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¿Con bolsa o sin bolsa?

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Tipo de Nota: 
Opinión
16 09 15

Read time: 3 mins

Pensar en Bolsa Solidaria, Bolsa Segura y ayuda social a los pobres les da pánico a muchos libertarios, sobre todo cuando esta es entendida como una obligación del Estado. La idea de que tenemos que enseñar a pescar y no entregar el pescado servido prevalece en la mente de muchos guatemaltecos que hoy están pensando en quién votar en la segunda vuelta.

No quiero dejar de atender el tema de la transparencia, la rendición de cuentas y la calidad del gasto público, pues cualquier proyecto del Gobierno debería descansar sobre estos tres pilares. Y como ciudadanos tenemos la obligación y el derecho de velar por que el dinero que le damos al Gobierno a través de impuestos sea utilizado con el mejor cuidado posible. Sin embargo, para muchos, el tema de si el Gobierno debe atender o no a la población más vulnerable es un dilema.

El argumento más común es que lo más importante no es la desigualdad o la pobreza, sino la riqueza y la inversión. Enrique Ghersi, un pensador libertario contemporáneo, considera que la pobreza es la condición natural del hombre y que esta no forma parte de la civilización, sino al contrario: la riqueza es el resultado de procesos de industrialización de alimentos, de la introducción de derechos humanos, del comercio, etc. El hecho de que hoy podamos dedicarnos a leer una columna de opinión o a escribirla es gracias al desarrollo, pues de lo contrario estaríamos en los campos sembrando nuestros alimentos para subsistir. Es por eso que, desde una perspectiva libertaria, la pobreza no es causada, mientras que la riqueza sí tiene causas y en estas debemos concentrarnos para no perderlas y regresar a la condición natural de la pobreza.

Y puede que no valga la pena discutir las razones de la pobreza, pero creo que todos podemos estar de acuerdo en que un niño que se encuentra en desnutrición aguda no va a poder acceder al desarrollo, al comercio o a la riqueza a la velocidad que quisiéramos. Más bien, este niño está condenado a la muerte o a la pobreza. Creo que para muchos está claro que, gracias a la industrialización de los alimentos, hoy más personas tienen acceso a más comida, pero también que, para muchos niños en nuestro país, esta realidad es lejana. Los datos son claros: somos uno de los países más desnutridos del mundo.

La concepción libertaria de la libertad es la ausencia de obstáculos creados por el Gobierno o por el ser humano al esfuerzo individual. Los libertarios no conciben la libertad como el derecho a exigirle al Estado provisión ilimitada de beneficios particulares. Pero, como lo explica Hayek: «No excluye la posibilidad de acciones colectivas donde estas parecen necesarias, o al menos efectivas para asegurar algunos servicios, pero las considera como un asunto de conveniencia…»[1]. Si una de las formas de acceder al desarrollo es la educación, estemos seguros de que con los niveles de desnutrición aguda y crónica en el país no vamos a ningún lado. El subsidio del Estado en el caso particular de los niños con desnutrición crónica y aguda en el país es, a mi parecer, una acción colectiva necesaria y conveniente en este momento.

Vivir con menos de un dólar diario no es una realidad de mi país que me haga sentir cómoda. Es una realidad que nos afecta en la búsqueda de la riqueza de forma individual. En este país, la mano de obra calificada es difícil de conseguir. Y esto no debería ser sorpresa para nadie que analice los datos en términos de desnutrición. Sin alimento, la creciente población joven en este país no es un elemento positivo, sino una carga para aquellos que sí lo tuvimos.

Por eso, cuando analice su voto, cuando piense en qué políticas públicas ofrecen sus candidatos, no se cierre a la posibilidad de que una bolsa bien manejada, con veeduría social y control ciudadano, sea de gran ayuda para generar más riqueza en el país.

 


[1] Hayek, Friedrich. Liberalismo. Pág. 135. Disponible aquí.

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