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Así me bautizaron en la USAC

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Era el año de 1993, había transcurrido ya casi una década desde mi retorno a Guatemala y del entrampamiento de mi proceso de equivalencias de estudios de “High School” en los Ministerios de Relaciones Exteriores y de Educación de entonces, a pesar de haberme graduado con los más altos honores. Y entre una cosa y otra yo me había insertado en el mercado laboral de la industria del turismo en el país, me había casado y era madre de un niño en edad pre-escolar, cuando por fin me dieron una especie de constancia de trámite, que mi hermana Iduvina me llevó casi al último momento, mientras yo hacía la fila para poder inscribirme de manera “provisional” y en fase extemporánea, en la Universidad de San Carlos de Guatemala.

Conforme avanzaba por la Rectoría hacia el edificio donde nos habían citado, podía observar ya prendas de ropa tiradas y escuchar los gritos e insultos de jóvenes estudiantes que iban y venían en una dinámica de cacería, y empezaba ya a ponerme tensa.
Llegué a casa de Ana Silvia y mientras intentaba infructuosamente desprenderme el mal olor de encima y la rabia de adentro, no pude evitar llorar.

Era el Alma Mater de mis primos, primas y hermanas y tenía una reputación académica de las más pr...

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