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«Annus horribilis»
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Opinión

«Annus horribilis»

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Año horrible. Quizá recordarán ustedes que así se refería la reina Isabel de Inglaterra a los escándalos y tormentos de la familia real en 1992, cuando celebraba el cuadragésimo aniversario de su reinado. Una sensación similar deja este año que está por terminar.

Este fue el año del gallo en la astrología china, pero, si este es el signo de la madrugada y el despertar, acontecimientos como las cada vez más recurrentes catástrofes naturales, la inestabilidad política en las frágiles democracias centroamericanas y tensiones entre viejos y emergentes liderazgos ofrecen más sombras que luces en un contexto dominado por una realidad alternativa, muchas veces plagada de desinformación y noticias falsas por medio de las redes sociales.

Por estar cerca de casa, no puedo dejar de destacar la normalización de la era Trump. Aunque puede que su foto no aparezca en la portada de la revista Time, su influencia y manipulación de la agenda nacional e internacional ha sido un factor clave en el diseño de la nueva política populista, corrupta y antidemocrática conservadora, que ha repercutido en otras latitudes. Cualquier similitud con Jimmy Morales o Juan Orlando Hernández no es coincidencia.

Tanto el advenimiento como la legitimación de la política de la mediocridad, de la mentira y de un nuevo tipo de gansterismo de la administración pública definieron el primer año del gobierno republicano en detrimento de las mayorías. A ninguno sorprende que el presidente estadounidense esté cumpliendo con relativo éxito sus promesas de campaña. Pero a muy pocos importa que ello signifique instaurar una suerte de autoritarismo y de propaganda reflejados en su menosprecio de la verdad y la evidencia. Su verborrea tuitera incoherente y sensacionalista se ha convertido en política distractora de la nación, en menoscabo de los intereses de sus ciudadanos.

Si bien fracasó en su intento de desmantelar una política sanitaria que, bien que mal, logró mayor cobertura de salud, la nueva política fiscal que recién han aprobado ambas Cámaras en el Congreso es una receta para un futuro déficit y para la transferencia de riqueza a las grandes empresas, según los más expertos. No se vislumbra bien cómo todo ello va a mejorar la situación de la clase trabajadora blanca que apostó por un nuevo tipo de liderazgo para solventar sus penurias.

Pero, dados su retórica divisionista y el resurgimiento de la supremacía blanca con su complicidad, sí sabemos que aquellos que no pertenecen según los cánones del mérito trumpiano (inmigrantes, refugiados y personas de color, entre otros) seguirán estando en la mira, incluso aquellos jóvenes con genuino deseo de participar y contribuir en el (enclenque) sueño americano (es decir, los dreamers del programa DACA), cuya protección contra la deportación está por expirar en marzo entrante si el Congreso no resuelve a su favor.

Existen, sin embargo, algunos destellos de esperanza: cambios culturales que requerirán pasos más sostenidos que las campañas en redes sociales, si no, como dice Iván Velásquez, un cambio en la cultura de la consecuencia. En el caso estadounidense, la investigación y colaboración de Michael Flynn, exconsejero de Seguridad Nacional acusado de falso testimonio ante el FBI, está arrojando resultados clave sobre la injerencia de Rusia en las elecciones del 2016. Está por verse si las consecuencias alcanzan a círculos más cercanos del mandatario o al presidente mismo.

En el caso guatemalteco, el cambio cultural va desde continuar demandando estrategias de largo aliento que eviten la corruptela hasta intentar formar parte de nuevos espacios cívicos y político-partidistas que han ido cuajando desde las jornadas cívicas del 2015 con la reemergencia de nuevos actores con una mirada más articuladora y equitativa de la sociedad. Creo en la institucionalidad, pero sobre todo en la creatividad y en la imaginación para circunvalar las barreras que los sistemas construyen para blindarse, donde nuevas expresiones pueden marcar la diferencia.

Antes de finalizar el 2017, agradezco mucho a los dos o cuatro gatos que me leen, como decía el finado Jorge Palmieri. Estos han sido ya seis años de entrañable aprendizaje. A la vez que me lanzo al séptimo año en esta Plaza, que sigue dándome voz y abrigo, deseo que todos sus anhelos se vuelvan realidad e irradien compromiso, acción y cambio. ¡Que lo horrendo e incierto se transforme en oportunidades en este 2018!

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