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Capítulo 3. La importancia de los libros. Severo, 1972
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Capítulo 3. La importancia de los libros. Severo, 1972

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Severo Martínez pertenecía a la Comisión de Edu­­cación del Partido. Y su militancia fue inseparable de su proyecto académico. El PGT tenía ante sí a miles de jóvenes a los que podría formar.
Todo solía empezar con una novela rusa. La Madre, de Gorki, era una de las que se utilizaban con más fre­cuencia.
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Tiempo aproximado de lectura: 12 mins

Como una enredadera, la guerra se entrelazó con la vida. Algunos murieron asfixiados por ella. Otros supieron trepar. Esta es la historia de dos hombres, la Universidad de San Carlos y un crimen. Las vidas de Vitalino Girón, un expolicía que acabó siendo uno de los últimos intelectuales del partido comunista, y del rector Eduardo Meyer se entrecruzaron en 1984, cuando el Ejército aún decidía quién podía vivir en Guatemala y quién no. Documentos del Archivo Histórico de la Policía Nacional permiten comprender la lógica de una de las últimas campañas de “control social” contra el movimiento sindical ejecutadas por la dictadura militar.

Era, sin duda, el mejor profesor que la mayor parte de aquellos alumnos jamás habían visto. Con su teatra­lidad y sus aires aristocráticos, como de profesor de Harvard, Severo Martínez Peláez cautivaba a unos es­tudiantes que, en su mayoría, provenían de centros edu­cativos públicos con maestros apenas graduados de secundaria, y de clases nocturnas después de largas jor­nadas de trabajo.

Severo, en cambio, tenía mundo. Solía hablar de las cosas que había a...

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