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Competir con la miseria

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    • Sandra Sebastián
      Los sueldos del hambre

      Bajar el sueldo mínimo en un corredor geográfico estratégico para atraer la inversión industrial. Empresarios que calcularán beneficios sobre sueldos de Q1,500, en vez del mínimo de Q2,400. Familias que hoy no cuentan con empleos formales y que podrán acceder a uno que les costee la mitad de la canasta básica. ¿Quién gana y quién pierde? ¿Quién se beneficia en último término? ¿Cuál es el papel del Estado?

      Competir con la miseria

      A finales de 2014 el Presidente de Guatemala, Otto Pérez Molina, aprobó la iniciativa de fijar un salario mínimo mensual de Q1,500 en cuatro municipios del país. Un proyecto que, se dijo en un inicio, surgió de los alcaldes de estos cuatro municipios. Sin embargo, tras recorrer estos lugares se estableció que, en realidad, el proyecto nació del Ejecutivo, como un sustituto de las leyes de privilegios fiscales, y que además estos pueblos están contemplados como Zonas Especiales de Desarrollo Económico e incluidos en la Alianza por la Prosperidad, un plan más abarcador.  

      El Rancho, San Agustín Acasaguastlán, El Progreso. Un aserradero perdido en mitad de la llanura árida. A pesar de que son las tres de la tarde, el alcalde de este municipio, José Manuel Marroquín Hichos, no ha llegado a la municipalidad y prefiere dar cita en su negocio de tarimas para la bananera Dole. Desciende de un picop, antecedido por un hombre armado, y nos conduce a su oficina.

      Con tono reposado y gestos calmos, el jefe edil de San Agustín, electo hace tres años por el partido GANA, explica los motivos por los que, junto a los alcaldes de Gustatoya (El Progreso), Masagua (Escuintla) y Estanzuela (Zacapa), decidió implementar un salario mínimo diferenciado en su municipio. Comienza hablando de la carestía de trabajo y la necesidad de empleo formal. Argumenta que la vida es más barata en el campo, que los jornales de café en la montaña se pagan a Q35 y las empleadas del hogar trabajan por menos de Q1,200. Retrata, con fundamentos empíricos, las condiciones que se repiten en todo el país.

      Según información del Instituto Nacional de Estadística (INE) de 2014, de los 6,168,470 habitantes clasificados como población económicamente activa (PEA, de 15 años en adelante), sólo un 30.7% trabaja con empleos formales. El resto, un 69.3%, está en la informalidad: trabajando por su cuenta o empleados por horas, por días, por meses; con retribuciones inferiores a los salarios mínimos establecido por ley y sin las prestaciones que exige el Estado. La tasa de informalidad en el área rural asciende al 85%. Sólo un 2.9% (180,295 personas). El ingreso laboral mensual de los guatemaltecos en las zonas urbanas es de Q2,083, y en el campo de Q1,345. 

      Ante la necesidad que vio en su municipio, Marroquín asegura que acudió a los Ministerios de Trabajo y Economía para barajar cuáles eran las posibilidades de atraer empleo a su jurisdicción. “¿A quién se le ocurrió esta salida?” Se le pregunta al alcalde. “Esa solución se les ocurrió a todos los Cocodes (Consejos Comunitarios de Desarrollo). Llegamos a la conclusión de que nosotros no somos competitivos”, dice Marroquín.

      Un día después, el parque acuático de Guastatoya parece un capítulo de la serie de televisión norteamericana Los Simpson, donde un forastero aparece para vender el monorraíl a los habitantes de Springfield. Aquí son decenas de representantes de los COCODES de las 16 aldeas de Guastatoya, hombres con sombrero y aspecto humilde, mujeres con niños en brazos, que esperan a que inicie el evento sentados en sillas con el nombre del alcalde pintado de naranja.

      Presiden la actividad el ministro de Trabajo, Carlos Contreras; el de Economía, Sergio de la Torre; el Director de Ordenamiento Territorial de Segeplan, Carlos Barillas, y el alcalde, Saúl Beltetón, en su segundo periodo municipal del Partido Patriota (PP).

      Representantes del Ejecutivo y alcalde inician el espectáculo. Entre chistes e intercambio de halagos, proyectan una presentación donde se ve una gran zona industrial: la Guastatoya del futuro. Hablan de 5 mil, y llegan a mencionar hasta de 50 mil empleos nuevos, de millones de quetzales en infraestructura, de bulevares, de ciclovías, de árboles, de retomar el uso del tren.

      ¿Qué opinan los asistentes sobre la oferta? Les parece muy bien, responden a Plaza Pública miembros de los COCODES en el transcurso de la actividad. Definitivamente, en Guastatoya no hay trabajo y lo estéril del campo impide cultivos que contribuyan a su economía. ¿Y recibir Q1.500 mensuales?, ¿qué le parece? “Ay Dios… no alcanza. Y más una que tiene niños estudiando. Como mínimo Q1.800”, responde Delmi Roxana Picón, vocal I de COCODE de la aldea Callejón.

      Al terminar el evento, a la sombra de un árbol, Saúl Beltetón responde también de forma sosegada. Las decenas de personas que llegan cada día a solicitarle empleo, le llevaron, ya en 2008, a hablar con Vestex (Asociación de la Industria de Vestuario y Textiles), para sondear la posibilidad de invertir en el municipio, aunque en ese momento no logró ningún acuerdo.

      “Pero en esta campaña (2011) me hago amigo de Sergio de la Torre y Carlos Contreras y, casualmente, llegan a ocupar un ministerio. Ahí les empiezo a trasladar la inquietud. Entonces dicen ‘mira vos, fíjate que la verdad acá por el salario mínimo que hay, no van a venir a invertir las empresas’”, explica Beltetón.

      La génesis de la iniciativa: versión oficial

      Según la versión oficial, ofrecida tanto por los alcaldes como por los ministros de Economía y Trabajo, este proyecto partió de los Consejos Municipales de Desarrollo (COMUDES) de estos cuatro municipios que, en enero de 2014, solicitaron la cartera de Trabajo la creación de una circunscripción económica diferenciada. Este término, utilizado en el Código de Trabajo, se refiere a una delimitación geográfica donde pueden aplicarse diferentes normas salariales, de acuerdo a condiciones homogéneas de producción y comercialización.

      Hasta ahora, en Guatemala no existían tales circunscripciones y el salario mínimo sólo se diferenciaba por el tipo de actividad productiva: sectores agrícola, no agrícola, y de maquilas y exportación. Con el establecimiento de una circunscripción económica en cada municipio, estos obtuvieron la autonomía para formar su propia comisión paritaria —según dicta el Código de Trabajo— y, a través de un estudio económico, definir un nuevo salario mínimo.

      En agosto de 2014, elevaron sus propuestas de salarios diferenciados ante la Comisión Nacional de Empleo. En Masagua y Estanzuela lo fijaron en Q1.250, en Guastatoya en Q1.230, y en San Agustín Acasaguastlán en Q950. Finalmente, en diciembre de 2014, el presidente Otto Pérez Molina aprobó los acuerdos gubernativos (del 470 al 474-2014) donde establecía los salarios mínimos de Q1.250 mensuales para esos cuatro municipios, a lo que se sumaría una bonificación mensual de Q250, para sumar los Q1.500.

      Plaza Pública solicitó a las cuatro municipalidades los estudios económicos en los que se basaron para establecer sus salarios mínimos. En ninguna de las cuatro fue entregado. En el caso de San Agustín Acasaguastlán, Elías Hernández, representante de los trabajadores, explicó que para realizar su estudio, efectuaron un sondeo bastante sencillo: preguntaron a trabajadores del mercado y otras tiendas en el casco urbano y a trabajadores de cortes de café y caña en siete de las 23 aldeas. En Guastatoya, según informó el representante de los patrones locales, Omar Aguilar, la muestra para establecer el salario mínimo se hizo a 30 personas distribuidas en la zona urbana y tres aldeas más. En Estanzuela y Masagua, por su parte, entregaron estudios económicos donde no figuraba ninguna estadística de salarios. “Ahí sí dijo el Ministro, ‘hagan el estudio de cuánto gana la gente de bajos recursos en su lugar’”, explicó el alcalde de San Agustín.

      —¿Por qué fueron ustedes cuatro? —se le pregunta a Saúl Beltetón, alcalde de Guastatoya, para saber por qué fueron estos municipios y otros de los 334 restantes con que cuenta el país, los que lanzaron la propuesta.

      —Porque nosotros tuvimos el valor político de meternos. Porque ésta es un arma de doble filo, yo le propuse al alcalde de San Agustín, “ahí voy, alcalde” me dijo. El ministro de Economía le dijo al de Estanzuela, “yo le entro”, le dice. El ministro de Trabajo a la de Masagua: “yo le entro, yo quiero el bienestar para mi pueblo”, dijo ella —da los detalles Beltetón. 

      Las ZEDES: de la mano de Fundesa y Joe Biden

      Sin embargo, según un informe otorgado por error en la municipalidad de Estanzuela se pudo comprobar que la iniciativa de crear un salario diferenciado en estos cuatro municipios no era sólo una cuestión de “valor político” ni una casualidad.

      En este documento, titulado “Propuesta de una política salarial integral”, se dice que tres de estos cuatro municipios —Estanzuela, Masagua y San Agustín Acasaguastlán — están contemplados como Zonas Especiales de Desarrollo Económico (ZEDEs). Las seis propuestas de ZEDEs, según el documento, serían San Agustín Acasaguastlán, Masagua, Estanzuela (Zacapa), Morales (Izabal), Nahualá (Sololá) y Ayutla (Tecún Umán, San Marcos).

      Las ZEDEs son una iniciativa incluida en los Proyectos de Aceleración del Crecimiento Económico de Fundesa, presentados a finales de 2012 en el Encuentro Nacional de Empresarios (ENADE) y promovidas, desde el Ejecutivo por el comisionado Presidencial para la Competitividad, Juan Carlos Paiz. Éstas tienen como ejemplo más cercano a las Regiones Especiales de Desarrollo (RED), conocidas como ciudades “modelo”, e implementadas en Honduras hace dos años, cuyo concepto parte de las “charter cities” que funcionan en China (Hong Kong, Macao) o algunas ciudades de Estados Unidos y otros países del mundo, y que consisten en regiones que se rigen bajo sus propias reglas, una especie de zonas francas con autonomía jurídica y fiscal.

      Estas zonas especiales están también contempladas en los lineamentos de la Alianza para la Prosperidad, el tema central de la reciente visita a Guatemala del Vicepresidente de los Estados Unidos, Joe Biden. En un extracto de los “Lineamientos del Plan de la Alianza para la Prosperidad del Triángulo Norte. Documento oficial. Septiembre de 2014”, se define como uno de sus objetivos: “facilitar el comercio de manera más integral y si se concentran y focalizan estas inversiones y acciones en zonas y regiones que puedan convertirse en futuros centros dinamizadores de desarrollo”.

      La Universidad Francisco Marroquín también cuenta, desde septiembre de 2011, con un centro de estudios sobre esta temática, que comenzó denominándose Free Cities Institute y actualmente recibe el nombre de Startup Cities Institute (SCI). Sin embargo, el director de este instituto, el economista Zacarías Cáceres, explicó que el proyecto que promueve la UFM, aunque quizá recoja “un poco el espíritu de la idea” es “lo opuesto” a las ciudades modelo de Honduras.

      “La idea de las ZEDEs es un mega proyects, algo que necesita una cantidad de dinero gigante y, por eso, trae mucho riesgo políticamente, socialmente, ambientalmente y financieramente. Nosotros estamos enfocados en municipalidades que ya existen y empoderarlas. No tenemos relación con las ZEDEs, porque el proceso no es claro, quizá es corrupto en Honduras; y genera riesgo”, explicó Cáceres, quien agregó que no había ninguna relación entre el instituto que él dirige y el Gobierno o Fundesa.

      Preguntado sobre los vínculos entre la iniciativa de salarios mínimos diferenciados y las ZEDEs, el ministro de Economía, Sergio de la Torre, respondió que “por supuesto” ambos proyectos están vinculados. “Cuando empezamos a hablar de las ZEDEs —en presentaciones en la Asociación Nacional de Municipalidades (ANAM)— se empezaron a acercar los municipios al Ministerio de Economía y al Programa Nacional de Competitividad. Empezamos a ver posibilidades, entre ellas el salario diferenciado, para ver cómo podían entrar en diferentes decisiones”, explicó.

      De la Torre agregó que estos cuatro pueblos fueron los seleccionados por un factor netamente geográfico, debido a que se encuentran dentro de un corredor logístico. “Desde Puerto Quetzal hasta Puerto Barrios nosotros lo tenemos contemplado como un corredor donde se puede y debe desarrollar la manufactura ligera”, explicó y agregó que a través de estos dos puertos se puede acceder al ala este y el ala oeste de los Estados Unidos.

      Además, confirmó que estos municipios se encuentran, priorizados dentro de la Alianza por la Prosperidad: “Hemos incluido en la Alianza para Prosperidad toda una inversión para llegar al 100% de cobertura en primaria y seguir creciendo la cobertura de secundaria en todo el corredor logístico, con fondos para mejorar el capital humano en estos cuatro municipios”, agregó de la Torre. 

      Cerrar la maquila y trasladarse, permitido a los tres años

      En Estanzuela, la maquila Textiles Panamericanos, con apoyo de INTECAP, ya se encuentra realizando una capacitación en una bodega prestada por la alcaldía. Medio centenar de mujeres están sentadas frente a máquinas de coser, con retazos de una tela de rayas de colores que transforman en faldas.

      Enrique Cifuentes, supervisor de Textiles Panamericanos, explica que están dando una capacitación para tener a gente preparada y, “si se llega a un acuerdo traer la maquila para acá”. Se le pregunta: “¿Trasladar?”, a lo que responde que no: “Abrir una sucursal más acá”. Según información del Registro Mercantil, esta maquila abrió en 1998 y se encuentra ubicada en la zona 8 de Mixco, sus socios son dos coreanos: Moon Joo Kim y Seung Ro Ahn Chae. Enrique Cifuentes, informó que Textiles Panamericanos vende sus tejidos a las marcas de ropa Abercrombie, Hollister y Mother.

      La versión oficial es que esta nueva iniciativa no permite cerrar ninguna maquila y sólo está abierta a nuevas inversiones. Pero, en realidad, en el artículo 8 de los Acuerdos Gubernativos sólo mencionan que las empresas con operaciones industriales en Guatemala que decidan acogerse a este nuevo convenio deberán presentar una declaración jurada de que mantendrán el mismo número de empleos existentes y con personal contratado “por lo menos, si el mercado mantiene las condiciones que se lo permitan, durante los siguientes tres años a partir de la autorización de apertura de sus nuevas operaciones”.

      —¿Si los Acuerdos quedan en firme y una maquila de Amatitlán abre una nueva planta en Guastatoya en 2016, en 2019 ya podría cerrar su planta de Amatitlán? —se le pregunta al ministro de Trabajo, Carlos Contreras.

      —Sí, pero no hay que ver solo el lado negativo, —responde el funcionario.

      De hecho, a pesar del discurso de que esta nueva iniciativa estaría abierta a empresas tecnológicas de manufactura ligera como, por ejemplo, la fabricación de teléfonos celulares, Blanca Alfaro, alcaldesa de Masagua, explicó que las únicas empresas interesadas hasta el momento son las maquilas de ropa. Alfaro agregó que, de hecho, las maquiladoras ya rechazaron instalarse en su municipio debido al hollín de la zafra.

      En este sentido, tanto el alcalde de San Agustín Acasaguastlán como el de Guastatoya revelaron que 15 días después de que el presidente Otto Pérez Molina anunciara la entrada en vigencia de los salarios diferenciados, 16 empresarios coreanos llegaron los cuatro municipios para inspeccionar las condiciones de infraestructura. Según el alcalde de San Agustín Acasaguastlán, el ministro de Economía ha sido el enlace con Vestex: “La conexión de ellos (los coreanos) está hecha por el ministro de Economía y Vestex. Ellos han hecho los contactos para que se vengan acá”.

      Según los antecedentes, Sergio de la Torre no es sólo el enlace entre Ministerio de Economía, municipalidades y empresas. Como informó el reportaje “Los que parte y reparten” publicado por Plaza Pública en julio de 2014, el Ministro es fundador y accionista de la empresa Accesorios Textiles S.A. la cual produce etiquetas para Abercrombie & Fitch y Hollister. En ese reportaje, se indica que el funcionario sería así uno de los principales beneficiados de la Ley de Inversión y Empleo, una política para mantener los privilegios fiscales a las industrias bajo el régimen de maquilas, que aún no ha sido aprobada en el Congreso.

      Sergio de la Torre fue preguntado sobre este vínculo y explicó que su empresa Accesorios Textiles S.A. no es una maquila y, si bien estuvo adscrita al régimen de maquilas, hace tiempo que perdió los beneficios fiscales. Cuestionado sobre la posible relación entre Accesorios Textiles y la maquila que ya se encuentra capacitando en Masagua respondió que “no existe ninguna relación, estoy 100% seguro que no”. Preguntado por el hecho de que ambas empresas textiles vendan productos a Abercrombie & Fitch y Hollister respondió que Textiles Panamericanos, a diferencia de lo afirmado por el capacitador en Estanzuela, no vendía a estas marcas. 

      Zonas diferenciadas para sustituir a la ley de maquilas

      El ministro de Trabajo, Carlos Contreras, reconoció que, si bien la respuesta formal es que la iniciativa había partido de los COCODES, “siendo transparente” ésta salió tanto de su cartera como de la de Economía, las que desde mayo-junio de 2012 buscaron el apoyo de alcaldes que secundaran su iniciativa.

      Como uno de los argumentos para promover este proyecto, el Ministro recordó que la Ley de Fomento para actividad exportadora y de Maquila (decreto 20-89), expira a finales de 2015 y como no se han logrado los consensos en el Congreso para aprobar la Ley de Inversión y Empleo, que aún sigue en discusión, era necesario impulsar algún incentivo a la inversión.

      Antonio Malouf, directivo de la Asociación de la Industria de Vestuario y Textiles (VESTEX) y gerente general de Tejidos Corporativos, dijo que, en efecto, la industria textil se encuentra a expensas de algún tipo de beneficio fiscal para continuar en el país. “Otros países centroamericanos tienen acuerdos similares, y queremos uno para no perder la competitividad ante la inversión extranjera de maquilas, que si quieren empacan y se van”, indicó Malouf. Añadió que la industria textil contempla “mucho beneficio” en el Acuerdo Ministerial sobre salarios diferenciados. “Ya tenemos tres fábricas que, luego de todos los tours con interesados potenciales, están a punto de instalarse en Guatemala. Lo que queremos es, en el peor de los casos, salvar esta industria”, sostuvo.

      Competencia espuria: a costa del hambre o el “peor es nada”

      La forma de atraer inversión a Guatemala, en este caso, consistiría en la autonomía para decidir el salario mínimo bajándolo, reducir costos de producción y así tener la certeza jurídica para que manufactureras instaladas en el país puedan competir en los mercados internacionales.

      Wilson Romero, economista del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales (IDIES) de la Universidad Rafael Landívar, define esta práctica como “competencia espuria”, la cual divide en tres tipos: manipular el tipo de cambio, bajar salarios y otorgar privilegios fiscales. “En los países con alta competitividad, aunque los salarios sean más altos, el trabajo produce más, por lo que logran bajar los costos salariales. Pero en Guatemala no tengo ni la tecnología ni las condiciones y, si quiero mantener esta misma tasa de ganancia, debo subir el precio de mi producto (pero no puedo porque hay un referente internacional), o bajar los costos de la mano de obra o de los impuestos”, explica.

      Pero la iniciativa de los salarios diferenciados, según explica Wilson Romero, si bien puede generar un plus a nivel municipal, no ha sido concebida para combatir la pobreza a nivel nacional, como lo anuncia el Gobierno: “Una buena planificación del desarrollo hubiera situado otros puntos más esparcidos en donde hay infraestructura. El desarrollo no se da de manera aislada. El Gobierno debe de promover el desarrollo en agrupamientos, clúster”.

      Además, Romero afirma que desde el punto de vista del desarrollo, los bajos salarios lo que hacen es deprimir el consumo interno de un país. “Aunque haya un beneficio en el corto plazo, en el largo plazo todos van a salir perdiendo, porque no logramos levantar una economía”, explica. “Y todo esto —agrega— sin mencionar los derechos humanos”, concluye Romero.

      http://www.plazapublica.com.gt/content/la-pobreza-esta-sobre-todo-en-otr...

      Por su parte, Hugo Maúl, economista del Centro de Investigaciones Económicas Nacionales (CIEN) asegura que “no se están bajando los sueldos” ya que los actuales salarios mínimos seguirán rigiendo en estos cuatro municipios y que esta medida sólo beneficiará a personas que, en la actualidad, tienen ingresos muy inferiores al salario mínimo y pasarán a tener un empleo formal. Maúl añade que la solución, en todo caso, no es decretar un salario mínimo más alto, ya que en Guatemala muchos pequeños empresarios no tienen posibilidades de pagar sueldos por encima de los Q2.400.

      El ministro de Economía, Sergio de la Torre, es preguntado sobre estos factores ¿En verdad busca esta iniciativa el desarrollo del país? ¿Dónde quedan en este plan, por ejemplo, El Quiché o Huehuetenango? “Cuando uno hace polos de desarrollo también hay migraciones entre el país, cuando usted crea polos de desarrollo por diferentes razones, lo que empezamos a generar es migración a estos lugares”, responde. En otros departamentos hay otras estrategias de desarrollo, agrega.

      Si hablamos de sacarlos de pobres, eso es imposible”

      Todas las personas entrevistadas para este reportaje, fueron cuestionadas respecto de las posibilidades de salir de la pobreza por medio de la política de salarios diferenciados. ¿Podrán las personas que ganen Q1.500 asegurar una educación superior a sus hijos? ¿Podrán pagar un bachillerato, una universidad? ¿Se podrán lograr la superación intergeneracional?

      —Si hablamos de sacarlos de pobre es imposible —responde Marroquín, el alcalde de San Agustín Acasaguastlán, desde su aserradero— pero aunque sea van a tener que comer. Porque ese es el problema, que no tienen. Una solución les tenés que hallar. Si te dan una solución para traer inversión dices, “venga, dale, aunque sea poquito pero hay”.

      —No los vas a sacar de pobres, pero de eso a no tener nada —argumenta, en la misma línea, el alcalde Saúl Beltetón, a la sombra del árbol del centro turístico de Guastatoya.

      —Y con esos Q600 (que algunos ganas en la actualidad) no les alcanza ni para que compren tortillas —responde Sergio de la Torre, ministro de Economía, tras ser preguntado sobre las posibilidades de que los hijos de una familia que gana Q1.500 puedan ir a la universidad.

      Carlos Contreras, el ministro de Trabajo, es cuestionado sobre la responsabilidad del Estado de velar por garantías mínimas para sus ciudadanos.

      —¿Qué puedo hacer? Es un tema de oferta y demanda, desgraciadamente. Mientras la demanda de mano de obra sea tan precaria y escasa, la oferta no encuentra un referente que le permita desarrollarse. Vivir y ganar en condiciones humanamente mínimas. Nuestra estrategia es dinamizar el mercado de trabajo.

      La Procuraduría de los Derechos Humanos (PDH) presentó en enero pasado un recurso de inconstitucionalidad en contra de los salarios mínimos diferenciados, acogiéndose al artículo el artículo 102 de la Constitución que garantiza “la Igualdad de salarios para igual trabajo prestado en igualdad de condiciones, eficiencia y antigüedad como un derecho social”. El pasado 29 de enero, la PDH fue amparada de forma provisional por la Corte de Constitucionalidad (CC).

      Gabriel Orellana, abogado constitucionalista y excanciller de la República, analiza con interés el accionar de la CC, que tiene como reto detallar el principio de igualdad de los ciudadanos ante la ley. A juicio de Orellana, la interpretación que hace el Ejecutivo cabe en un estado federal, pero no en una República unitaria como Guatemala, porque crearía diferencias envidiosas en perjuicio de los municipios con un salario inferior.

      La Constitución no es el único impedimento para diferenciar el pago que reciben los trabajadores de cuatro municipios. Esta medida también viola el Pacto Internacional sobre Derechos Económicos, Sociales y Culturales que Guatemala suscribió en 1992, el cual indica que los Estados que forman parte de éste, deben procurar “un salario equitativo e igual por trabajo de igual valor, sin distinciones de ninguna especie”.

      Mientras en el discurso de los Ministerio implicados, las municipalidades y el empresariado, la competitividad industrial en Guatemala se mide sólo a través de los salarios, los ciudadanos guatemaltecos viven, o sobreviven, compitiendo cada día con la canasta básica. Una canasta que posee 26 productos que, promediados para el consumo de una familia de cinco personas, ascendía en diciembre de 2014 a Q3,214, más del doble de los Q1,500 propuestos en estos cuatro municipios.

      Tanto alcaldes como Ministros animaron a ver las condiciones reales en las que viven los habitantes de estos cuatro pueblos, para comprobar que sus vidas transcurren con menos del salario mínimo. Cuatro familias de estos cuatro lugares abrieron las puertas de su casa a Plaza Pública y detallaron cómo viven, sus ingresos y su consumo. La ecuación entre ingresos y gastos ofrece un resultado: hambre. 

      [Fin]
    • Sandra Sebastián
      Estanzuela, Zacapa

      Si quisiéramos ponerle rostro al olvido del Estado, podría ser el de cada uno de estos niños.

      La madre de 10, “En veces”

      Suena la sirena de alguna plantación —de berenjenas, melones, sandías— en el barrio Las Canchitas, en Estanzuela, Zacapa. El silbato, diluido por el viento, avisa cada mañana a los hijos de Reina Juárez que ya son las siete horas, y que tienen que apurarse para llegar a la escuela. Reina permanece en la entrada de la casa, cerca de la pila y el comal, mientras los siete niños, todos menores de edad, entran y salen por la puerta poniéndose y quitándose playeras y zapatos, cepillando sus empolvados cabellos.

      Reina tuvo “la docenita”, pero dos murieron. Cuatro van a la escuela: el de 7, la de 9, el de 11 y el de 17 años. Este último es quien aporta los ingresos para el hogar, la mitad del dinero que recibe por sus empleos temporales. En las tardes cursa primaria para adultos. Las niñas de 13 y 15 fríen un huevo, lo parten por la mitad y lo comen con una tortilla. Su desayuno. Explican que su madre les ha enseñado a aguantar el hambre y estirar los tiempos de comida. Ninguna de las dos va ya a la escuela. Ambas la dejaron en tercero primaria. Después de comerse la mitad del huevo frito, la de 15 se sienta en una silla y comienza a escribir con dedicación salmos de la Biblia en un cuaderno; la niña de 13 explica que ella quisiera ir a la escuela pero su maestro no le deja ir porque ya es mayor para su grado, y su hermano de 17 le dice que si llega a las sesiones de la tarde le cerrará la puerta y no le dejará entrar.

      La hija de 21 años permanece en el interior de la casa, recostada en la cama, con su bebé recién nacido. La más pequeña, de tres años, también llamada Reina, está recostada en otra de las tres camas, parece enferma. Reina, la madre, explica que hace unos meses el gobierno se la quería quitar porque estaba muy desnutrida. Pero ella no dejó, porque “nunca me han quitado a ninguno de mis 10 hijos y no lo voy a permitir”.

      Las preguntas sobre las compras mensuales son tomadas con caras de resignación. ¿Compran carne? “No”. ¿Compran pollo? “En veces”. ¿Compran ejotes? “No” ¿Compran leche? “Eso no”. ¿Compran queso? “No”. ¿Cebollas? “No”. ¿Compran arroz? “No”. ¿Güisquil? “No”. ¿Compran tomates? “Dos libras a la semana”. ¿Frijoles? “Cuatro libras a la semana”. ¿Fruta? “En veces”.

      Reina explica que mensualmente recibe Q200 de su hijo mayor, de 23 años, quien vive en Zacapa y Q400 de su hijo de 17 años. Un total de Q600 para alimentar a sus nueve hijos todavía dependientes. Su esposo abandonó la casa hace siete meses, coincidiendo con el momento en que su hija de 21 descubrió que estaba embarazada. No le da nada. Asegura que está mejor que cuando vivía con él, porque se “chupaba” todo lo que ganaba y no les trataba bien.

      ¿Qué comen? “Tortillas, frijoles, huevitos”. ¿Cuántas tortillas se comen al día? El niño de siete dice sonriente que él se come tres. Reina responde que ella, dos. ¿Y cuántos huevos compran al día? “En veces cuatro, en veces seis”. ¿Para todos? “Sí”. ¿Qué más comen? “Frijol”. ¿Qué más? Las niñas explican que van a recoger mangos a la plantación que está en la parte trasera de su casa, enseñan el agujero que hicieron en la verja, y cuentan que cuando pasan los camiones de sandías y melones van a recoger los que se caen “puras vacas”. “En veces”, también, van a buscar marañón. ¿Reciben el bono seguro? “En veces”.

      *Esta familia fue escogida al azar. Fue la primera del municipio que encontramos, y que coincidió que gana el salario mínimo o menos, y aceptó abrir las puertas de su casa y su despensa.

      [creditopzp Dennys Mejía]

      [creditopzp Gerardo del Valle]

    • Sandra Sebastián
      San Agustín Acasagustlán, El Progreso

      Es uno de los pocos afortunados con salario mínimo; eso sí, que no caiga algún imprevisto —de salud, por ejemplo— porque el endeble presupuesto se derrumba.

      El guardia, con lo justo

      San Agustín Acasaguastlán. Árido. Corredor seco. Vitalino Ramos espera, en un cruce de caminos, al microbús que le conduce a su aldea. Son las ocho de la mañana y lleva sin dormir 24 horas, pero apenas se le nota en unas pequeñas arrugas bajo los ojos. Explica que, después de diez años, ya está acostumbrado. Trabaja como guardia de seguridad en un turicentro. 24 horas de seguidas, de pie, con un rifle, abriendo y cerrando una puerta corredera, mirando al vacío, deseando que no pase nada. Luego, 24 horas de descanso.

      Nos lleva a su casa, en la montaña, en la aldea El Conte. Adobe, madera y láminas. Tres habitaciones, con una cama para él y su mujer y dos para sus cuatro hijos. Aunque su sueldo no alcance para lujos —como comer carne todas las semanas, según su esposa—, les da para lo necesario (ajusta los ingresos del turicentro con cinco tareas de maíz) y algunos árboles frutales para consumo propio. Con esto su dinero se estira y además de las tortillas, frijoles y huevos, compran dos libras de pollo una vez por semana, dos de carne dos veces al mes y algunas verduras.

      A inicios de año, tuvo que comprar útiles y zapatos para sus dos hijos menores (Q250), y el uniforme, útiles y zapatos (Q385) para su hijo de 17 años que cursa el Bachillerato en Computación en un instituto de El Rancho, el más cercano, que les cuesta Q100 mensuales. Con el gasto de los útiles, no alcanzó para comprar todas las medicinas recetadas por los médicos para el niño más pequeño, que se enfermó en enero de hepatitis. Debían comprar tres botes de medicamento, por Q300, y sólo les alcanzó para dos. Les preguntamos por el IGSS al que Vitalino está afiliado: “queda lejos, en Guastatoya, entre lo que uno paga en pasaje y lo que toca esperar…”, responde su esposa.

      Vitalino, de 45 años, forma parte del 15% de guatemaltecos en el área rural con un empleo formal (INE 2014). Cobra al mes el salario mínimo estipulado por la ley: Q2,400 y, es una de las 1,004 personas afiliadas al IGSS en este municipio, de los 23,560 habitantes catalogados como población en base a proyecciones del INE. Es decir, esta familia a la que sólo le alcanza para comer carne dos veces al mes y que no pudo comprar la dosis adecuada para que su hijo se recupere de la hepatitis, es de las afortunadas del interior del país. De hecho, ajustando un poco su alimentación y gracias a que no pagar alquiler, han logrado que su hijo mayor sigua estudiando y que, si todo sale bien, se convierta en un profesional.

      *Esta familia fue escogida al azar. Fue la primera del municipio que encontramos, y que coincidió que gana el salario mínimo o menos, y aceptó abrir las puertas de su casa y su despensa.

      [creditopzp Dennys Mejía]

      [creditopzp Gerardo del Valle]

    • Sandra Sebastián
      Guastatoya, El Progreso

      Nadie puede decir que no trabaja, y que trabaja duro para poder vivir. Empleada seis días a la semana: vive en la miseria.

      La tortillera,”un panito menos”

      Si uno le quisiera poner una imagen a la desolación sería fácil elegir la de Rosa Amalia Mejía Marroquín, a las seis de la tarde, levantando el jirón de tela que hace de puerta y dando la bienvenida a su casa, construida con láminas y madera vieja. El terreno se lo ha cedido “el hijo de unos señores que están en Canadá”, cuya gran casa luce en la parte alta del cerro. Al entrar en su habitación —ordenada, con dos camas y un aparador— ilumina con una linterna el interior —no tiene luz— y nos enseña con orgullo los afiches emplasticados de unos caballos que alguien le regaló en la feria. Su casa está en una pendiente llena de polvo, y se disculpa porque desde que se le rompió su “escobita” no puede barrer. Tiene 45 años. Vive sola.

      Trabaja seis días a la semana haciendo tortillas. Por este trabajo recibe Q35 diarios, un total de Q840 mensuales. Los alimentos que afirma consumir al mes —frijoles, huevos, tortillas, aceite, quilete, pan dulce y café—, una carga ocasional a su celular —Q10, Q20 al mes—, suman Q850, es decir, sus cálculos de gastos son casi exactamente su ingreso. En cuanto a los otros gastos, la suma es cero: su terreno es cedido, no tiene luz, no tiene agua entubada, en las casas vecinas se la regalan, al igual que la leña que le facilita un señor.

      Su presupuesto, dice, se desajusta casi siempre por medicamentos. El vientre le duele habitualmente por la inflamación provocada por el calor del comal. Y, debido al polvo que aspira, también se enferma de la garganta. Entonces compra algún blister de antibiótico, un Tabcín o un ibuprofeno en la farmacia de la comunidad, porque aunque sea un poquito más cara que la “farmacia barata”, le dijeron que los medicamentos son mejores. Estos gastos en salud le suponen algún panito menos, o restar de los productos de higiene. Se lamenta de que por no tener hijos en edad escolar —tiene dos hijos ya adultos— no recibe el bono seguro, aunque también lo necesite. A veces, cuando le sobra un poquito, le regala a su hija Q20 o Q30 para apoyarla con los gastos de sus tres nietos. “¿A mí me contratarían en la maquila?”, pregunta, y enfatiza que ella sí puede trabajar, que lleva trabajando desde que era pequeña, que nunca ha dejado de hacerlo.

      *Esta familia fue escogida al azar. Fue la primera del municipio que encontramos, y que coincidió que gana el salario mínimo o menos, y aceptó abrir las puertas de su casa y su despensa.

      [creditopzp Dennys Mejía]

      [creditopzp Gerardo del Valle]

    • Sandra Sebastián
      Masagua, Escuintla

      El ejemplo del trabajo estacional, de la dependencia de itinerante de las cosechas. Seis meses al año tienen lo suficiente, los otros seis se convierten en recolectores.

      El de la zafra; cuando no hay zafra, iguanas

      Es época de zafra y a las cuatro de la tarde termina uno de los turnos del ingenio. Decenas de hombres brotan por un camino de tierra con sus machetes, sus botas de hule, sus sombreros, sus pantalones y sus rostros manchados de negro. La mayor parte de ellos son hombres provenientes del altiplano de Guatemala. En este pueblo de costa dicen que los de occidente “aguantan más”. Aunque también hay algunos de Masagua que aguantan, que no les queda de otra.

      Tres de ellos son Luis Alberto Cruz y sus dos hijos, Héctor Ismael y Elder Omar, de 23 y 20 años, de la aldea El Astillero, quienes se ganan la vida “jornaleando o pordiando”. Mientras que el padre y el hijo de 23 trabajan para un contratista —dicen recibir Q60 diarios (Q1.440 mensuales por seis días de trabajo a la semana), el hijo de 20 está contratado directamente por el ingenio y recibe Q1.400 a la quincena.

      Están en época de bonanza y esta familia de seis hijos está contenta, su esposa va informado de las compras, con todos los alimentos de la canasta básica: pollo, carne y, además, coliflor, repollo, aguacates, pepinos… Han comprado todos los útiles para los hijos pequeños y para el hijo de 27 años, que estudia Bachillerato en Computación.

      Al terminar la entrevista formal, la madre, como en una confesión que no se atrevió a hacer antes, explica que estas compras las hacen “cuando hay zafra”, es decir, de noviembre a finales de abril. Cuando no hay zafra, por seis meses, en la casa se reducen los ingresos y deben andar “pushiteando donde haiga”. ¿Qué comen cuando no hay zafra? Ríen.

      “Pescado que vamos a pescar al río. Vamos a cazar iguanas, cangrejos, conejos, cuzos (armadillos). Vamos a buscar a las noches con una onda”, explica Heidi Magali, la hija de 25 años. “Quiletes, chipilín, bledo, puntas de ayote”, agrega la madre. ”Y cuando no hay nada de eso, tortillas con sal”.

      *Esta familia fue escogida al azar. Fue la primera del municipio que encontramos, y que coincidió que gana el salario mínimo o menos, y aceptó abrir las puertas de su casa y su despensa.

      [creditopzp Dennys Mejía]

      [creditopzp Gerardo del Valle]