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Así se editó «Guatemala: un edificio de cinco pisos» de Edelberto Torres-Rivas

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Así se editó «Guatemala: un edificio de cinco pisos» de Edelberto Torres-Rivas

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En el último día de 2018, el sociólogo Edelberto Torres-Rivas falleció, dejando un inmenso e importantísimo legado. Fue consultor del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y secretario general de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales. Uno de sus últimos libros, publicado por la Editorial Catafixia, fue editado en el 2017. Así fue el proceso.

Redes-lateral

En 2013, Editorial Catafixia publicó Árbenz: discursos desde una Guatemala inconclusa que incluía tres discursos del exmandatario y líder revolucionario. El discurso de toma de posesión; el informe de su primer año de gobierno y su discurso de renuncia. Inauguraron así, su colección Memoriales que suponía reunir textos significativos para entender la realidad guatemalteca. Luego vinieron los discursos de Arévalo; Por qué lucha Guatemala de Manuel Galich y Donde enmudecen las conciencias de Carlos Guzmán Böckler.

Les siguió Guatemala: un edificio de cinco pisos que reúne el ensayo del mismo nombre y una buena parte de las columnas de Edelberto Torres Rivas publicadas en elPeriódico, de 2003 hasta 2017. Escogieron a Edelberto y su obra pues, según Carmen Lucía Alvarado, coeditora de Catafixia, es la persona indicada para entender la región centroamericana. Luis Méndez Salinas lo llama uno de los grandes pensadores que fundaron las ciencias sociales en los años 70. «Junto a Severo Martínez y el mismo Böckler», señala. «Una colección de pensamiento político y social en Guatemala no puede estar completa si no teníamos un libro de él».

El libro, de planteamiento a impresión, tardó cinco meses. Y en esos cinco meses compartieron con Edelberto, bromearon con él, discutieron con él, lo conocieron.

Luis y Carmen señalan lo importante que ha sido la publicación y lo relevante que es el libro hoy, ahora, en pleno año electoral. Pero, agregan, les alegra también haberle entregado ese gesto, de reunir parte de su obra.

¿Cómo inició la relación entre ustedes y Edelberto?

Luis Méndez Salinas: En 2016 Nómada querían hacer un perfil de él. Fuimos con Carlos Sebastián. Nos recibió en su despacho, muy amable, muy… no sonriente. Pero de repente si se echaba sus risitas. La entrevista duró unas dos horas, más o menos. Se fue soltando poco a poco. Casi al final de la entrevista si sentí yo que habíamos logrado una conexión porque ya no tenía ninguna reserva. Recuerdo que a Carlos hasta lo dejó puteado (ríe). «Miré usted, ¡puta hombre! No puedo ni pensar, déjeme de estar tomando fotos». Luego pasaron como quince minutos y dice, «no, mire, si quiere siga ahí con las fotos, pero no haga tanta bulla, hombre». Básicamente empezamos a hablar de su militancia, antes de irse de Guatemala y del regreso. Cómo experimentaba un individuo como él el haberse ido en un momento grueso y regresar a trabajar. La entrevista se publicó quedamos en buenos términos, por eso nos decidimos a hablarle sin ningún clavo.

Carmen Lucía Alvarado: Yo recuerdo un detalle de cuando le hablaste la primera vez, para esa entrevista, y es de lo consciente que estaba Edelberto de su estado. Te dijo, «mire, está bueno y venga el lunes porque como yo estoy puede que el lunes ya no esté».

La siguiente reunión que tuvieron con él, fue para hablar del libro, ¿no?

Luis: En febrero de 2017 nos juntamos con él con esa intención, sí. Y le llevamos algunos libros nuestros. No solo los memoriales. Poesía también. Me recuerdo que le llevamos el de Zurita, Con quién moriré. Nos juntamos en su casa, en la zona 9, en La Alameda. Nos recibió con Ana María, su esposa.

Carmen: Cada vez que tenemos una reunión con alguien como Edelberto, al principio siempre tengo temor. Un viejito con importancia y categoría. No es como que creo que vayan a ser abusivos, pero quién sabe cuánta gente los ve, los busca. A mi siempre me intimida esta situación. Sobre todo que una editorial como la nuestra, que a pesar de tener diez años de trabajo, lo primero que piensa la gente es que es una editorial chiquita y joven, y eso está erróneamente relacionado con informalidad. Entonces antes de proponer un libro, siempre nos hemos presentado con todo nuestro arsenal para que vean que tu chingadera es en serio. Con Edelberto no fue la excepción.

Luis: Le dijimos que una colección de pensamiento político y social en Guatemala no puede estar completa si no hay un libro de él.

Cuando ustedes llegaron, ¿ya tenían alguna idea de qué trabajar con él?

Carmen: Íbamos como con las ideas sin forma. Habíamos pensado hacer una entrevista muy larga y escribir un texto entre uno o varios autores; hacer como un macro perfil del pensamiento de Edelberto. No un texto de él, sino un texto sobre él. Entonces habíamos pensado en Otto Argueta, en Arnoldo Gálvez Suárez. Teníamos también la idea de usar Guatemala: un edificio de cinco pisos. También teníamos la idea de usar sus columnas y cuando él la escuchó se emocionó. «¡Eso!», dijo.  

Luis: Justamente Gustavo Arriola, uno de sus amigos muy cercanos, estaba haciendo esa recopilación de esos textos, que sumaban, en ese entonces, unas 140 columnas. Esperamos la recopilación de Gustavo. Decidimos que una copia la íbamos a tener nosotros y otra él (Edelberto). Cada parte iba a hacer su lectura y realizar anotaciones para decidir qué textos se quedaban y cómo se iba a organizar. Pensarlo agruparlo en temas, pero al final decidimos hacerlo de forma cronológica; era, pues, una especie de bitácora de su proceso de ideas, de lo que estaba pasando en el país. Luego con el texto de Cinco Pisos, que ya estaba armado, y eran unas 20 páginas, él quería hacer una revisión.

Carmen: Fue actualizado a ese momento. Actualizó datos, agregó un par de partes.

Luis: Lo fregábamos que había que ponerle un mezzanine del narcotráfico.

Antes de llevar el libro a imprenta, imagino le mostraron cómo quedaría y, sobre todo, la portada. ¿Dijo algo al respecto? ¿Conocía la obra de Álvaro Sánchez?

Luis: Le llevamos los bocetos. Y nos pasó lo que con Böckler, que fue eso de preguntarnos cómo estos señores de 80 años van a reaccionar con una gráfica que no tiene nada que ver con lo que uno asume es su zona de confort. Pero le gustó mucho.

Luego fue la presentación.

Luis: Él llegó a la FILGUA en 2017, específicamente a ver su libro. Y estaba muy entusiasmado. Recuerdo que él iba en silla de ruedas y cuando íbamos a tomar una foto le dijo a Ana María, «no, quitá esa babosada porque tenemos que salir de pie».

¿Ya estaba enfermo para ese entonces?

Carmen: Sí. Las primeras dos reuniones que tuvimos, él salió caminando a despedirnos. Las otras ya estaba en su silla de ruedas.

Luis: Una cosa que me recuerdo bien, de la segunda reunión, cuando ya habíamos decidido qué íbamos a hacer, nos tocó hablar de todos los otros detalles. Le dijimos que por concepto de regalías a él le tocaba 10 % de la edición, no en dinero, sino en copias; 10 % de los ejemplares, que eran 50. Y nos daba pena ese arreglo. Pero luego Ana María nos dice, «Sí, no se preocupen por eso. Edelberto, en toda su vida, no ha ganado ni un quetzal con los libros que ha escrito». Te das cuenta de un individuo que pasó 60 años de su vida produciendo ideas, publicando ideas, y nunca recibió plata por eso. Jodido.

Carmen: ¿Cómo va a ser que no haya ganado dinero con eso? ¿Cómo va a ser? Claro, nosotros agradecemos que haya aceptado. Pero pienso que los grandes pensadores llegan a cierta edad y se sienten abandonados, solos. Ven su trabajo hacia atrás. Afortunadamente creo que a Edelberto le dio tiempo de darse cuenta lo importante que era y va a seguir siendo para la formación del país.

¿Personalmente, como lectores, cómo fue para ustedes el trabajo de reunir y crear este libro?

Carmen: Una de las cosas que nos sorprendió fue ver cómo estamos dañados como sociedad, y cómo falla nuestra memoria a corto y mediano plazo. Las columnas de Edelberto comenzaban en 2003 y cosas que habían pasado en ese año ya se nos habían olvidado. Los cementerios clandestinos, la inscripción de Ríos Montt como candidato a presidente.

Luis: Desde entonces se hablaba de genocidio con todas sus letras.  

Carmen: También es de admirar la claridad que tenía en su escritura y en su pensamiento. Él hablaba de un juicio a genocidio en 2003, diez años antes del juicio. La lógica y claridad con que veía las piezas de la clase política, montándose una sobre otra sobre una falsa democracia. Él lo dice de forma clara y lo decía hace 15 años.

¿Dirías que también fue profético?

Carmen: Totalmente. Fueron de las cosas que más nos asustaron.

Luis: Algo que fijamos en la primera reunión fue que de las columnas que pensábamos que no tenían vigencia, las íbamos a omitir. Al final quitamos unas 15, más o menos. Todo seguía y sigue siendo muy vigente. Además, fue bien loco ver como en cámara rápida el movimiento político del país en estos textos. Sobre todo, pienso en los años electorales. Creo que este libro debería ser una lectura obligada para darnos cuenta cómo los discursos son siempre los mismos y cómo se involucran los mismos actores…

Carmen: Incluso las mismas estrategias. Él hizo el análisis que el año electoral siempre inicia con una violencia desmedida. Y también habla cómo, en el contexto político, se utilizan estas cosas como palanca. Este libro amarra la agenda política actual con el pasado de la guerra; todo eso es una lectura esencial. Nos hace ver como el síntoma que somos y a estar más despiertos a ver cómo se mueven las piezas. Afortunadamente había voces como la de Edelberto que, con trabajo excesivo, grande y sesudo, dejaron una muestra de cómo hay que accionar, de cómo se construye del pensamiento y la palabra.

¿Cuál es la importancia de alguien como Edelberto, su obra, sus pensamientos, para Guatemala, para la región?

Luis: Es bien interesante ver cómo se concreta la región desde un individuo como Edelberto. No solo por las obvias razones de que su padre era nicaragüense, que vivió en Costa Rica, que siempre trabajó proyectos centroamericanos, fundó la editorial Educa. No se puede entender esta región sin el pensamiento de Edelberto. Todos sus libros tienen ese carácter histórico-analítico-regional.

Carmen: Es la persona indicada para entender la región, sus posibilidades y, sobre todo, sus imposibilidades.

Luis: Revoluciones sin cambios revolucionarios es un paradigma absoluto. Creo que en los años 70, los grandes pensadores que fundaron las ciencias sociales de Guatemala son Severo Martínez (La Patria del Criollo), Böckler y Edelberto, especialmente con su Interpretación del desarrollo social centroamericano. Ese libro es fundamental para entender la dimensión regional. Aparte es, probablemente, el primer sociólogo de la región que no solo aplica la teoría de la dependencia de análisis de la sociedad centroamericana, sino es de los que estaba generando este desarrollo teórico, junto a pensadores de Chile, Brasil.

Carmen: A mí me encantaba cómo era de radical, a pesar de su modestia. La primera pregunta que le hicimos en esa última entrevista fue si era posible la unión centroamericana. Y él respondió: Absolutamente no. Es una imposibilidad.

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