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El campeón de San Cristóbal

Los 50 kilómetros marcha eran lo suyo, dijo el guatemalteco. Su entrenador lo repitió, desde Londres el jueves pasado.
Entre los atletas de élite se dice que los jueces de marcha ponen especial empeño en los mejores en competencia.
Una familia se dirige al parque de San Cristóbal para ver a Barrondo.
Muchos no durmieron en San Cristóbal para ver al deportista.
Los asistentes gritaban cuando las cámaras enfocaban a su héroe.
Un niño ve la pantalla gigante instalada en el parque de San Cristóbal.
Seguidores de Barrondo observan la competencia.
Niños apoyan a Barrondo.
Don José compró varios metros de cuetes para celebrar al atleta.
Vecinos de la aldea encendieron veladoras.
El altar de la familia Barrondo.
Los cuadros con fotos de Barrondo.
La madre de Barrondo, amigos y otros familiares ven la prueba en la televisión nueva.
El lodo del exterior entró a la casa nueva.
El sueño vencía a los presentes.
Barrondo antes de ser expulsado de la competencia.
Los nervios se apoderaron de la familia Barrondo.
Hubo quienes rezaron para que Barrondo no fuera expulsado.
Familiares y amigos atentos a la prueba.
Momento en que descalifican a Barrondo
Aplausos para el atleta.
La hermana pequeña de Barrondo no aguantó el llanto.
El padre de Barrondo celebra los logros de su hijo.
El padre de Barrondo arregla el altar.
Los cuetes ya estaban listos.
Amigos y familiares queman los cuetes.
Niños tocan en la entrada de la casa de su campeón.
El bus que llega a San Cristóbal.
El bus que llega la aldea Chiyuk.
En la entrada de San Cristóbal le dan la bienvenida a Barrondo.
Playeras, cintas y gorras con el nombre de Barrondo siguen en venta.
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El campeón de San Cristóbal

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Erick Barrondo quedó descalificado de los 50 kilómetros marcha en los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Bernabé Barrondo dijo que su hijo no había perdido, que ahora tenían su casa amueblada.

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Aquella pantalla separaba dos realidades. En una, eran las tres de la madrugada y miles de personas estaban reunidas en el parque central de San Cristóbal Verapaz. Eran mujeres con ponchos sobre sus faldas, hombres con sombreros y jóvenes con ganas de fiesta. Todos permanecían con la mirada atenta a las imágenes proyectadas, como si la competencia de los 50 kilómetros marcha de los Juegos Olímpicos fuera un cine de verano.

El protagonista de la función era Erick Barrondo, marchista originario de este municipio de Alta Verapaz, que empezó a entrenar cuando tenía 14 años utilizando zapatillas de hule y los tenis de su madre. ¿Cuál era la dieta para su entrenamiento? “Comida de pobres”, contó su padre, “frijoles y hierbas”.

Un grupo de adolescentes hacía sonar sus tambores y trompetas cada vez que Erick aparecía en la pantalla. Los niños se subían a las sillas y gritaban el nombre del guatemalteco al tiempo que alzaban las banderas de Guatemala. Varias mujeres agitaban globos, esperando, quizá, que este apoyo llegara hasta la otra realidad: hasta los jardines de Green Park y Palacio Buckingham, en Londres.

Eran las 11 de la mañana y el sol pegaba sobre la cabeza de los atletas. Un joven de 21 años con un crucifijo de plata colgando de su cuello avanzaba con sus estrechos brazos. Erick Bernabé Barrondo marchaba al lado de Daniel Quiyuch, ante la mirada incisiva de los jueces de la competencia más larga y con mayor exigencia del atletismo.

“Este es Londres y es Londres, no sabemos que vaya a pasar”, dijo Barrondo días antes sobre la posibilidad de ganar la medalla de oro en los 50 kilómetros marcha. Las palabras del atleta estaban en sintonía con lo que pensaba su entrenador, Rigoberto Medina. El jueves pasado, “Maca”, como es conocido en el mundo del atletismo mundial, fue franco: “Espero que mejore mucho su marca, aunque aquí no importan las marcas. Lo que importa es un buen lugar y si es una medalla, más todavía”. Pero la estrategia de “Maca” no era presionar por ganar el metal en ningún momento: “No atacaremos. ¡Para nada! Nos mantendremos a la expectativa de lo que hagan los demás”, aseguró.

Mantenerse a la expectativa implicaba quedarse dentro del pelotón. Y Barrondo y Quiyuch lo hicieron durante los primeros 25 kilómetros de la competencia, que cerraron a 1:49:22 horas, apenas a un segundo del entonces líder, el ruso Sergey Bakulin. Junto a los marchadores nacionales estaban Sergey Kirdyapkin, de Rusia, y Jared Tallent, de Australia; y cinco segundos atrás, Tianfeng Si, de China.

 “Quita del trono a los poderosos y dáselo a un humilde”, indicaba una pancarta echa a mano y colocada a un lado de la iglesia de San Cristóbal, con fotografías de Barrondo pegadas. “Gracias por hacer grande a “la pupila del cielo”, San Cristóbal Verapaz, y por traernos tan magna presea a nuestro país Guatemala”, se podía leer en otra manta colocada por el Club de Hípica del municipio.

Hay quien dice que si es una competición para sufridores, seguro que Guatemala tiene las de ganar. Erick afirmó en declaraciones a la cadena internacional ESPN que “alguien tiene que hacer el trabajo sucio”. Los 50 kilómetros, indicó, son lo suyo, las miradas de los corredores, el desmayo de cansancio, otra evidencia del esfuerzo de la competición.

Para la competencia de los 20 kilómetros, Medina diseñó una estrategia para neutralizar el hecho de competir solo contra atletas que lo hacían en equipo, como los chinos, australianos y rusos, favoritos en el evento. En esa competencia, los planes eran quedarse en el pelotón de punta hasta los15 kilómetros sin explotar el potencial de Barrondo, después atacarían. Mientras tanto, él se acercaría a su entrenador en cada vuelta para recibir instrucciones y apoyo moral. “Pero llegó solo con dos personas más y decidimos cuidar la medalla, sin importar el color… aunque estoy convencido que podíamos haber ganado el oro”, relata el entrenador.

Para esta competencia, la estrategia era diferente. Este sábado se trabajaría en equipo, con Daniel Quiyuch acompañando al verapacense, así como venían compitiendo en toda la temporada. Quiyuch mantuvo el paso de Barrondo durante toda la competencia. Cuando pasaron los 25 kilómetros, el pelotón en punta era un grupo cerrado de ocho. Los dos guatemaltecos compartían cartel con tres rusos, dos australianos –incluyendo a Tallent, plata en los 50 kilómetros de Beijing 2008 y séptimo en los 20 kilómetros del sábado pasado- y un francés al frente. Ambos acumulaban dos faltas.

Cuando casi cumplían los 30 kilómetros, el pelotón aceleró sobre una recta y un juez sacó su paleta roja. Según su apreciación, Quiyuch había doblado la rodilla al dar un paso. Se puso frente él. El andarín ese llevó las manos al pelo y negó con la cabeza haber cometido la falta. Igual, estaba descalificado. Segundos atrás, los comentaristas de TerraTV decían que el guatemalteco tenía que tener cuidado con su braceo y su desplazamiento porque los jueces podían amonestarlo. De las advertencias de la televisión no se enteraría Quiyuch. Él lloraba por el carril central mientras un auxiliar lo llevaba fuera del circuito. Barrondo quedó solo.

“No es justo, no es justo”, afirmaba una mujer de cabello negro, sentada frente a la pantalla del edificio municipal de San Cristóbal Verapaz. Las lágrimas de Daniel dejaron perplejo al auditorio nocturno, que durante unos segundos enmudeció ante la pantalla.

A dos kilómetros de distancia, en la aldea Chiyuc, Wendy García rezaba inclinada sobre sus brazos. La posible eliminación de Barrondo, tras su segunda falta, planeaba como un avión que nadie quería ver llegar, y la madre del atleta pedía a Dios en silencio que intercediera por su hijo. Junto a sus otros cuatro hermanos y su padre, Bernabé Barrondo, varios vecinos siguieron la carrera desde el televisor que Erick les obsequió con el dinero conseguido tras su oro en los juegos Panamericanos.

Los 50 kilómetros marcha eran lo suyo, dijo el guatemalteco. Su entrenador lo repitió, desde Londres el jueves pasado. Entre los atletas de élite se dice que los jueces de marcha ponen especial empeño en los mejores en competencia. Ahí, un pequeño error en la técnica se paga caro. Con tres, quedas fuera. Así, llegar como favoritos es una contra más en uno de los eventos más técnicos del atletismo. Barrondo, aún sin la medalla de plata que ganó en los 20 kilómetros, estaba en ese listado. “A Erick ya lo conocen, ya saben que tienen una de las mejores marcas del mundo de la prueba en este año”, dijo Medina. Su marca de 3:44.59 horas los dejaba séptimo entre el top 10 de competidores.

Aquel sábado, el sábado de la medalla de plata, Barrondo terminó la carrera con dos amonestaciones, ambas por flotar, por no tener un pie siempre en el suelo al momento de dar un paso durante la competencia. “A pesar de las dos amonestaciones, sabía que si marchaba cautelosamente no me iban a sacar la tercera. Confiaba mucho en el aspecto técnico, confiaba mucho en mi técnica”, dijo en una entrevista a TerraTV, tres días después de quedar segundo.

Un altarcito con la virgen de Guadalupe, lleno de velas y recortes prensa enmarcados descansaban sobre el antiguo hogar de los Barrondo. Una casita de unos 10 metros cuadrados, construida con unas tablas de madera y unas láminas, donde los seis miembros de esta familia se amontonaban antes de que Erick se convirtiera en un triunfador. En la parte de atrás corretean unos pollitos que seguro servían para alimentar a esta familia antes del triunfo.

Ahora, su anterior casa está conectada a una nueva casa construida con blocks y cemento, obsequio de los diputados Marvin Orellana (UCN) y Delia Back (Lider) y Felipe Cal Lem (PP), quien también ofreció a Bernabé Barrondo un trabajo mejor, según contó éste a varios vecinos. Muebles todavía embalados y cinco bicicletas nuevas acompañaban a una tercera televisión, también un regalo para el héroe.

Este sábado, según los jueces, al marchista guatemalteco le falló su técnica. Las cosas eran diferentes. En los 20 kilómetros, la medalla estaba asegurada. Eran tres atletas en lid, sólo había que cuidar el paso. En esta competencia, no. Barrondo era sexto. El pelotón se había desintegrado. Kirdyapkin, un oficial de policía y veterano marchista ruso con el mejor tiempo de la temporada (3:38:08 horas), iba al frente a casi un 1:30 minutos de diferencia. El resto de puestos ya estaban decididos: Tallent era segundo; el chino Si, mantenía el tercero.

Erick Barrondo marchaba en la recta frente al monumento de la Reina Victoria, a un lado del palacio de Bukingham, cuando en las pantallas anunciaron que ya tenía tres faltas. El reloj marcaba 3:05:23 horas, faltaban menos de 10 kilómetros para terminar la competencia. Pasarían 40 segundos más para que una jueza le saliera al paso, le mostrarán la tercera paleta roja por flotar. Barrondo se llevó la mano derecha al rostro; después, puso ambas manos en su cintura, tragó grueso y respiró hondo. Todo había terminado en Londres 2012.

Bernabé Barrondo dijo que su hijo no había perdido, que ahora tenían su casa amueblada, mientras agradecía constantemente ante los medios a las personas que realizaron todos los obsequios. Aseguró que no pasa nada porque su hijo se hubiera desclasificado. “Diosito sabe que alguna de las personas que ganará ahora tiene la necesidad”, afirmó.

Sus hermanas, sin embargo, no pudieron contener las lágrimas y a pesar de que los minutos tras la desclasificación siguieran su curso, su madre no podía pensar en otra cosa que en “la bruja de la jueza”. “Ojalá las lágrimas que derramó mi hijo se conviertan en sangre que caiga sobre la espalda de esa bruja rusa”. “Es discriminación”, aseguraron todos en diferentes intervenciones. “La primera amonestación sí la merecía, pero mi hermano no estaba flotando”, indicó su hermano Uriel, de 19 años.

Todo había terminado cuando varios niños llegaron a las puertas de la casa de Barrondo, haciendo sonar sus tambores y platillo. Las personas que acompañaron a la familia durante la carrera salían de la casa, más o menos cabizbajas, cuando un niño comenzó a gritar: “La casa del triunfador, la casa del triunfador”. 

 

Nota de edición: Se corrigió la palabra "hierbas", que por error había sido publicada con "v". Gracias a los lectores que llamaron la atención sobre el detalle.

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