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Caso Molina Theissen: El testimonio de Emma Guadalupe y la defensa de Zaldaña y Callejas
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Caso Molina Theissen: El testimonio de Emma Guadalupe y la defensa de Zaldaña y Callejas

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Dos exjefes militares acusados por delitos contra los deberes de la humanidad, violación con agravación de la pena y desaparición forzada, pidieron declarar ante el Tribunal que los juzga. Ese día, por primera vez, estuvo presente la víctima y demandante, Emma Guadalupe Molina Theissen.

La mantuvieron alejada de las audiencias para evitarle más daños emocionales. Pero Emma Guadalupe ha decidido regresar a Guatemala para estar en el final del juicio contra los cinco militares retirados, a quienes se acusa de las torturas y violaciones que sufrió dentro de una base militar en 1981 y la desaparición forzada de su hermano, Marco Antonio.

El 10 de mayo, Emma Guadalupe tomó su sitio entre los querellantes, junto a su madre Emma Theissen Álvarez. Entre los observadores del proceso estaban sus hermanas Lucrecia y María Eugenia. Las cuatro Molina Theissen fueron testigos de las afirmaciones de Hugo Zaldaña y Manuel Callejas.

El primero se declaró inocente, tildó el juicio como político y sin fundamentos y se dedicó a contradecir el testimonio de Emma Guadalupe. El segundo se centró en asegurar que los documentos con información de organizaciones insurgentes, que le incautaron en un allanamiento a su casa, le sirvieron para redactar una trilogía de libros.

Los valores familiares de la familia Molina Theissen, las Oenegés y shalom



Hugo Zaldaña fue oficial de inteligencia S-2 en la Brigada Militar de Quetzaltenango, en 1981, cuando Emma Guadalupe asegura que estuvo prisionera, sometida a tortura y violaciones sexuales durante nueve días. El militar tomó toda la mañana para exponer su versión de los hechos.

Se quejó de la forma en la que le habían capturado en 2016, en medio de un operativo con policías de las Fuerzas Especiales. Señaló a Emma Guadalupe de tener un perfil “delictivo” y  además de falta de valores en su familia.

“El MP ha llevado una acusación inductiva y no conductiva. No han habido tales delitos. Los abogados defensores han hecho una labor titánica defendiendo hechos inexistentes”, decía con voz pausada.

Los hechos que refuta Zaldaña son los que Emma Guadalupe presentó, junto a su madre, desde que se abrió la causa penal en 1998 y los cuales ella reafirmó en 2011 cuando testificó en anticipo de prueba ante un juzgado guatemalteco.

La víctima asegura que fue detenida en un retén del Ejército en Nahualá, Sololá el 27 de septiembre de 1981, porque llevaba propaganda, periódicos y material de análisis político del Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT). Que la condujeron hacia la base militar de Quetzaltenango en donde personal militar vestido de civil y con uniforme la torturaron y violaron hasta que escapó nueve días después. Zaldaña refirió que esa “historia” nacía de una paranoia y un trastorno psicológico.

Zaldaña leyó varios párrafos de las hojas impresas que llevaba. Mencionó que tanto Emma Guadalupe como su hermana Ana Lucrecia fueron detenidas en diferentes momentos a finales de los 70, por sus “actividades”.

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Hay una captura y encarcelamiento de Emma Guadalupe que está documentada en el proceso, tenía 15 años cuando ocurrió y por esa razón tenía una ficha en los registros de la Policía Nacional.

En su testimonio, Emma Guadalupe contó que cuando tenía 14 años y cursaba segundo básico, formó parte de la primera Asociación de Estudiantes del Instituto para señoritas Belén. En esa época fue reclutada por las Fuerzas Armadas Rebeldes (FAR), una agrupación guerrillera de la que se escindió el PGT.

“Fui líder estudiantil, participé en la Federación de Estudiantes y en la Coordinadora de Estudiantes de educación media, que hizo bastantes movilizaciones estudiantiles en esos años. En 1976, todavía perteneciendo a las FAR, fui detenida en una actividad política en las inmediaciones del Anillo Periférico; en los asentamientos Niño Dormido y Cuatro de Febrero. Tenía 15 años, fui tratada como menor, estuve nueve días en el reformatorio de mujeres para salir de ahí sin ningún problema pero ya con antecedentes policiacos. Me reincorporé a mis estudios, continúe como líder estudiantil y era presidenta de la Asociación de Estudiantes del Belén”.

De ese evento, Zaldaña aseguró que la dejaron en libertad porque en aquella época no había un centro de reclusión para jóvenes como Gaviotas, pero que ella estaba acusada de homicidio. El Ministerio Público presentó documentos rescatados del Archivo Histórico de la Policía Nacional en donde se muestra la ficha de detención de Emma Guadalupe.

Zaldaña seguía con su monólogo. “Tengo un blog de la señora Lucrecia Molina Theissen y dice que su padre Carlos Molina estuvo en la Revolución de Octubre. Fue un hombre rebelde, duro y distante con sus hijas y está relatado que él se ocultaba en el alcoholismo y los trataba mal y que su vida estaba en la rabia y el dolor. Por consiguiente, estos principios en la familia van uniéndose a tener esa rabia contra las autoridades en cualquier momento. Mientras que los oficiales del Ejército le enseñamos a nuestros hijos valor, lealtad, fuerza, virtud”.

La participación de Emma Guadalupe como líder estudiantil, y en la Juventud Patriótica del Trabajo (JPT) del PGT no era ajena a su familia. Después de su detención a los 15 años y del asesinato de su novio, Julio César del Valle Cobar en 1980, ella siguió en la militancia en Quetzaltenango, a donde la trasladaron para protegerla.

Cuando detuvieron el bus de la empresa Galgos en la que se transportaba, Emma Guadalupe trató de esconder los papeles que llevaba, pero la descubrieron. “Era irresponsablemente normal” que trasladara información del PGT, dijo en su testimonio. La retuvieron unas horas en una casa, que parecía una cooperativa abandonada, en donde la interrogaron. Después la trasladaron vendada y esposada, en un vehículo hacia un lugar que luego identificó como la Zona Militar Manuel Lisandro Barillas, de Quetzaltenango.

“Cuando llegamos a la base militar fui ubicada en las barracas de lo que, a mi juicio, era la parte rasa de la G2 (la dirección de inteligencia militar). Empezaron los interrogatorios desde el momento de la captura, sobre qué era lo que yo hacía, por qué tenía esos documentos y quiénes eran las personas con las que me relacionaba. En ese momento yo manejé una historia, tenía un nombre obviamente falsificado y tenía toda una historia de que yo era una persona simplemente correo entre la capital y Quetzaltenango y que entregaba información verbal a personas con las que me contactaba en uno u otro punto”.

Al principio se identificó con el nombre de María Margarita Chapetón, una persona fallecida. Según dijo, sus captores no tardaron en descubrir su verdadera identidad, dirección y datos de su familia. Entonces ella contó que venía de un hogar problemático.

En su declaración en anticipo de prueba Emma Guadalupe dio detalles de esos nueve días en los que estuvo cautiva. Dijo que trató de congraciarse con los militares que la detuvieron, ofreció grabar un video para hablar bien del Ejército y demeritar a la guerrilla, incluso dijo que podía entregarles una casa de seguridad de la JPT. Lo que no contempló fue que organizaran tan rápido el operativo para ir al lugar que ofreció.

En esa época el comandante de la base militar era Luis Francisco Gordillo y el segundo jefe, Edilberto Letona. Ambos están acusados en este proceso.

A pesar que trató de evitar el operativo, la sacaron de la base militar. La vistieron con una peluca, una gorra y una chumpa y salieron al recorrido. En esa salida, dos de sus compañeros la reconocieron, avisaron a la dirigencia del partido que intentó montar un operativo de rescate, y a la familia. Los dos que la vieron, declararon en el juicio a través de videoconferencia.

“Los captores se enfurecieron, se sintieron burlados porque no les mostré la casa de seguridad. A partir de en ese momento empezó un trato más violento contra mí. Me sacaron de estas barracas, donde había varias personas viviendo en una misma habitación, que eran según yo miembros de la G2 que no vestían trajes militares, sino trajes civiles y no tenían el pelo rapado. Fui movilizada hacia adentro del edificio militar a uno de los pasillos donde escuché que era el pasillo de los tenientes, gente que no eran soldados rasos”.

En ese lugar, cuenta Emma Guadalupe en su testimonio, la habitación era pequeña, de cuatro por cuatro metros, y la puerta tenía candado. “Yo veía unos papeles pegados en la pared, después me di cuenta que era una ventana tapada con papel periódico. Había dos literas sin ropa de cama. Fui esposada en la parte de debajo de una de las literas y ahí permanecí durante todo el resto del cautiverio. A partir de ese momento la rutina fue que en la mañana llegaba un tipo y me interrogaba, pero sin violencia. Pasaba sola el resto del día y en la noche había sesiones de tortura, hubo violaciones”. El cuarto día de su detención, unos soldados borrachos “me violaron varias veces. En el principio me resistí y los patié. Yo deduje que eran oficiales, pero no de tropa. Había alguien que me interrogaba mientras otro me violaba”.

Cuando Emma Guadalupe rindió declaración, en 2011, tenía 50 años y recordaba lo que vivió cuando tenía 19 años. En casi toda su presentación se mostró serena, hasta que llegó al punto en el que habló de las violaciones y la desesperación que sintió porque escuchó que la querían trasladar a la capital.

En el video se observa cuando respira hondo, tratando de contenerse. Llora, se toca la cabeza, se cubre la boca con las manos. El llanto compungido, se limpia las lágrimas sin quitarse los lentes. Solloza, bebe agua. Le pasan su bolsa y toma papel. El juez que conduce la audiencia le asegura que puede tomar un descanso, pero ella lo rechaza. Se recompone y continúa.

“Yo sentía un fuertísimo dolor de estómago y empecé a pedir ayuda. Tenía horas de estar pidiendo ayuda y no llegaba nadie. Mi intuición me decía que algo estaba pasando y que algo iban a hacer conmigo, temía que me trasladaran a la capital, pensaba que los lugares de detención iban a ser muchísimo más infranqueables”.

Durante todo su cautiverio le privaron de comida y agua. Cuenta que sacó fuerzas para zafarse de los grilletes y al ver que la puerta estaba cerrada decidió jalar la litera para acercarla a la ventana. Quitó los papeles que la cubrían y notó que tenía un vidrio movible en donde creía que podía pasar. Todavía le dio tiempo a regresar por los zapatos y volvió a salir por la ventana.

Caminó frente a un gimnasio, en donde unos militares la vieron sin decir palabra. Al llegar a la garita solo había un guardia que la interrogó. Ella dijo que un hombre “canche” y “pelón”, que era el que la había interrogado varias veces, la había mandado a salir por ahí.

Ella supone que el guardia la confundió con prostituta y por eso no le negó la salida. Lo primero que hizo fue caminar hacia un parque, tomó un taxi y pensó en ir a la capital. Temió que no hubiera nadie o que no tuviera dinero para pagar el viaje. Pidió que la llevaran a la casa de unos amigos. Ahí la asearon y la alimentaron, pero su estómago no lo soportó. Por la noche la trasladaron a Mazatenango, pues la familia temía que un operativo de búsqueda llevara a los militares a su casa. En Mazatenango estuvo un tiempo hasta que el PGT la sacó a México.

Al día siguiente de su fuga, Marco Antonio fue sacado  a la fuerza de su casa. Emma Theissen Álvarez asegura que Zaldaña fue uno de los militares que llegaron a su casa y se llearon a su hijo.

Zaldaña hizo referencia a ese hecho y dijo ante el Tribunal que a Marco Antonio no lo habían secuestrado y que tuvo información de que salió junto a Emma Guadalupe hacia México. “Sí existe el número de placa (del carro en donde la familia asegura que se llevaron a Marco Antonio), pero ese carro lo manejaba uno de los miembros de la clica de la subversión y lo sacaron por el lado de México. Un familiar de ellos dice que se encontró varios años después con el muchacho preguntando por el papá”.



Para Zaldaña, este es un “juicio político”. “Dicen que somos criminales de guerra, pero aquí no hubo guerra, hubo una subversión interna de quienes quisieron llegar al poder por las armas”.

Con la voz tenue y un poco temblorosa, Zaldaña volvió a sus documentos. “En la consulta del flujo migratorio, tengo que la primera llegada de Emma Guadalupe Molina Theissen (a Guatemala) fue el 17 de abril de 1997. Es decir que sí ha venido a Guatemala porque decían que no venía por temor a los militares. ¡No!, el temor que ella tenía era de los secuaces compas que habían tenido una riña”.

Las últimas críticas de Zaldaña hacia la familia Molina Theissen fueron por haber llevado el caso ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Señaló que lograron la condena al Estado de Guatemala en 2004 a causa de un tráfico de influencias, por la vinculación laboral de una integrante de la familia con Cejil, (el Centro por la Justicia y el Derecho Internacional), una organización que litiga en el sistema interamericano. Y que el papel de una amiga de la familia, Ruth Del Valle Cobar, como presidenta de la Comisión Presidencial coordinadora de la política del Ejecutivo en materia de Derechos Humanos (Copredeh), las había ayudado a recibir el resarcimiento económico.

Después, Zaldaña señaló que la fiscalía que lo acusa, seguía las instrucciones de la exfiscal Claudia Paz y Paz. Tras declararse inocente de las acusaciones en su contra, dijo: “En ningún manual leí una instrucción que dijera, usted va a matar a cualquier persona. No estaba dentro de las órdenes hacer eso”.

Al concluir, hizo una reflexión. “El grupo de cinco acusados somos los presos políticos de más alta edad. Somos veteranos. Serví al Ejército cargando una mochila de 40 libras, otra a la cintura…atravesando ríos, montañas, con una energía que ahora no la tengo. Pero si lo tuviera que volver a hacer, lo haría sirviendo con orgullo”.

La parsimonia de la audiencia tuvo un sobresalto durante el interrogatorio. Alejandro Rodríguez, quien representa a Emma Guadalupe, le consultó qué era un plan de inteligencia, a lo que Zaldaña respondió “no me acuerdo”. Esto llevó a Rodríguez a preguntar ¿Entonces, qué clase de oficial de inteligencia fue usted?, lo que provocó que el defensor Waldemar Leonardo objetara la burla y el doble sentido utilizado.

Cuando Leonardo tomó la palabra para las preguntas, pidió que Zaldaña hablara de su núcleo familiar, su credo religioso y los valores que un judío creyente profesa, para cerrar con un “Shalom”. Palabra hebrea que significa “paz”.

Callejas y su trilogía de libros

El general retirado Manuel Callejas y Callejas, quien era jefe de la Dirección de Inteligencia Militar cuando ocurrieron los hechos, mando superior de Zaldaña, tomó menos de una hora para hablar ante el Tribunal.

Lo primero que pidió fue revisar los documentos que le incautaron en su casa, cuando lo detuvieron en 2016. En silencio revisó las hojas que ahora forman parte del expediente judicial como prueba en su contra.

“Encontraron un libro que ahorita no me recuerdo el nombre, pero que yo había hecho y que estaba pendiente de llevarse a la imprenta”, le dijo al Tribunal. El libro, aclaró después, es parte de una trilogía de publicaciones que llevan como título común Guatemala bajo asedio. Estos han sido impresos bajo el sello de la Asociación de Veteranos Militares (Avemilgua).

“Al ver este primer folder, que está como prueba, empiezo a comprobar que parte de lo que está aquí, era parte de lo que me había servido a mí para hacer el primer borrador del libro que se llevaron”, declaró mientras veía las hojas.

Las hojas que observaba detenidamente Callejas y Callejas, eran, según su descripción, informaciones que obtenían de las casas de la insurgencia tomadas por la Policía Nacional.

Entre los documentos a los que se refiere, había hojas con nombres de las organizaciones no gubernamentales formadas después de la firma de la paz, con las iniciales que utilizaban, la fecha de fundación, el responsable, el correo o dirección y la organización política a la que pertenecía. Tenía también hojas con croquis de diferentes lugares en donde operaron las organizaciones subversivas, como el batallón Luis Ixmatá, de la Organización del Pueblo en Armas (Orpa).

Callejas veía y reconocía sus documentos. Historia escrita por el enemigo que combatía en aquellos años.

“En el siguiente mapa el surgimiento de las FAR (Fuerzas Armadas Rebeldes) y las áreas de actividad para 1963”.

“Y lo que se refiere a la URNG (el partido político en el que se unificaron las diferentes agrupaciones guerrilleras), fue Fidel Castro quien les ordenó, a través del departamento de América que estaba bajo jurisdicción de alias Barba Roja para que se unificaran y poder seguirles prestando ayuda, ya que estaban claros que la subversión en Guatemala era más antigua que en Nicaragua, pero no habían podido avanzar, mucho menos apoderarse del poder, lo cual no consiguieron ni van a conseguir”.  

Una de las particularidades de esos documentos que tenía Callejas en su casa es que tenían sello de “secreto”. Según dijo, esos informes servían para que la segunda sección del Estado Mayor del Ejército mantuviera informado a los comandantes de cualquier situación importante.

También tenían informes del Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP). Uno de ellos tenía el membrete con el usual título “Hasta la victoria siempre”. “Estoy seguro que este documento fue producido por ellos después de la derrota que sufrieron en el frente urbano a mediados de 1981, es un recordatorio para todos los integrantes a efectos que tomen medidas de precaución, especialmente de secretividad y la otra, de movilización, especialmente cuando se trasladen de un lugar a otro y asistan a reuniones para ser notificados de una nueva disposición”, explicaba.

Callejas no se refirió a sí mismo cono inocente de las imputaciones. Ni siquiera se quejó de la situación en la que se encontraba.

El abogado Jorge Lucas Cerna, hijo y defensor de Benedicto Lucas García –quien observaba la audiencia por videoconferencia desde el Centro Médico Militar, debido a una intervención quirúrgica a principios de mes– aprovechó el interrogatorio para descargar los señalamientos en contra del Exjefe del Estado Mayor del Ejército.

Callejas siguió la línea de Lucas Cerna. “Hubo un cambio muy significativo con la llegada del general Lucas. La forma en que él actuó fue lo que se necesitaba en ese momento, una persona muy activa, y con el que se inició la derrota del enemigo”, concluyó.

El juicios se encuentra en fase de conclusiones y se espera que esta misma semana se dicte sentencia.  

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