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Cuatro candidatos y una elección a “la hondureña”

“Por las calles de Tegucigalpa se ven pintas de ‘Izquierda comunista al poder, Izquierda socialista al poder. LIBRE’, pero ellas están muy alejada de los simples deseos de tener un partido que se mueva más desde el centro hacia la izquierda.”
“Diferentes analistas prevén que el PN tiene un techo de 50 de 128 diputados. Las previsiones más halagadoras para LIBRE apuntan a que obtendrán 40 diputados, convirtiéndose en el partido de oposición más fuerte. De nuevo la negociación y el ‘acuerdismo’ entrarán en juego.”
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Cuatro candidatos y una elección a “la hondureña”

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Honduras elegirá presidente este domingo y, por primera vez en 120 años, se perfila que el país vecino romperá con el bipartidismo en el que liberales y nacionales se ha intercalado el Ejecutivo. En un empate técnico en las encuestas, Xiomara Castro, del partido Libre, y Juan Orlando Hernández, del Nacional, lideran la contienda electoral por gobernar un Estado prácticamente quebrado.

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El segundo país más pobre del continente y el más violento del mundo vivirá este 24 de noviembre elecciones generales, pero los ojos están puestos solo en las presidenciales. Sobre Xiomara Castro, esposa del expresidente Manuel Zelaya, derrocado por un golpe de Estado en junio de 2009, y sobre el presidente del Congreso y candidato del oficialista Partido Nacional (PN), Juan Orlando Hernández.

Ahí se cuela el locutor deportivo y presentador de televisión Salvador Nasralla, abanderando la lucha contra la corrupción, quien le ha robado votos a los partidos tradicionales. Y Mauricio Villeda, el candidato del Partido Liberal (PL), que podrá pasar la historia por obtener el peor resultado de su agrupación en toda su historia.

Así, la elección del domingo cierra un proceso electoral sui generis en Honduras: Nueve partidos en contienda, cuatro candidatos que se proclaman desde ya victoriosos, un posible récord en participación de votantes que supere el 75% y una nueva configuración del mapa político en el Congreso Nacional, desde donde prácticamente se ha gobernado en el último año.

La respuesta dependerá los resultados de este domingo y de las eventuales alianzas que desde hace dos semanas se vienen pactando para asegurar la gobernabilidad del país. Mientras, con un 31% de electores que afirman no saber por qué candidato votarán, los cuatro presidenciables con mejores números en las encuestas siguen asegurando que ganarán las elecciones.

El triunfalismo de Libre

Xiomara Castro no aparece desde el cierre de campaña. Solo una vez se le vio en la semana previa a las elecciones, durante una reunión con el Tribunal Supremo Electoral (TSE).

“Nuestra candidata se encuentra haciendo visitas en Olancho”, explica Enrique Reyna, uno de los tres designados presidenciales del partido –algo así como vicepresidentes–, en una conferencia de prensa convocada a última hora este viernes al medio día. La prensa llegó buscando a Xiomara o a Zelaya, pero la conferencia era para acusar al magistrado presidente del TSE, David Matamoros Batson, de estar parcializado y de que sus decisiones, como la de solicitar a los medios de comunicación que no publiquen resultados antes que lo haga la institución, corresponden a su apoyo incondicional a Hernández. “Estos intentos de manipular el proceso son para complicar que el pueblo acuda masivamente a votar, pero será tan contundente la victoria de Xiomara que acallará cualquier cosa”, dice Reyna.

¿Contundente victoria? El triunfalismo en Libre es grande. La ventaja en las encuestas alimento ese sentimiento desde inicio del año. El partido logró lo que nadie creía posible en Honduras: colarse como uno de los dos primeros puestos del bipartidismo imperfecto que funciona en el país desde la década de los 80 y desplazar al PL, el antiguo partido de Zelaya. “No solamente las encuestas nos mantienen en el primer puesto, hemos logrado entrar en el corazón de los hondureños y las hondureñas en cada rincón de nuestro país”, dijo Xiomara a finales de mayo. Entonces, la candidata tenía el 28% de intención de voto, siete puntos arriba de Nasralla, candidato del Partido Anticorrupción (PAC), y 10 sobre Hernández. “La gente ha mostrado que quiere un cambio social”, dijo en septiembre.

Ese 28% representaba 1.2 millones de votantes, superando con creces los 563,162 electores que se presentaron a sus primaras. Y ese resultado ya representaba algo inédito. Así lo dijeron Esdras Amado López y Mauricio Ramos, subcoordinador del partido y secretario de Finanzas, respectivamente. “Nadie esperaba que Libre lograran llegar a ese nivel a menos de dos años, ni que la candidata tuviera una aceptación tan alta en las encuestas”, reconfirma Víctor Meza, del equipo que coordinó la negociación de Zelaya tras el golpe.

En las conferencias de Libre se destaca cómo la candidata se mantiene en el primer puesto por más de un año y que las encuestas en las que no aparecía como tal eran porque estaban pagadas por el PN. Pero, por lo menos públicamente, no aceptan que los números muestran que Castro ya no creció en intención de voto, que se estancó, que nunca superó el 30%.

¿Dejó de ser atractiva la gran propuesta de un nuevo pacto social y la constituyente? Según ellos, no. Según expertos electorales hondureños, la campaña no debió de gravitar alrededor de una “idea” que estará amarrada a los resultados en próximo Legislativo y a los vaivenes de la política hondureña más que en ellos mismos.

Aun así, Xiomara no aparece. Durante la campaña ha dado entrevistas contadas. ¿Está tranquila? No sé sabe. Aseguró que lo estaba y que no guardaba rencores en la única entrevista que dio antes de las elecciones, al periódico El Mundo, de España.

¿Una izquierda light o un partido de Mel?

“Estamos listos en los barrios para defender el voto”, dice Elia Urbina. Trabaja con Libre. Antes, en la resistencia al golpe de Estado, marchó en las calles los días después de la salida de Zelaya a Costa Rica, y respiró gases lacrimógenos frente a la embajada de Brasil a su regreso. En sus palabras, ella no es correligionaria o simpatizante, ella es activista. Y como ella, la gente está lista. ¿Qué significa ese estar listos? “La estrategia de defensa no se puede andar contando sino no fuera una estrategia, pero créame cuando le digo que la gente está lista. Este es el momento que la gente estaba esperado porque ya nos cansamos de los políticos tradicionales. Es el momento de la izquierda, del pueblo”, afirma. El PN, el partido de Juan Orlando Hernández y del presidente Porfirio Lobo, representa la derecha más extrema de honduras; “los cachurecos” se hacen llamar.

Por las calles de Tegucigalpa se ven pintas de “Izquierda comunista al poder, Izquierda socialista al poder. LIBRE”, pero ellas están muy alejada de los simples deseos de tener un partido que se mueva más desde el centro hacia la izquierda. Tradicionalmente, las expresiones de la izquierda electoral no han sido atractivas para el electorado hondureño, captando poco menos del 4% de los votos válidos en las últimas tres elecciones. Y en Honduras, no fue la izquierda quien capitalizó las movilizaciones de gente que se gestaron tras el golpe.

“El movimiento de resistencia nació como algo tan espontáneo de la gente que, cuando se creó el Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP), la organización recayó en aquellos que tenían mayor experiencia en ello, los sindicatos, y no en la izquierda, porque ésta casi ni existía”, reconoce un miembro del Frente. Y cuando se conformó Libre, la izquierda tampoco ganó el control del partido.

Sí la opción de Libre era ser una propuesta de izquierda, propios y extraños concluyen que el candidato a la presidencia tenía que ser Carlos Humberto Reyes Pineda, líder del Sindicato de trabajadores de la industria de la bebida y similares (STIBYS), viejo luchador de las reivindicaciones sociales y económicas de la clase trabajadora hondureña desde mediados de los años 50 y quien corrió como independiente en las elecciones de 2009, hasta que renunció para “no apoyar unas elecciones ilegítimas”. Con estudios de economía en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH) y en la Universidad Estatal Lomonosov, Moscú, es un sindicalista incómodo para el empresariado hondureño pero respetado por su capacidad de diálogo.

Pero la candidatura de Reyes se vio bloqueada dentro de LIBRE y, durante las primarias de noviembre de 2012, los cuatro grupos internos que participaron llevaron una sola candidatura, la de Xiomara Castro. Era la candidata de Zelaya, aunque él al inicio no estaba muy complacido con la idea. Junto a su elección, el control del partido quedó en sus manos, como coordinador general y cantidato al Congreso, y su círculo más cercano es de miembros del Partido Liberal que lo siguieron después del golpe de Estado de 2009.

La izquierda, o por lo menos parte de ella, obtuvo algunas victorias: la nominación de Juan Barahona, un sindicalista que no tiene al apoyo de todos los trabajadores como uno de los tres designados presidenciales, equivalente a la figura de vicepresidente en otros países latinoamericanos; y las candidaturas de Rafael Alegría, coordinador del Frente de Resistencia y representante del sector campesino, y de Gilberto “el Grillo” Ríos, miembro de la Organización Popular Los Necios, de tendencia socialista. Pero la mayoría es gente de Zelaya, gente que viene del Liberal.

Zelaya incluso ha sumado apoyos del sector privado. Nombró a Juliette Handal Hawit, empresaria del sector farmacéutico, como una de las tres designadas presidenciales. Por el otro, recibió un espaldarazo indirecto la semana pasada de Adolfo Facussé, uno de los empresarios más poderosos de Honduras y que apoyó el golpe de Estado en 2009, quien dijo a los periodistas: “Libre tiene algo que me atrae mucho, la promesa del cambio. El país definitivamente tiene que cambiar”.

Según la organización de Libre, Facussé no es de los empresarios que apoyan al partido desde su inicio, que no lo hace ahora y que lo único que ha hecho fue una declaración pública. “Hay otros empresarios responsables que desde un inicio creyeron en la necesidad de un nuevo pacto social, en un cambio de Honduras. Otros se han sumado después”, dijo Ramos, secretario de Finanzas del partido. ¿Ese apoyo empresarial es a Mel o al partido? “Es un apoyo al proyecto de país que significa Libre”, aseguró.

Esa última es la preocupación de muchos: ¿Un voto para Xiomara no significa un voto para el regreso de Zelaya al poder? “Eso sería creer en especulaciones: Dijeron que Mel se quería reelegir en 2009 y le dieron un golpe de Estado por lo que creían. Hoy son las mismas especulaciones. Ella es la candidata a la presidencia; él, a una diputación por Olancho”, dice Reyna. Pero en la práctica ha sido difícil que ella demuestre que será quien mande realmente.

Ya se habla que Zelaya coordina la negociación con algunos sectores, incluyendo al de Yani Rosenthal Hidalgo, candidato a una diputación en el departamento atlántico de Cortés por el Liberal y que perdió las primarias de su partido. Así, en una eventual victoria de Libre, Mel jugará el papel de negociador frente a los partidos Nacional y Liberal, que tienen una tradición de acuerdos de cien años –de hecho, ambos apoyaron el golpe de Estado–. En las proyecciones más halagadoras, Libre obtendrá 40 de los 128 diputados, eso sí todo el mundo vota por la lista de candidatos propuestos. “Son diputados insuficientes para poder pasar leyes y hacer cambios en el Congreso. Entonces, se tendrá que negociar con el Nacional, con Hernández”, dice Miguel Cálix, analista político hondureño.

Hernández, el gran “cachureco”

Juan Orlando Hernández sonríe. Frente a él más de 25 periodistas internacionales se arremolinan buscando una última declaración, como si la conferencia de prensa que acaba de dar no los dejó satisfechos. En muchas de sus respuestas, más que responder parecía estar en un enfrentamiento. Y aunque salió librado del ejercicio, no contestó de dónde sacaría el dinero para cumplir con sus promesas de campaña toda vez que el gobierno tiene un déficit para este año de US$1,156 millones (Q9,250 millones) –no tiene para mandar a hacer placas de carro o pasó penas para comprar guantes en los hospitales o pistolas para los policías–, ni cuánto había costado su campaña ni si tenía controles para evitar que el crimen organizado se infiltrara en su financiamiento. El Congreso, bajo la presidencia de Hernández, ha impedido que se apruebe una ley que pide Estados Unidos para extraditar narcotraficantes. Esto en el país en el que se presume que pasa el 40 por ciento de la cocaína suramericana rumbo al Norte.

Hernández no es una persona acostumbrada a los cuestionamientos. La prensa hondureña se lo hace fácil. A él no se le pregunta. De él, la prensa espera declaraciones. Y siempre las da. Es un político con poder en Honduras, presidente del Congreso Nacional, del que tiene permiso mientras dure la campaña para ausentarse desde junio pasado, y como candidato nacionalista, siguiendo la tradición hondureña de tomar protagonismo, tuvo la posibilidad de presentar nombres para la elección de magistrados del TSE y la Corte Suprema de Justicia (CSJ). Sólo a manera de ejemplo, el presidente del Tribunal, Matamoros Batson, fue una de las personas que coordinaba las protestas nacionalistas cuando los desórdenes poselectorales en 2005. Y como candidato del partido gobierno, también tiene a su lado a las instituciones públicas y sus recursos.

Es la segunda vez en dos semanas que se reúne con los periodistas extranjeros. Esta vez, los ha citado para mostrarles el músculo del PN: un sistema informático que permitirá tener su propio conteo de votos en tiempo casi real; una base de datos con 1.8 millones de nombres, direcciones y teléfonos de lo que llamó simpatizantes; un call center que permitirá conocer si los “cachuerecos” ya fueron a votar y si cumplieron con la misión que el candidato encomendó al cierre de la campaña: convencer, cada uno, a cinco personas de votar por los nacionalistas. “El Nacional es una máquina de ganar votos”, ha dicho.

Antes del cierre de campaña, Hernández dijo a sus seguidores que ganaría las elecciones con más de tres millones de votos. Eran cálculos para azuzar a las bases nacionales, para que los cachurecos aplaudieran. Y aplaudieron mucho aunque el dato fuera irreal, toda vez que tal cantidad representaría tener el 69% del electorado a su favor. Y no es así. Sus encuestas privadas, mostradas este jueves, fuera del período que le permite la ley electoral hondureña, le dan 35% de intención de votos: 1.5 millones de electores en un padrón de 4.3 millones.

En cifras, ese 35% representaría que el Nacional tendrá un crecimiento electoral del 25% con respecto a los resultados de las elecciones de 2009 –en las que no hubo observación electoral internacional en protesta por el golpe de Estado–, cuando ganó la presidencia Porfirio Lobo. Si las previsiones de los nacionalistas aciertan, obtendría 374,556 votos más que los registrados en las primarias de noviembre de 2012 y sobre las cuales los perdedores acusaron a Hernández de fraude. Aun así, el equipo de Hernández se muestra confiado de la victoria cuando las encuestas públicas los situaban en un empate técnico con Xiomara Castro.

La confianza radica en la campaña que realizaron, contraria a la de Libre, sí tuvo propuestas concretas: el respaldo a la policía militar, una iniciativa de Hernández impulsó desde la presidencia del Congreso; la creación de nuevos puestos de trabajo para jóvenes; y las ayudas condicionadas a los sectores más pobres del país, que rondan dos terceras partes de la población. Según sus asesores, bajo esos tres ejes -seguridad, trabajo y pobreza- la gente vio propuestas reales y atractivas que permitieron ganar más adeptos en el transcurso de la campaña. Otras estrategias, como la tarjeta de descuento e comercios y ventas de comida, la famosa “Tarjeta Cachureca”, solo fueron complementarias.

Desde afuera, analistas políticos ven una campaña que se posibilitó con recursos del Estado. Las propuestas de la policía militar y el bono 10,000, por ejemplo, ya se llevan a cabo. Están enfocadas en atraer al elector duro de su partido aprovechando la fragmentación del voto de la oposición con siete contendientes más. “Con una elección donde no hay segunda vuelta, donde se puede ganar por un solo voto, asegurar su base fue algo muy importante”, dice Cálix.

Paradójicamente, para asegurar lo segundo, Hernández mantuvo en su discurso una distancia con el gobierno de Lobo Sosa, un gobierno que se vendió como de “unidad” tras el golpe de Estado de 2009 y que acogió políticos de diferentes partidos. Y parece que la estrategia de separarse de Lobo le dio resultado: En enero estaba en cuarto lugar en las encuestas, detrás de Villeda y Nasralla. Al cierre oficial del período de encuestas, estaba primero o segundo, dependiendo de quién pagaba a los encuestadores. No importa, ahora él ya se ve como el próximo presidente y asegura que ganará con un margen de al menos 10%.

¿Una victoria nacionalista?

Dos escenarios se prevén de ganar Hernández. El primero apunta a mantener el status quo del bipartidismo hondureño, con una alianza entre el Nacional y el Liberal en el Congreso. Según Cálix, analista político, esto se podría dar si pesa más la conciencia de clase que las diferencias entre ambos partidos y tomando en cuenta que en la actualidad el PL es manejado por el ala más tradicional, más de derecha. A ello se sumaría la Democracia Cristiana (DC), que desde hace años ha servido de gran negociador y bisagra política. En todo caso, esto dependerá de cuántos diputados logren los liberales y democristianos, que están cuartos y quintos en la intención de voto en los últimos seis meses.

El segundo escenario es menos probable: Una negociación del Nacional con Libre, de Hernández con Zelaya. Asumiendo que Mel quiere tener poder real en la política hondureña necesitaría hacerse del único coto que le permite las Constitución: la presidencia del Congreso. Esa una moneda de cambio fuerte en nombre de conseguir una posible gobernabilidad. ¿Querrá ceder Hernández tal poder al presidente derrocado? En la actualidad, con 71 diputados en el Legislativo, el candidato nacionalista prácticamente gobernó el país tomando decisiones que le tocaban al Ejecutivo. La creación de la policía militar, por decreto del Congreso, fue una muestra de ello.

Para estas elecciones, diferentes analistas prevén que el PN tiene un techo de 50 de los 128 diputados. Las previsiones más halagadoras para Libre apuntan a que obtendrá 40, convirtiéndose en el partido de oposición más fuerte si ganara el PN. De nuevo la negociación y ‘el acuerdismo’ entrarán en juego. Hernández ya demostró que tiene capacidad de negociación y logró aprobaciones de proyectos que hoy le sirven en su campaña con 105 votos a favor, incluso con el concurso de los cinco diputados disidentes del Liberal y que ahora están bajo la bandera de LIBRE. En este punto solo cabe una observación: lo hizo en un año electoral en el que los favores de campaña también tienen su peso a la hora de votar.

En todo caso, de haber una negociación está se están llevando a cabo desde hace un par de semanas, concuerdan diferentes políticos consultados. “Aquí todo se negocia. Aquí, todos los partidos ya están negociando”, recuerda Edmundo Orellana, exministro de Zelaya y abogado constitucionalista. “La diferencia ahora la marcarán los pequeños, encabezados por Nasralla, que pueden cambiar la configuración completa del Congreso”, afirma Cálix.

El outsider y el católico fervoroso

“¡Nos clasificamos al mundial!”, gritó el locutor y tomó aire de nuevo. “¡Nos clasificamos al mundial y vamos a acabar con la corrupción!”, gritó un segundo después. Era la noche del 15 de octubre y Salvador Nasralla estaba en el campo del Independence Park, en Kingston, Jamaica, donde Honduras se clasificó por tercera vez una Copa Mundial de fútbol. Esa noche, a pesar de la prohibición que le hiciera el TSE, el candidato presidencial y locutor deportivo, volvió a la carga e hizo propaganda electoral.

Cuatro días antes, en el encuentro contra Costa Rica en la capital hondureña, Nasralla dio una vuelta con la bandera del Partido Anticorrupción (PAC) en la cancha de fútbol. Se lo había prohibido sus jefes, la familia Ferrari, una de las familias empresariales más fuertes de Honduras, pero no desaprovechó la oportunidad. Lo miraba todo el país y desde las gradas le aplaudieron a granel.

Nasralla es de los que mira de frente a los ojos, da un fuerte apretón de manos y muestra una sonrisa amplia al momento de saludar. Es el único que contesta su teléfono y pacta sus entrevistas personalmente. Llegó a la política de rebote y las encuestas le daban entre 10% y el 21% de la intención de los votantes, la mayoría de ellos jóvenes, clase media y urbana. Pero él asegura que quien votará por él es mucha más gente, que no está reflejado en las encuestas porque ellos no pagaron por ninguna de ellas.

Su propuesta es sencilla: Lucha contra la corrupción. Asegura que acabando con la corrupción y la impunidad, el Estado se puede ahorrar cerca de US$3 millones anuales, que serán invertidos en obras de beneficio para la población. Pero además ha mostrado otra forma de hacer política, llevando a las candidaturas de delegados presidenciales y diputaciones a personas ajenas a la política hondureña. Ofrece un gobierno de tecnócratas. “De gente preparada en diferente ámbitos académicos, que saben de política, pero no han participado en ella porque saben que los políticos de este país es gente corrupta”, dice.

Y el discurso le ha servido, robándole votos a todos los partidos por igual, por lo menos en las encuestas. El principal afectado de su incursión ha sido el PL, que podría caer a una cuarta posición en la elección de este domingo por primera vez en su historia. El mérito no es únicamente de Nasralla y del PAC, también es culpa de los Liberales por tener un candidato que ha sido poco atractivo para los electores.

Mauricio Villeda Bermúdez es abogado especialista en derecho mercantil con estudios de maestría en bioética, en la Universidad de Istmo de Guatemala, del Opus Dei, y con reputación de ser una persona proba, intachable. Hijo del expresidente Ramón Villeda Morales, derrocado en 1963 por un golpe militar, ganó las primarias del Liberal representando al sector más de derecha de su partido. Su campaña ha sido simple, abogando por el regreso de la ética y los valores morales y religiosos –simpatiza con la visión católica del Opus Dei-, se desgató atacando al Nacional y Libre. Al primero, por ser el partido oficialista. Al segundo, por representar a políticos que ya hicieron gobierno que llevaron al país a la crisis actual.

“Muchos dicen que no sonrío”, decía en uno de sus spots comerciales demostrando que a la falta de un discurso sumaba una falta de carisma electoral. Su campaña no ganó muchos adeptos. El 15% máximo de intención de los electores que obtuvo en todas las encuestas hasta finales de septiembre le daba un techo de 651,000 votos, apenas 30,000 más de los que obtuvo su partido en las primarias de noviembre de 2012.

Salvo una sorpresa, el papel del PAC y el Liberal jugarán en el futuro político de Honduras será en la elección por diputados, arrastrados por las presidenciales. ¿Cuántos diputados pueden obtener? ¿Jugarán a ser la bisagra de las mayorías legislativas o tendrán posiciones individuales? ¿Sus votos realmente romperán con el bipartidismo del país? Imposible adelantarlo. Todo se sabrá el próximo lunes, cuando el TSE dé a conocer los resultados oficiales de los comicios hondureños.

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