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Opinión

Buscándole nombre a la injusticia

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Que alguien me diga por favor cómo un funcionario del gobierno puede dormir tranquilo cada noche si sabe que su riqueza se debe a una malversación de fondos, a la aprobación de compras innecesarias o sobrevaluadas, a un proyecto pobremente ejecutado.

Que me aclaren cómo puede recibir un sueldo millonario y luego subirse a su lujoso carro, acompañado de sus intimidantes guardaespaldas, y mirar por su ventana cómo un niño malnutrido le ofrece limpiar sus vidrios a la hora en que seguramente sus hijos o nietos asisten a un caro colegio elitista. Que me explique cómo puede un juez o jueza sentirse satisfecho si no ha realizado un buen ejercicio de la ley, protegiendo a criminales o a ladrones.

Hace algunos días escuchaba por la radio el orgulloso discurso del presidente durante la inauguración de la primera planta de electricidad en la Zona Reina, cuando lo que debió haber hecho es disculparse, en su nombre y en el de tantos otros gobernantes, ante generaciones de pobladores de ese territorio por no haberse hecho cargo de sus necesidades y derechos básicos. ¡Estamos en 2012, por Dios!  Y por favor, no me digan que no hay fondos suficientes para cubrir todas estas necesidades, más bien quisiera que alguien me presentara un análisis honesto de cómo se gastan los impuestos que pagamos, con la certeza que la mayor parte le servirá a alguien para su propio beneficio.

Cómo un exfuncionario puede caminar tan campante por la vida sabiendo que pudo haber hecho algo por los demás pero únicamente se dedicó a lo suyo, es decir, al enriquecimiento ilícito, mientras cada noche en la Zona Reina los conciudadanos a los que tenía que responder de su trabajo, encendían una vela a la hora de la cena. Cómo se puede ser tan incapaz de hacer un análisis profundo de las causas de la violencia, la desnutrición y de tantos otras problemáticas en el país y buscar soluciones a través de planes a largo plazo.

Ya se ha hablado hasta el cansancio de corrupción e impunidad, pero hay que ir más allá de los términos legales y nombrar las cosas con nombres aún más claros y fundamentales. Se trata de falta de ética, de una completa ausencia de valores, y no me refiero aquí a ninguna ideología religiosa, que a menudo poco o nada tienen que ver con los valores o la responsabilidad ciudadana.  Se trata de una incapacidad de ver a los ojos a una persona y poder ponerse en sus zapatos para comprender a cabalidad las razones de su sufrimiento. Se trata, en resumidas cuentas, de la decisión consciente y calculada de hacerle daño al otro. Porque lo que a algunos nos provoca indignación, frustración y enojo para otros simplemente ha llegado a ser invisible.

Se ha comprometido el bienestar común, se está vulnerando el medioambiente de un país que alguna vez pudo presumir de las bondades de la tierra, se ha despojado a las personas de la esperanza y la solidaridad con los demás. Si esta no es injusticia que me digan qué otro nombre tiene el estado actual de cosas en Guatemala.

 

Se ha comprometido el bienestar común, se está vulnerando el medioambiente de un país que alguna vez pudo presumir de las bondades de la tierra, se ha despojado a las personas de la esperanza y la solidaridad con los demás.
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