.

¿Es perversa la forma en que el Gobierno utiliza la pauta publicitaria y propagandística para manejar sus relaciones con la prensa?

El mercado publicitario más grande del país es el Estado y sus instituciones. Se gastan entre Q850 millones y Q950 millones al año, en su mayoría destinados para mantener la buena imagen del gobierno de turno. La evidencia histórica nos muestra que esa plata ha sido un desperdicio porque la mayoría ha salido mal. Los partidos no sobreviven los siguientes cuatro años. Hemos tirado a la basura esa plata. Si vemos el costo de oportunidad entre hacer propaganda para preservar una imagen sin ningún resultado y comprar la voluntad de los medios, es mejor usar ese dinero en medicinas, pupitres, camas de hospital. Hay mil opciones mejores, que tirar la plata del Estado.

En otros países se ha legislado para que la pauta del Estado se distribuya de forma equitativa entre todos los medios…

Por convicción, yo creo que el Estado no debería de publicitarse. Los medios de comunicación estamos obligados a divulgar las acciones del Estado, y el Estado no debería de pagar porque los medios informen de sus acciones.

¿Qué responsabilidad tienen esos medios de comunicación con el asalto que los gobernantes corruptos han hecho al país?

Son cómplices. Cómplices activos, cómplices conscientes.

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¿Incluiría en esa categoría a medios tradicionales como Prensa Libre, el diario considerado como el más influyente del país?

En los últimos 29 años, sin ser periodista profesional, me ha tocado pasar por Siglo XXI y después por El Periódico, y he sido observador y actor de esto. En la complicidad y colaboración que han tenido esos megagrupos, en los ingresos que perciben por publicidad del Estado y en su conducta de contenidos en su agenda noticiosa, la diferencia con Prensa Libre es astral. Prensa Libre es el medio que se ha enfrentado con mayor independencia y por lo tanto es menos vulnerable a boicots públicos y privados. Si Prensa Libre se va por un lado es porque no tiene una estrategia consciente y deliberada del apoyo al poder o de estar contra el poder. Ellos (Prensa Libre) se consideran una institución de prensa, mientras que nosotros hemos sido más militantes, hemos tomado causas, luchas contra la corrupción, contra la impunidad, contra el enriquecimiento ilícito. A ellos (Prensa Libre) no les gusta esas cosas porque tratan de ser más equidistantes, de tomar menos partido y de alguna manera ser independientes a las militancias y a las causas. El Periódico, en cambio, en su momento decidió ir contra el machismo, pelear para que haya una lucha frontal para lograr más ecuanimidad de género. Eso a Prensa Libre, de manera deliberada no le gusta porque siente que es ir en contra de su práctica periodística.

Eso demuestra que están a favor del estatus quo: no hacen nada para que las cosas cambien y para que el sistema se mantenga…

No lo sé. Pero de la poca gente que coopera conmigo es Prensa Libre. Estoy seguro de que el tipo de trabajo que hacemos no les hace felices; sin embargo, no opinan y lo respetan, aunque ellos jamás lo harían. Nosotros tomamos causas y militamos, y ellos piensan que su única causa, su único dogma es su práctica periodística que guarda distancia de todo.

El periodista y el militante

¿Cuáles son las causas en las que milita José Rubén Zamora y El Periódico?

Contra la corrupción, contra la impunidad, contra los abusos. Contra sentirse aplastado, sentirse humillado. Por eso somos más combatimos.

¿Se puede ser periodista y militante a la vez? ¿Es ético librar batallas en las páginas de un diario?

En Estados Unidos (los medios de comunicación) asemejan más sus patrones de conducta (periodística) a los de Prensa Libre. Por eso es que Jorge Ramos es atacado y acusado por los periodistas de allá de ser un militante. En Guatemala uno de sus ejes dominantes es la impunidad, y yo creo que los periodistas no podemos ser equidistantes: tenemos que ser anti-impunidad.

Es decir que el periodista debe tomar partido a favor o en contra de las cosas que considera injustas e incorrectas…

Eso pienso yo, porque nuestra situación es dramática y siniestra. Entiendo que en Estados Unidos, donde hay más equilibrio de poderes, más balances, más contrapesos, el papel de la prensa debe ser examinar la realidad con una visión crítica pero con la misma dosis. Sin embargo, yo creo que aquí debemos ser militantes. Si estuviera en Estados Unidos, sería militante contra la forma en que tratan a los migrantes. Jorge Ramos es militantes pro lo derechos de los migrantes.

Con mirada de periodista-militante, ¿cómo analiza el papel que desempeñó la prensa en la crisis política que afronta Guatemala desde abril pasado?

Hay una evolución muy favorable. Desde que me tocó a mí la bendición de trabajar en medios, he publicado cosas como La Cofradía, de cómo se inició esto en 1982 con el general (Manuel) Callejas, que lo heredó de (el general David) Cancinos, ellos heredaron a (el general Francisco) Ortega Menaldo, este a (el general Roberto) Letona Hora, etcétera. Cuando yo lo decía, en 1990, pensaban que estaba loco, que eran inventos míos, que no era correcto. Ahora hay medios como Plaza Pública que han retomado esos temas; periodistas jóvenes, más preparados, más profesionales, con fuerza, con vigor, con independencia, que hacen esas investigaciones, que profundizan.

¿Cómo interpreta lo que ha ocurrido en Guatemala en los últimos cinco meses?

Esto es algo que no pudo pasar antes porque no había condiciones para demostrar que las cosas que han salido a flote no eran leyendas urbanas ni mitos ni inventos. Ahora se ha demostrado con pruebas documentales, con investigaciones criminales. En 1990 tomó posesión (Jorge) Serrano Elías, y su jefe de Estado Mayor era Ortega Menaldo. A partir de entonces empezamos a denunciar dos temas centrales: la existencia del Grupo Salvavidas, al cual identificamos como un poder paralelo, y una práctica de terrorismo de Estado que culminó con el atroz asesinato de Myrna Mack. Cuando empezamos a publicar los nombres y apellidos de los implicados, la gente no me creía; decían que estaba chiflado. Ahora se ha demostrado con evidencias y pruebas que decíamos la verdad.

¿De qué ha servido esto? ¿Se ha derrotado la inercia de la impunidad o sólo se le ha propinado un golpe?

Creo que sólo se le ha dado un golpe fuerte, pero hay que terminar de dárselo. Hay que fortalecerlo, pero eso depende de la ciudadanía y del buen trabajo que hagan los medios de comunicación. Generalmente los guatemaltecos pensamos más en nuestras diferencias que en nuestras coincidencias, pero creo que es vital que, al menos durante una década, pensemos más en las cosas en las que coincidimos y dejemos de lado las cosas en las que disentimos.

Históricamente eso ha sido imposible, ¿por qué cree que ahora se puede lograr?

Porque hay mucha juventud, y porque vimos que es posible. En el parque vimos a los estudiantes de la Universidad de San Carlos con los de la Universidad Rafael Landívar, con los de la Del Valle y de otros universidades, tomados de la mano, abrazados, con mucha emoción. En el pasado, el mismo poder de siempre se han encargado, cuando avanzamos un poquito, de politizar e ideologizar nuestras batallas, y de que caigamos en nuestras trincheras de siempre. Debemos dejar de lado nuestras ideologías, y preocuparnos por el respeto a los derechos humanos y la subordinación del Estado de Derecho, de cosas que no son de izquierda ni de  derecha, sino de seres humanos dignos. Si logramos eso, después tendremos tiempo para las diferencias. Además tenemos que apoyar institucionalmente a la CICIG (Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala), pero principalmente a Iván Velásquez, un hombre que por venir de un país (Colombia) con semejanzas, similitudes y paralelismos con Guatemala, ha comprendido lo que sucede en el país. También apoyar y comprometerla con nuestro apoyo a la Fiscal General, Thelma Aldana, que aunque fue electa por los partidos tradicionales, por la cleptocracia que tenemos, es evidente de que ella rompió con eso y va adelante con la CICIG y con Velásquez. Estoy convencido también de que el Procurador de los Derechos Humanos (Jorge de León), puede apoyar en este proceso. La prensa independiente, esas tres instituciones y personajes, y lo más importante que es la ciudadanía, lo podrán hacer.

El Periódico y el poder

El primer medio que visitó Alejandro Palmieri, el nuevo Secretario de Comunicación de la Presidencia, al tomar posesión del cargo fue El Periódico, y según dijo, hacerlo era “una prioridad”. ¿Qué significa esa visita? ¿Se puede interpretar como un borrón y cuenta nueva respecto a las relaciones entre el Gobierno y el diario que usted preside?

El Estado de Guatemala ha estado administrado por diferentes grupos, pero todos con vasos comunicantes. Las relaciones con todos ha sido la misma, nunca ha variado para bien o para mal. Quizá este gobierno esté cambiando su mensaje, pero nosotros vamos a seguir igual, en la misma línea de siempre.

¿Qué fue lo que generó la relación tensa y el enfrentamiento permanente que mantuvieron José Rubén Zamora y El Periódico con Otto Pérez Molina y Roxana Baldetti?

La relación con (Jorge) Serrano fue tremenda y muy peligrosa para Siglo XXI y para mí que estaba al frente. Con Ramiro (De León) tuve una amistad personal, pero cuando publicamos que el general (Mario) Enríquez (Ministro de la Defensa de entonces) estaba involucrado, junto con (José Luis) Fernández Ligorría, en la protección de operaciones de narcotráfico, en venderle inteligencia al narco y ayudarlos con estrategia, y que estaban involucrados en las aduanas, un 19 de agosto, el día de mi cumpleaños, me tiraron 30 tiros en la zona 10, enfrente del Hospicio del Tío Juan. (Alfonso) Portillo, que trabajó en Siglo XXI durante cinco años, el día que tomó posesión me cayeron seis demandas criminales, porque publicamos que (Manuel) Maza Castellanos era el tecnócrata de La Cofradía. Después allanaron mi casa, mis hijos tuvieron que irse al exilio, pensamos que nos iban a asesinar a todos; tuve alrededor de 80 demandas penales, y tuvimos personal permanente de la SAT (Superintendencia de Administración Tributaria) en El Periódico. Lo que no hizo Portillo fue forzar un boicot comercial. (Álvaro) Arzú sí lo hizo; puso un grupo de gente del sector privado a persuadir a nuestros anunciantes de que se retiraran. Con (Álvaro) Colom, (su jefe de seguridad, Carlos) Quintanilla, me mandó a dejar tirado a El Tejar (Chimaltenango). Las campañas y estrategias del Estado para desacreditarme comenzaron diciendo que yo era el líder de la guerrilla, y que yo iba del 1 al 5 de cada mes a Tapachula (México), para coordinar la desestabilización del mes. ¡Y yo ni siquiera conozco Tapachula! Luego, cuando le abrí las puertas de las páginas editoriales de Siglo XXI a Mario Payeras y a Miguel Ángel Albizures, confirmaron que yo era el líder de la guerrilla. ¡Son muy tontos! Arzú decía que yo era parte integral de las estructuras del narcotráfico, que era el portavoz y que eso hacíamos en El Periódico. Portillo, en un programa anónimo en la televisión, sacaba que yo era drogadicto y borracho. Mi situación con Pérez Molina no fue peor que con los otros.

Pero en el gobierno de Pérez Molina ha sido en el que más se han hecho públicas y destacado esas diferencias con el poder político…

Lo que pasa es que Pérez Molina y Baldetti desarrollaron una relación muy fuerte con poderes tradicionales del país, que tienen influencia en los anunciantes. De inmediato me quitaron Claro, que eran Q2 millones; Tigo que eran otros Q2 millones; los azucareros que eran Q800 mil… Nosotros vendíamos al año (publicidad por) Q55 millones y bajamos a Q28 millones.

Fue un boicot efectivo…

Tanto que hubo empresas como Claro que no fueron invitadas para participar del boicot, porque seguramente se les olvidó, y ellos mismos fueron a Casa Presidencial a ofrecerse. Y después, en diciembre del año pasado, la gente de Claro quiso poner anuncios en El Periódico, y les dije que no, que ni por un millón de dólares, porque además prestaron su infraestructura tecnológica para botar nuestra página web 14 veces. En uno de esos ataques terminaron con nuestro archivo digital y fotográfico. Y no se trata de rencor, de enojo ni de odio. Es por dignidad que no puedo recibir anuncios de ellos, ni de los azucareros ni de los grandes grupos.

El Gobierno también quitó la pauta del Estado a El Periódico como parte de ese boicot…

Pero eso no fue significativo. El Periódico tenía ingresos anuales de Q55 millones, de los cuales sólo Q1.5 millones provenían del Estado.

Pero según las cifras de Guatecompras entre 2009 a 2011, El Periódico le facturó al Estado cifras anuales de entre Q9 a Q3 millones, y en 2012 bajó a Q1.5 millones…

No. Del Estado sólo teníamos una pauta de Q1.5 millones del IGSS (Instituto Guatemalteco de Seguridad Social), y que fue por decisión de ellos, no porque nosotros hubiéramos ido a vender.

¿Es cierto que Juan de Dios Rodríguez, el expresidente del IGSS, hoy detenido y procesado por actos de corrupción, le pidió a usted que intercediera por él ante la CICIG antes de ser capturado?

Juan de Dios Rodríguez vino a buscarme aquí para entregarse, porque no lograba entrar en comunicación con la CICIG. Un domingo vino a tocar la puerta de mi casa una persona en su nombre, a preguntar si podía venir. “Dígale a José Rubén que me urge hablarle, que tengo una bomba”, dijo. Le pregunté que “para qué me quiere dar una bomba a mí”, y respondió: “Porque quiero salvar mi vida, y sólo entregándole la bomba puedo salvarla”. Le dije que lo podría recibir sólo si había un testigo, y aceptó. Llamé a Gonzalo Marroquín (su primo, director de la revista Crónica). Cuando llegó pidió que le abriera el garaje para entrar con su carro. Nos sorprendimos mucho porque no lo conocíamos. Me dijo: “Hermanito, estoy aquí, me vengo a poner en tus brazos para que me saques cargado de este gran problema”. Le pregunté por qué venía conmigo. “Sos el hombre de más principios, más valores, más convicciones, el único en el que creo”, me respondió. Después de unos minutos fue al baño, y Gonzalo y yo nos quedamos perplejos. Me dice Gonzalo: “No puedo creer que te haya dicho eso a vos, si siempre ha dicho que sos un delincuente”. Al regresar, le pregunté qué era lo que me iba a dar. “Te vengo a entregar la cabeza del Presidente y la Vicepresidenta. A cambio, necesito que la CICIG me ayude con una buena respuesta para mi futuro judicial”. Me ofreció una memoria USB. Al día siguiente nos juntamos en un hotel, siempre con Gonzalo de testigo. Me entregó un documento con información detallada sobre cómo del día 1 al 365, cuánto (dinero) entregaban al Presidente y la Vicepresidenta de lo defraudado en cada una de las aduanas. Según recuerdo, el 57% era para el Presidente y la Vicepresidenta, y el 43% para la estructura. Al día siguiente, fui a dejarle esa información a Iván Velásquez.

Sandra Sebastián

Hay una fuente que asegura que Juan de Dios Rodríguez le entregó una computadora portátil propiedad de Salvador Estuardo González, alías “Eco”, y no una USB.

Sí, la computadora era de “Eco”, pero no me la dejó. Yo sólo me preocupé que me entregara la información importante. Creo que ese era su patrón de conducta (de Rodríguez) porque cuando llegó a la Presidencia del IGSS, lo primero que hizo fue secuestrar la computadora de Luis Reyes Mayen, donde encontró unos vídeos privados, que convirtió en una gran arma en su contra. Hablé con Iván (Velásquez), quien me dijo que ese señor tendría que estar pensando en devolver todos los bienes que tiene indebidamente y que son de los guatemaltecos. Le dije que lo vería al día siguiente, que me daría más información, y que le haría ese planteamiento. A las seis de la mañana (Rodríguez) me empezó a escribir para preguntarme por qué lo estaban capturando, pero yo no sabía nada. Luego recibí otro mensaje (de la CICIG) para que siguiera chateando con él porque ya se había huido, y esa comunicación permitía que lo pudieran rastrear y encontrar.

Por esos días también se reunió con Otto Pérez Molina. ¿En qué contexto se encontró con el expresidente?

Él me buscó.

¿Cuándo? ¿En medio de la crisis de su Gobierno?

Como dos meses antes de su desenlace final. Me localizó un viernes en la noche. Estaba yo cenando en casa de un amigo. Una persona me llamó para preguntarme si podía recibir al Presidente en esa casa. Le pregunté al anfitrión si era posible y me dijo que sí. Al rato llegó el Presidente. Hablamos de siete de la noche a tres de la mañana. “Me hiciste un gran daño”, me reclamó. “Y vos nos tenés en trapos de cucachara; nos acabaste”, le dije yo. “Cuando fui a tu casa me di cuenta de que esto iba a pasar”, me dijo. A principios de su Gobierno (en 2012) almorzamos en mi casa, y en esa oportunidad le dije: “así es nuestro trabajo, lo has visto toda la vida, y más de alguna vez me felicitaste por este trabajo", sobre todo en tiempo de Arzú, cuando lo botó de una manera fea, y en El Periódico se le defendió. También le dije que la gente que había escogido en su Gobierno hacían parecen “babucha” a los Niños Cantores de Viena. “¿Cómo así?”, me preguntó. Le dije: “ya son tres las personas de alto nivel de tu Gobierno que se acercan a entregar tu cabeza para librarse”. (El Presidente) se quedó sorprendido, se puso pálido.

Juan de Dios Rodríguez fue uno de ellos, ¿quiénes fueron los otros dos?

Juan de Dios no me pidió reserva y no vino conmigo como periodista, sino como alguien que se quería entregar, por eso puedo revelar su nombre. Pero las otras personas se acercaron como fuentes para darme información. No me pidieron que hablara con la CICIG, pero me contaron barbaridades. Civiles y militares. A los dos días volvimos a juntarnos (con Pérez Molina). Platicamos sobre su futuro. Le sugerí, con sinceridad, que saliera en la televisión, que aceptara que no supo escoger a su equipo, que no tenía proyecto nacional ni políticas públicas, y que ofreciera devolver todo lo indebido. “Si lo haces —le dije— creo que se puede conseguir un buen arreglo judicial para vos”. Pensando en recio, sin tener mayor conocimiento jurídico, se me ocurrió que podía conseguir unos cinco años de cárcel domiciliar. Creo que eso era factible. En un primer momento le pareció la sugerencia, pero luego sus asesores lo convencieron de que no era una buena idea.

¿Cómo entender esa conversación tan amigable como la cuenta después de casi cuatro largos años de feroces críticas, denuncias y señalamientos?

Amigable, pero yo no estaba transigiendo en nada. Nuestro trabajo es institucional, no es personal. No tenemos amores ni odios. No es por anuncios. El trabajo tiene que ser así.

Muchos analistas han asegurado que El Periódico apoyó, editorial e informativamente, las candidaturas presidenciales de Alfonso Portillo, Óscar Berger y Otto Pérez Molina, ¿es eso cierto?

Jamás. Nuestra posición crítica contra (Vinicio) Cerezo (en 1990), se tradujo en que la gente pensara que íbamos a favor de (Jorge) Serrano o (Jorge) Carpio. Arzú nos acusó de que le hacíamos daño porque apoyábamos a Portillo, y Portillo nos acusó de que queríamos que ganara (Óscar) Berger. Luego decían que íbamos a favor de Pérez Molina cuando perdió y también cuando ganó. Pérez Molina jamás me pidió apoyo y yo jamás se lo ofrecí. Con quien estuve más cerca (de apoyar) en el plano personal, mas no en el profesional, no como El Periódico, fue con Berger. Lo hice ad honorem y fue por la sobrevivencia de la gente de El Periódico. Creo que si el general (José Efraín) Ríos Montt se hubiera elegido, nos matan a todos. Y Berger ni siquiera anuncios nos dio.

¿Es El Periódico un medio de comunicación independiente de los poderes políticos y económicos de Guatemala?

Políticos, sí. Económicos, somos frágiles, y escogemos qué batallas pelear. No tenemos afinidad ni defendemos ningún interés económico, pero no nos podemos pelear con todos al mismo tiempo. Pero en el poco o mucho tiempo de vida que tenga El Periódico, no veremos un anuncio de Claro, aunque tenga que cerrar mañana. O del azúcar o del cemento. No los quiero conmigo.

Eso es enfrentar a los grandes poderes económicos de este país…

No los estoy enfrentando. No estoy en guerra. No les voy a hacer daño. Simplemente no quiero tener ingresos que provengan de ellos.

¿Por qué?

Si fuera un pragmático pervertido, como son los políticos de este país, me hago el loco y recibo anuncios de ellos. Sería muy cómodo hacerlo, pero no podría vivir conmigo mismo.

La ética, el método y "El Peladero"

Hablemos de periodismo, de ética periodística, de método periodístico. ¿Cómo concibe “El Peladero”, la sección dominical de El Periódico, donde se publican informaciones no contrastadas ni verificadas?

El Peladero” tiene como antecedente “Las Cartas de Guicho Cantoral”, una sección similar que publicábamos en Siglo XXI, que manejábamos Carmen Aída Ibarra y yo. Hay mucha información en Guatemala que no se puede documentar; rumores a gritos de cosas que están pasando, pero que no se pueden publicar formalmente porque no se tienen evidencias documentales, pero se sabe que son ciertas. “El Peladero”, como su nombre lo dice, y como fue “Guicho Cantoral” en su momento, son hechos que en un 90% son reales. Tratamos de verificarlas todas. El ideólogo de “El Peladero” no fui yo. Lo hizo y lo manejó durante 14 años Juan Luis Font (exdirector de El Periódico, hoy director de la revista ContraPoder), pienso que lo hizo muy bien, contrastando y confirmando con dos o tres fuentes esas informaciones.

¿Después de la salida de Font de El Periódico, continuaron con la rigurosidad de la verificación y el contraste de la información?

Se hace. Por lo menos consultamos tres fuentes, y cuando encontramos a la persona (aludida) la contrastamos. Pero hay casos, como por ejemplo, Julio Rivera Clavería (recién nombrado Secretario Técnico del Consejo Nacional de Seguridad), a él lo he seguido desde tiempos de Vinicio Cerezo, desde la década de los 80. Sé quién es él, conozco sus vinculaciones con el crimen organizado y las mafias de las estructuras del Ejército. Entonces cuándo me viene alguna información sobre él, ya tengo experiencia. Y aun así, llega con cinismo a El Periódico a decir que todo lo que decimos es mentira, pero no lo es. Me consta lo que publicamos.

La falta de rigurosidad periodística de “El Peladero” le resta credibilidad al trabajo profesional que hacen los periodistas de ese diario y que se ciñen a la metodología periodística…

Seis de cada diez trabajos que publicamos en “El Peladero” se convierten en investigaciones periodísticas rigurosas, por parte del equipo de investigación que tiene El Periódico. El 60% de esas informaciones se convierten en investigaciones, hay otro 20% que estamos segurísimos que son reales, pero no tenemos capacidad de investigar por falta de recursos. Y habrá un 10% en el que metemos la pata, y cuando eso ocurre, con la mayor humidad pedimos excusas y perdón. No tenemos vergüenza en hacerlo.

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La forma en que se maneja la información en “El Peladero”, además de atraer mayores lectores a El Periódico, otorga poder al diario y a quienes lo dirigen. El que tiene información tiene el poder, ¿no?

Si se usa para tener poder, sí. Pero nosotros no tenemos ningún interés en eso. A mí y a El Periódico siempre se acercan todo tipo de personas. Así como llegó a la redacción (Alejandro) Palmieri, (el presidente) Alejandro Maldonado ha tenido la deferencia de llamarme, hemos hablado cinco veces de diferentes temas; él preguntando y yo con todo respeto dando mi punto de vista. (El vicepresidente Juan Alfonso) Fuentes Soria me estuvo buscando la semana pasada;  mañana lo voy a recibir (en mi casa) con amabilidad. El Ministro de la Defensa (Williams Mansilla) también viene mañana.

¿Es ético “El Peladero”?

Tengo consciencia de que puede tener inexactitudes y de que puede cometer errores. Desde el domingo al miércoles estoy vigilando si hay alguna reacción. En varias ocasiones, cuando nos equivocamos hemos pedido disculpas, eso no nos da pena. Pero ahí publicamos el robo de granadas del Ejército en Petén, las cuales fueron vendidas a Los Zetas y al cartel de los Huistas. Ahí denunciamos todos lo que hizo Claudia Méndez Asencio en las aduanas; los desmanes de Roxana Baldetti que hasta se convirtieron en un suplemento que se llamó “Un cuento de hadas sin final feliz”. Se ha contribuido a cosas que valen la pena. Con todo y los riesgos y los errores que me dan vergüenza, pienso que “El Peladero” es importante en un país donde tenemos miedo. Venimos de una guerra intensa de 36 años, donde el que hablaba se moría, donde toda la prensa era contrainsurgente. Ahora nadie se acuerda, pero en 1990 el Ejército no existía en la prensa tradicional, no se le mencionaba, era invisible, impune e inmune, y en Siglo XXI le faltamos el respeto. Hoy en día se ve natural, pero antes no era así, nos podíamos morir. Hasta 1996 se habló de bancos y financieras que quebraban, antes no se podían tocar.

Pero no se cumple con los requisitos básicos del método periodístico…

En los últimos años he visto con frecuencia una tendencia de los medios y los periodistas a querer decir cómo debe ser la práctica periodística pero creo que ignoran que la prensa es un ser vivo. Nadie puede implementar un patrón de periodismo en una sociedad donde hay pensamiento único, verticalista y dictatorial. ¿Quién tiene el paradigma? ¿Quién soy yo para decir cuál es mejor o peor o cómo deben hacerse las cosas? No podemos criticar el quehacer periodístico de ningún medio; yo no tengo autoridad profesional, moral o estética para ello. No puedo decir cómo deben ser ni hacerse las cosas. Hay diferentes discursos y formas; no hay un sólo patrón ni un sólo modelo.

Sandra Sebastián

La información que nutre “El Peladero” proviene de fuentes privilegiadas como la CICIG, la Dirección de Inteligencia Militar, la embajada de los Estados Unidos, ¿cómo se hace para cultivar ese tipo de fuentes?

Son años de trabajo. Hay gente muy institucional que está cerca de poderes malignos, gente decente.

En las escuelas de periodismo, en el primer año, se les enseña a los estudiantes de que “no hay almuerzo gratis”. Es decir, que las fuentes no dan información a cambio de nada. ¿Qué piden sus fuentes a cambio de la información que le proporcionan?

En su mayoría mis fuentes son personas indignadas, con ansiedad, encabronadas, que se siente marginadas, que los han hecho a un lado porque no son parte de los poderes.

Pero también hay gente que tiene intereses espurios, ¿cómo identificar a esas fuentes?

Preguntando. Hay fuentes que no puedo identificar porque las arruino. Pero hay mucha gente que no tiene ideología, que lleva muchos años de manera descuidada (cerca del poder), y con quienes por accidentes de la vida he tenido relación de amistad y cariño. Es gente que se entera de cosas y me las informa. Por ejemplo, el 5 de marzo del año pasado, Juan de Dios Rodríguez planificó mi asesinato. Gente que lo cuidaba y lo escuchó, le pidieron a otros que me informaran.

¿Por qué si Rodríguez planificó su asesinato, usted lo recibió tiempo después en su casa y lo puso en contacto con la CICIG?

Porque lo mío no es personal; es institucional. Mis hijos, mi esposa, mis amigos, todos se molestan, porque hay gente que me ha hecho daño y que de repente me pide cita, y yo la recibo. Por ejemplo, Carlos Quintanilla (exjefe de seguridad de Álvaro Colom) contrató a una banda delincuencial que me secuestró y me fue a tirar a El Tejar. Creo que Colom no lo sabía, pero creo que Sandra (Torres) sí lo sabía. En estos años que ella ha estado fuera del Gobierno ha venido cinco veces a mi casa: viene a las cinco (de la tarde) y se va a las 12 de la noche. Si me vienen a buscar los recibo, me pueden traer una buena información.

Hablando de Sandra Torres, el “El Peladero” del 20 de septiembre parecía una declaración de intenciones de El Periódico en contra de su candidatura presidencial.

Yo no voy por ninguno. Este sistema es perverso y siniestro, creo que debió cambiarse antes de votar. Yo no voy ni por Jimmy (Morales) ni por Sandra.

El Periódico se cuidó de publicar informaciones negativas sobre Manuel Baldizón, ¿Por qué? ¿Tenían tratos, alianzas, negocios?

Jamás. Yo he desafiado a las personas que me han preguntado eso, a que me enseñen dos líneas, desde que nació El Periódico, donde se hable bien de Baldizón, yo agachó la cabeza y pido disculpas (si las enseñan). No tengo ningún arreglo. Ahí están los libros de acciones de El Periódico para que cualquier persona que quiera ver las acciones pueda hacerlo.

En el contexto de la crisis política que atraviesa el país, medios e instituciones locales e internacionales le atribuyen un protagonismo importante como impulsor del despertar ciudadano a partir del trabajo de El Periódico, ¿cómo recibe ese reconocimiento?

Me halaga y emociona que me vean con una estatura que no tengo. Yo soy una persona interesada en el periodismo pero no soy periodista profesional, escribo columnas pero eso no me hace periodista. Yo valoro eso. Las cosas que se destaparon en esta crisis fueron publicadas a principios de los 90, desde que este sindicato criminal llegó al poder, y nunca hubo reconocimiento por ello porque no había ciudadanía desbordada ni había una CICIG que tomara con seriedad nuestras publicaciones, que las investigara hasta convertirlas en casos judiciales. Si no hubiéramos tenido CICIG ni una Fiscal General que se desmarcara de quienes la eligieron, seguirían diciendo que yo soy un loco.

¿Cuál es su relación con los grupos de poder de Guatemala?

Desde siempre he tenido, y no me da pena decirlo, animadversión a los militares. He conocido unos cinco militares en mi vida que me han parecido la excepción a la regla, con quienes he tenido amistad. Con el capital emergente, no tengo muchos conocidos. Del lado del capital tradicional, trabajé en la Shell durante seis años; luego pasé a Cementos (Progreso) donde fui gerente, y eso me llevó a la Cámara de Industria, representé al sector en la Junta Monetaria. Pensaron que yo hacía un buen trabajo y por eso me ayudaron en el proyecto de Siglo XXI. Sin embargo, toleraron mi independencia seis años. El Periódico, de esos capitales no tiene anuncios.

¿Quiénes son sus enemigos?

Yo siempre he dicho que si Baldetti y Pérez me hubieran matado, hubieran estado muy contentos, pero las fiestas donde hubieran celebrado más mi muerte y la de El Periódico no hubiera sido en Casa Presidencial, sino en las casas de gente muy importante del capital tradicional, y en las de los algunos capos.

¿Por qué identifica a muchos de los personajes sobre los que publica informaciones en “El Peladero” con apodos y no por sus nombres?

Para que no me demanden. Al poner apodos me cuido de que no me demanden y eso sólo se puede publicar en “El Peladero”.

En círculos feministas le han señalado de misoginia por el tipo de apodos con el que identifica a las mujeres: la gruesa; la doña, Roxandra…

Las palabras y las definiciones tienen un contexto local. ¿Qué es grueso en Guatemala? Alguien que es tremendo en los negocios. Es algo que tiene doble connotación. Además, mi rentabilidad espiritual es hacer que se retuerza el hígado de los que abusan. Eso me llena de alegría, no lo puedo esconder. Sé que “La Gruesa” se ponía molesta.

¿Teme por su vida por el trabajo que hace en El Periódico?

En 1991 publicamos un suplemento en el que por primera vez se denunciaba la existencia de una oficina donde nació La Cofradía, que estaba ubicada en el edificio del Ministerio de Finanzas. Lo sacamos con nombres y apellidos. Una semana antes de esa publicación, compré un seguro de vida. A partir de entonces empecé a caminar en otra dimensión y un poco irresponsable; todos los días corro ocho kilómetros, solo. Da miedo, claro. Pero tengo tantos enemigos que ya me viene del norte. Todos los días rezo dos Padre Nuestros y dos Aves Marías.

¿El poder le susurra a José Rubén Zamora y José Rubén Zamora le susurra al poder?

Pero no nos susurramos, nos hablamos recio.

¿Qué le augura al periodismo guatemalteco en los próximos años?

Buena salud. Veo gente joven, vibrante, excelente, vigorosa, muy profesional.

¿Y a El Periódico?

El Periódico está muy maltrecho. Estoy haciendo muchos esfuerzos y considerando todas las opciones, incluyendo la posibilidad de venderlo. Me han hablado algunas gentes y lo he considerado para que subsista. Sobre todo porque hay algunos anunciantes que ya no aceptaré, entonces no sé si yo soy viable para seguir al frente. No lograron que lo cerrara; pero al final, si no logro venderlo, preferiría cerrarlo con dignidad, honrando las deudas y compromisos que tenemos.

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