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Integrantes de la Red de Organizaciones Juveniles de Alta Verapaz por la defensa de los Derechos Sexuales y Reproductivos, en una actividad de agosto 2018. ROJAV

El coraje de hablar de condones en la escuela

«Desde el área de salud no se diferencia la sexualidad de las relaciones sexo genitales y tampoco se nombran las partes del cuerpo».
«¿Por qué los jóvenes hablan de sexo a otros jóvenes?... ¡Porque no hay adultos queriendo hablarlo!»
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El coraje de hablar de condones en la escuela

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Muchos padres de familia se han quejado de que se hable sobre la sexualidad, sobre todo en el área rural. «Un día hasta nos iban a machetear en una comunidad por hablar de condones. Tal vez ahorita andaría sin un brazo» ríe levantando la mano Cristian Cal de 18 años, quien junto a varios jóvenes realizan desde varios años procesos de Educación Integral en Sexualidad (EIS) en escuelas de Alta Verapaz.

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Según el último informe del Observatorio en Salud Sexual y Reproductiva (OSAR), Alta Verapaz ocupa el segundo departamento, después de Huehuetenango, con más embarazos en niñas y adolescentes de entre 10 a 19 años. Suman 11,103 embarazos, 30 de ellas menores de 12 años de edad, registrados en este departamento entre enero y diciembre del 2020.

Esto es el equivalente a llenar dos veces y medio la capacidad de aficionados del estadio Juan Ramón Ponce Guay en San Pedro Carchá, Alta Verapaz, municipio con uno de los índices más elevados de embarazos, en donde también han reportado casos de niñas de hasta nueve años gestando producto de una violación, en muchas ocasiones por sus padres biológicos. En contexto de pantemia y a nivel nacional, los embarazon en niñas y adolescentes suman 99,656.

Cristian Cal cuenta que mientras laboró en la Red de Organizaciones Juveniles, en Alta Verapaz, trabajaban en defensa de los derechos sexuales y reproductivos, lo hacían desde 2009 a través de talleres y procesos formativos dirigidos principalmente a jóvenes en 16 municipios del departamento. La única excepción era Cahabón, al que más trabajo les ha costado llegar pues no hay muchas organizaciones con quienes puedan trabajar en conjunto.

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Hablar de educación sexual en el departamento no ha sido nada fácil, «De sexo aquí no se habla por tanto machismo, excepto si es un taller para cocinar, sembrar, etc. pero hablar de estos derechos es prohibido», puntualiza Cal.

A los jóvenes les ha llevado mucho trabajo sumar esfuerzos, según relatan. Han tenido que negociar los espacios con los directores y maestros, a veces en la clandestinidad, esto por la oposición de muchos padres quienes prefieren que este tipo de ayuda e información provengan de entes del Estado antes que de organizaciones no gubernamentales (oenegés). «Hay muchos centros que nos han negado rotundamente la entrada, pero hay otros con los que hemos trabajado muy bien», expresa.

En Alta Verapaz, al menos unas 20 organizaciones trabajan este tema, sin embargo, muchas de estas no tienen verdaderas asesorías, solo aportan sus puntos de vista sin dar seguimiento.

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En las aulas

Cuando llegamos a primaria, dice Cal, «los chicos tienen una gran curiosidad de saber qué es pene, qué es lesbiana, qué es condón, qué es pornografía, qué es sexo oral, y el sistema educativo está muy limitado al responderles, por lo que no se llenan las expectativas de curiosidad. Desde el sector salud se limitan a su agenda y responden desde lo que saben».

Al no satisfacer sus necesidades de información, con los de nivel básico «nos encontramos que ya están aburridos del tema».

«¡Ya nos hablaron de eso!», dicen.

«¡Ya nos dijo el profe!» evaden, pero tampoco abordan los temas del cambio físico en el cuerpo, solo los mandan a investigar las partes del cuerpo «y ahí murió» continúa.

El informe final de la Encuesta de Salud Materno Infantil (ENSMI) 2014-2015, indica que un 8% de mujeres inició su primera relación sexo genital antes de los 15 años, y un 62% antes de los 20 años de edad, mientras que el 19% de hombres tuvieron su primer relación sexo genital antes de los 15 años, y un 78% antes de los 20 años de edad.

En caso de las y los jóvenes indígenas, los datos muestran que hay una tendencia -mayor que entre los no indígenas- a iniciar su vida sexual en el marco de relaciones establecidas, según un compendio de investigaciones sobre educación integral en sexualidad del Ministerio de Educación.

«¡Yo ya recibí un taller con una oenegé!» dicen, pero nunca les enseñaron a quitarse el miedo a la palabra sexo. Aún faltan mejores metodologías para hablarlo en la comunidad, narra Cal.

Edwin Chún de 33 años, maestro en la aldea Canaán, Chisec, Alta Verapaz, comparte sobre su experiencia hablando sobre sexualidad en la comunidad. «Se debe tratar el sexo y la sexualidad pensándonos en que somos seres sexuales, tenemos que aprender a decir bien las cosas. Pene, vagina, sexo, condón, relaciones sexo genitales y sexuales. Cuando nos empoderemos de estas palabras y las llevemos a nuestra vida cotidiana dejaremos de pensar en mitos, prejuicios, o el tan famoso tabú», comenta el profesor.

«Como maestro cae en mis hombros la responsabilidad de instruir y orientar a niños desde los 7 años hasta los 14, todos con su grado de dificultad de enseñanza, pero después de explicarles sobre la fisionomía, fisiología y biología de su cuerpo ponen por añadidura seguir aprendiendo, claro, si es una educación continua y gradada» comenta.

La UNESCO señala que muchos jóvenes reciben información confusa y contradictoria sobre las relaciones y el sexo, a medida que hacen la transición de la niñez a la edad adulta. En cambio, la educación en sexualidad tiene efectos positivos, entre estos está un aumento del conocimiento de los jóvenes y una mejora de su actitud en lo que respecta a la salud, su cuerpo, y los comportamientos sexuales y reproductivos.

«"¡Profe enseñáles un poco que yo no puedo!”, me dicen algunos padres apachándome el ojo», concluye sonriendo.

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Comadronas y educadoras

En el área rural de Alta Verapaz son las comadronas quienes en muchos casos han dado educación sexual desde sus conocimientos, incluyendo consejos a las adolescentes y niñas de sus comunidades que enfrentan un embarazo. «Las patojas algunas veces se embarazan por provenir de hogares con madres solteras que trabajan, y si viene un hombre le hacen caso a la primera, sin tener escuela, sin consejos ni educación», relata Telma Max de 44 años, comadrona comunitaria originaria de Tamahú. 

No es la misma atención que se le da a una niña embarazada, continúa relatando, «se deben tener muchos más cuidados, más charlas, hay que explicarles de dónde sale el bebé para que no se asusten, porque no saben los cambios que van a tener en su cuerpo. ¡Nadie les explica! Por la estrechez de su cuerpecito a veces no se puede atender como parto normal, siempre hay que referirlas al centro de salud, sobre todo cuando son menores de 14 años». Después del parto, relata, también dan acompañamiento, consejos de cómo cuidar al niño, qué alimentos deben comer, cómo vitaminarse y llevar sus controles prenatales.

El compendio de investigaciones sobre Educación Integral en Sexualidad del Ministerio de Educación, sostiene que a nivel mundial una de cada 5 mujeres da a luz antes de cumplir los 18 años.

«A las muchachas que he atendido les digo mejor hay que planificar, que estudien, les damos consejos y orientación. Muchas veces nos toca ser psicólogas en la comunidad, por todo lo que hemos sufrido. Yo empecé a ejercer por la necesidad que vi en mi comunidad, por la falta de conocimiento, educación y el machismo que hay», continúa relatando doña Telma.

Según los últimos datos de la vicepresidencia de Guatemala, en el país «el 33% de los partos son asistidos por 23 mil comadronas», que acompañan y brindan sus servicios en salud materno-neonatal, principalmente en comunidades con mayoría de población indígena.

En 2017 el Congreso de la República aprobó mediante decreto 3-2017 la Ley de Dignificación de Comadronas, la cual ordena al Ministerio de Salud respetar y reconocer el servicio de las comadronas como dadoras de vida en las comunidades, además de otorgarles un incentivo económico de 3 mil quetzales cada año. De igual manera, esta ley declara el 19 de mayo de cada año como el Día Nacional de la Comadrona Guatemalteca.  

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Sin embargo, esta aún no ha sido completamente aprobada, por lo que en el 2020 se solicitó agendar la iniciativa para la aprobación de los artículos faltantes, pues en contexto de pandemia, según el Movimiento Nacional de Abuelas Comadronas –Nim Alaxik–, son estas mujeres en primera línea las que se han visto en la necesidad de atender más allá de su misión, exponiendo aún más sus vidas como guardianas de esta.

Por más de cinco años este movimiento luchó porque los ministros y viceministros atendieran sus necesidades sin haberlo conseguido, según indican las abuelas, es producto de la discriminación y racismo históricos. Es hasta el 26 de enero de 2021 que finalmente lograron la implementación de la Política Nacional de Comadronas de los Cuatro Pueblos, a través de su Plan de Acción 2021-2025.

Doña Telma recuerda el día que acompañó a una mujer a poner una denuncia «y ahí me dijeron que con qué derecho ejercía, que cuál era mi estudio. Me querían negar el acompañamiento. Me criminalizaron», concluye.

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Barreras institucionales, sociales y culturales

En 2018 Guatemala fue calificada como el país con la sanidad más deficiente de Latinoamérica, según un estudio de eficacia publicado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

En cuanto al Ministerio de Salud, relata Cal, «a nivel departamental hay más o menos una buena comunicación para coordinar los procesos, más en lo municipal no hay acuerdos, no se quieren fusionar esfuerzos con otras organizaciones».

En los Centros de Salud existen los llamados «espacios amigables», encargados de orientar a los jóvenes y capacitar sobre el tema, especialmente sobre métodos de anticoncepción. Sin embargo, el personal encargado no está especializado ni sensibilizado en el tema como se debiera. «Para pedir un condón te piden que llenes un formulario y que vengas en un mes a escuchar "la charla"» agrega.

El compendio de investigaciones del Ministerio de Educación también señala que más de 200 millones de mujeres en países en desarrollo desean prevenir el embarazo, pero carecen de acceso a una anticoncepción efectiva. Según estos datos, en Guatemala un 30% de mujeres en edad fértil manifestaron su deseo de no tener más hijos.

«Desde el área de salud no se diferencia la sexualidad de las relaciones sexo genitales y tampoco se nombran las partes del cuerpo. Obligatoriamente cada centro de salud debiera tener por lo menos tres talleres de formación al año… De sexualidad aquí no se habla mucho». Agrega que desde el punto de vista religioso, la iglesia solo comparte los métodos de anticoncepción si es desde la abstinencia. «Si hablas de pene en la calle con los niños es como si hablaras del diablo», además sugieren el ayuno solo por pensar en sexo, añade Cal.

En el marco de la Conferencia Mundial de VIH/Sida llevada a cabo en México en el 2008, 33 países de Latinoamérica, entre ellos Guatemala, firmaron la declaración «Prevenir con Educación» de la Unesco, que tiene como objetivo reducir el virus y los embarazos desde el fortalecimiento de estrategias intersectoriales y de la educación integral en sexualidad.

Rocío Meza, coordinadora de la unidad de comunicación en la Dirección Departamental de Educación de Alta Verapaz, cuenta que hasta 2018 crearon una mesa técnica biministerial «prevenir con educación» en coordinación con el Ministerio de Salud para trabajar de manera integral.

Sobre el abordaje del tema de embarazos en niñas que van a la escuela, Meza comenta que por el momento están dando la instrucción a los directores, catedráticos y demás personal para que, lejos de marginar a las niñas como antes hacían antes (decían que eran un mal ejemplo), deben de apoyarlas y acogerlas ya que la escuela las protege para que no sigan siendo vulneradas y puedan convencer a los padres de que continúen asistiendo a sus clases.

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Según el estudio «Lo que nadie ve, escucha ni habla» realizado por la Red de Jóvenes para la Incidencia Política (Incide joven), en Guatemala fueron principalmente mujeres médicas y biólogas las que se atrevieron a hablar del tema a finales de los años 60, impulsando la educación sexual formal desde la Universidad Del Valle de Guatemala (UVG), programa que se fusionaría con otras oenegés de la región. Esta alianza permitió más tarde la creación de la hoy extinta Asociación Guatemalteca de Educación Sexual (AGES). Fueron los primeros pasos en la impartición de la EIS dentro de las aulas, crearon una guía curricular que contendría un apartado sobre la sexualidad humana.

Hacia 1986, AGES se expandía a seis departamentos del país, siendo Alta Verapaz uno de los principales. Para ese entonces trabajaron solo con escuelas privadas y otras instituciones pues, según el mismo informe, el Ministerio de Educación les negó el acceso. De acuerdo al estudio, también sufrieron persecución política por parte del entonces Ministro de Salud, que prohibió un folleto educativo sobre la prevención de VIH en hombres homosexuales.

Sesenta años después de estos primeros pasos, y luego de la implementación del marco jurídico que obliga al Estado a garantizar este Derecho Humano, hoy Guatemala está entre los países que ostentan las tasas más altas de embarazos en adolescentes a nivel mundial (solo superado por África), según un informe del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA).

Alta Verapaz, además de los índices ya señalados, también atraviesa por una preocupante creciente de enfermedades de transmisión sexual, que de acuerdo a la Unidad de Atención Integral del Hospital Regional de Cobán, de 2015 a 2018 el número de casos atendidos por SIDA se elevó abruptamente de 17 a 384 casos positivos, en los cuales un alto porcentaje de casos son jóvenes menores de 29 años, tomando en cuenta que la población en Alta Verapaz es mayoritariamente indígena y joven.

El Informe GAM (Guatemala Monitoreo Global del Sida, 2018) en Guatemala estima que hay 47,036 personas con VIH. Sin embargo, los casos de VIH y VIH avanzado acumulados y notificados al sistema de vigilancia epidemiológica del año 1984 al 2018 son 36,949; de las cuales hay 29,580 personas vivas y que conocen su estado serológico.

«Los padres se han enojado mucho cuando abordamos el tema de la comunidad LGTBI y diversidad, nos dicen que vamos a volver “gays” a sus hijos». Cuentan los jóvenes de la organización.

«¿Por qué los jóvenes hablan de sexo a otros jóvenes?», se pregunta Raúl. «¡No hay adultos queriendo hablarlo! ¡Y tampoco nos dejan hacerlo!» se responde como conclusión, mientras hace un ademám que realza su gesto de disgusto ante la paradójica situación.

De acuerdo con información del citado estudio «AGES se dedicó a trabajar con jóvenes porque la experiencia del trabajo con maestros y padres les dejó pocos resultados de cambio, ya que para lograr cambios en el comportamiento de las personas se hace necesaria una educación que empodere desde los primeros años». Fue así como instauraron que serían los jóvenes los principales protagonistas de la lucha por el derecho a la Educación Sexual Integral, delegándose de esta manera la responsabilidad de los adultos a informar y educar en todos los ámbitos sociales posibles.

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