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Capítulo 8. Un hombre de Estado. El coronel Bol 1983-1985
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Capítulo 8. Un hombre de Estado. El coronel Bol 1983-1985

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En una ins­titución que adoraba la burocracia, que acumuló mi­llones de documentos intranscendentes elabora­dos siempre por subalternos que tenían que reportar ca­da paso que daban, el coronel Bol destacó por dejar testi­monio escrito de su disciplina.
El coronel Bol tenía una mentalidad estratégica. No había diferencia entre la delincuencia común, la sub­­versión de izquierda, y las actividades de cualquier otro actor que en un determinado momento pudieran ser una amenaza para la estabilidad del Gobierno: des­de los partidos políticos legales a los colegios pro­fe­sionales, pasando por los propietarios de autobu­ses clan­destinos. Por eso, había que conocerlos y contro­larlos.
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Tiempo aproximado de lectura: 6 mins

Como una enredadera, la guerra se entrelazó con la vida. Algunos murieron asfixiados por ella. Otros supieron trepar. Esta es la historia de dos hombres, la Universidad de San Carlos y un crimen. Las vidas de Vitalino Girón, un expolicía que acabó siendo uno de los últimos intelectuales del partido comunista, y del rector Eduardo Meyer se entrecruzaron en 1984, cuando el Ejército aún decidía quién podía vivir en Guatemala y quién no. Documentos del Archivo Histórico de la Policía Nacional permiten comprender la lógica de una de las últimas campañas de “control social” contra el movimiento sindical ejecutadas por la dictadura militar.

No era ni un tirano ni un libertador. No era ni un ma­fioso ni un franciscano. Era un oficial gris, eficaz e implacable, la clase de mando medio bien cualifica­do que había convertido al ejército de Guatemala en una máquina de guerra difícil de superar. Uno de esos hom­bres que se darían de baja en las fuerzas armadas sin haber llegado a la cúpula, y que durante su jubilación ni presumirían de su pasado ni tendrían jamás remordi­mientos.

El coronel Héctor ...

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