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El equipo de la Escuela de Medicina Icahn. Cortesía de González-Reiche

«Todavía no sabemos si los anticuerpos durarán unos meses o toda la vida»: viróloga guatemalteca del Monte Sinaí

Personas con síntomas claros de la enfermedad dieron negativo a la prueba y que solo dieron positivo cuando los síntomas se agravaron mucho
Quienes tienen síntomas más graves tienden a una mayor respuesta inmune
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«Todavía no sabemos si los anticuerpos durarán unos meses o toda la vida»: viróloga guatemalteca del Monte Sinaí

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En el Hospital Monte Sinaí, de Nueva York, uno de los más prestigiosos del mundo, tanto por su atención como por las investigaciones médicas, la viróloga guatemalteca Ana Silvia González-Reiche se esfuerza con todo un equipo de científicos por trazar el árbol genealógico del SARS-CoV-2 a través de su genoma.

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Desde hace cuatro años González-Reiche es parte del equipo de investigadores de la Escuela de Medicina Icahn que se ocupa de la historia y el comportamiento del SARS-CoV-2, el nuevo coronavirus que provoca la enfermedad COVID19.

El objetivo de su postdoctorado es estudiar los virus respiratorios utilizando la genómica, «es decir, empleando las técnicas más nuevas de secuenciación genética que nos permiten estudiar la evolución de estos virus y su interacción con los organismos infectados», dice Ana Silvia González-Reiche.

Ahora vive e investiga el nuevo coronavirus en la ciudad que se convirtió hace unas semanas en el mayor foco de la infección. La enfermedad no la ha afectado a ella ni tampoco a ninguno de sus conocidos, pero sí a la intensidad de su trabajo. «El mayor impacto es que al estar involucrada en proyectos relacionados con el nuevo coronavirus el trabajo cambió y con ello se incrementó la presión para generar resultados».

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Estados Unidos y, específicamente, la ciudad de New York se convirtieron en el centro de la pandemia. ¿Por qué se llegó a esta situación?

—Pueden haber contribuido varias razones y factores. Una de ellas es que Nueva York es un centro de tránsito. Es una ciudad con mucho movimiento no solo por el turismo, sino que también por las actividades financieras y comerciales. Los aeropuertos son los centros principales que conectan con Europa, otras ciudades de Estados Unidos y el resto del mundo. Otra de las razones es la alta densidad de población de la ciudad. Nueva York es una de las metrópolis más grandes del mundo y en estos lugares es muy común la aglomeración de personas en el transporte público y en las calles.

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El Monte Sinaí realizó varios estudios relacionados con el COVID19, uno de ellos sobre el historial del virus y sus mutaciones en Estados Unidos. ¿En qué consisten?

—A medida que va transmitiéndose de persona a persona, el virus infecta las células y así copia su propia información genética. En este proceso ocurren errores, que generan las mutaciones. Estas no necesariamente son buenas o malas y muchas no tienen impacto en la función del virus. Pero las mutaciones dejan una especie de huella que nos permite reconstruir su paso entre localidades geográficas e, incluso, entre las personas que lo han adquirido. Con esta información y a través de modelos evolutivos se pueden inferir las cadenas de transmisión.

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Estos estudios nos ayudan a tener una visión de la trayectoria de la epidemia y proveen evidencia científica para evaluar e implementar medidas de control, ante la ausencia de vacunas o terapias específicas. También ayudan a determinar qué tan rápido evoluciona el virus, un aspecto importante que debe ser considerado durante el desarrollo de las vacunas.

¿Cuáles fueron los resultados de estos estudios en la ciudad de Nueva York?

—Cuando empezamos a recibir muestras de pacientes con COVID19, ya contábamos con una plataforma de investigación y vigilancia hospitalaria de otros patógenos respiratorios, como el virus de la influenza estacional, a través de la genómica. Sobre este recurso montamos el análisis del nuevo SARS-CoV-2 (es el nombre del nuevo coronavirus), en anticipación a la posible llegada del virus a Estados Unidos, y Nueva York.

El primer caso que se reportó a finales de febrero fue por exposición por viaje. Se sabía que la persona había estado expuesta y esta persona tomó precauciones y siguió las medidas de cuarentena. Pocos días después comenzaron a surgir casos de transmisión comunitaria. Estos casos comenzaron en otras áreas de las afueras la ciudad. En ese momento las autoridades modificaron los criterios para hacer las pruebas. En un inicio solo se las hacían a personas que tenían un historial de viaje a países afectados, pero luego también se extendieron a personas que tuvieron contacto con pacientes o con síntomas respiratorios. Esto ayudó a aumentar el número de detecciones y muestras disponibles para la secuenciación genética. Este tipo de muestras fueron las que nosotros utilizamos para determinar la entrada del virus a la ciudad.

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Con las primeras secuencias se hizo un árbol filogenético del virus, que es similar a un árbol familiar. Lo que encontramos fue que la mayoría de los virus en Nueva York están relacionados al que se presentaba en Europa. También vimos que el virus de los primeros casos que estaban ligados a países afectados no tenía relación a los casos de transmisión comunitaria, por lo que se infiere que las medidas de cuarentena surtieron un buen efecto y ayudaron a contener estos casos.

A través del árbol filogenético uno puede estimar en qué tiempo sus ancestros pudieron estar presentes en la ciudad. Como todo método estadístico estas estimaciones tienen un rango de incertidumbre, sin embargo, determinamos que hubo un periodo previo a la detección de los casos de transmisión comunitaria en que el virus ya estaba circulando por Nueva York.

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Una de las principales dudas sobre el COVID19 es la inmunidad que genera en pacientes que superaron la enfermedad. ¿Cuáles han sido los hallazgos del laboratorio del Monte Sinaí al respecto?

—La respuesta inmune a un virus puede variar bastante en la población. Para SARS-CoV-2, algunos estudios realizados por otros grupos sugieren que la intensidad de la respuesta inmune al virus está relacionada con la severidad de la enfermedad. Es decir, se ha observado que entre las personas con síntomas más graves muchos desarrollan una mayor respuesta inmune. Quienes tuvieron síntomas más leves también desarrollaron inmunidad, pero podrían tardar hasta tres semanas para generar una respuesta medible.

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Estos hallazgos tienen impacto al momento de decidir sobre la implementación e interpretación de las pruebas para detectar anticuerpos, y para diseñar las encuestas de prevalencia a fin de determinar quiénes han estado expuestos y quiénes no.

Otra de las dudas que está en investigación es cuánto tiempo duran estos anticuerpos luego de la enfermedad. Todavía no sabemos si durarán algunos meses o toda la vida. Ahora, como parte de dichos estudios, se están reclutando participantes para darles seguimiento y determinar la intensidad y la duración de la respuesta inmune que genera el COVID19. 

¿Qué criterios han seguido las autoridades de Nueva York para hacer pruebas y detectar el virus?

—Ya no se hacen pruebas solo a personas que tuvieron contacto o exposición al virus, sino que también a personas que presentan síntomas respiratorios. A este último grupo se les da prioridad ante la falta de disponibilidad de pruebas para toda la población, sobre todo porque probablemente sean estas personas las que requerirán de cuidados hospitalarios y atenciones especiales.

El Gobierno de Guatemala insiste en realizar pruebas únicamente a pacientes sintomáticos. ¿Qué valoración te merece?

—Se debe tomar en cuenta la cantidad de recursos que están disponibles y cómo se pueden optimizar. En Corea del Sur implementaron pruebas casi que para toda la población y eso por supuesto que tiene mucho valor porque habrá mucho más éxito de contención, ya que también se detectaran los casos asintomáticos. Sin embargo, la mayoría de los países no tienen la capacidad ni los recursos para hacerle pruebas a toda la población. Se debe priorizar a las personas que presentan síntomas más severos de enfermedad respiratoria. Pero también se debe implementar un programa de educación para que la gente sepa que si presenta síntomas leves debe quedarse y aislarse en casa. De esta manera, aunque no se tenga la certeza de portar el virus, se puede contener su propagación. 

¿Cuántas pruebas se debe hacer a cada persona para determinar si porta el virus o si superó la enfermedad?

—Hay distintas clases de pruebas para determinar la presencia del virus. La mayoría se basan en la detección de su material genético, lo que garantiza que sea lo más específica posible. Sin embargo, esta es una pregunta compleja, pues no aún no tiene una respuesta clara y en general en las enfermedades infecciosas no existe el blanco y negro. Por ejemplo, se han observado casos en los que personas con síntomas claros de la enfermedad dieron resultados negativos de la prueba y que solo presentaron un resultado positivo hasta que los síntomas eran realmente severos. Por lo mismo es importante tomar todas las precauciones desde que hay sospechas de una infección y no depender enteramente de las pruebas para tomar medidas.

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En cuanto a la recuperación, actualmente la OMS recomienda que las personas permanezcan en cuarentena y practiquen medidas de aislamiento por al menos 14 días luego que los síntomas hayan desaparecido.

¿Qué información de este nuevo coronavirus y sobre el COVID19 hace falta y sería crucial para superar la crisis?

—Uno de los datos que ayuda a informar el diseño de vacunas como de terapias efectivas al virus es monitorear cómo evoluciona. Hay disparidad entre los países que realizan secuenciación genética. A día de hoy, contamos con más de 25,000 secuencias de este virus, pero la mayoría de estos estudios son del hemisferio norte, sobre todo de Europa y Estados Unidos. Para Latinoamérica apenas hay 150 secuencias.

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Hay que invertir no solo en las pruebas de diagnóstico, sino también en el monitoreo de la evolución local del virus. Este tipo de estudios permitirán determinar si una vacuna será eficaz para todas las regiones. Tristemente esta información es muy escasa para Latinoamérica. Estos estudios son muy costosos, pero cualquier inversión que pueda hacer el Gobierno sería muy útil.

Además, este tipo de estudios también permiten evaluar la efectividad de las medidas de distanciamiento social y cuarentena. Ayuda a los gobiernos a tomar decisiones con base en evidencia científica al momento de recomendar las medidas que debe tomar la población para prevenir la transmisión. Otra fuente valiosa de información con la que cuentan los gobiernos para enfrentar la crisis es la experiencia de otros países que ya han sido fuertemente afectados por el virus. Se debe invertir mucho en investigación, pero también en informar a la población para evitar más casos.

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