Según Noji (1995), el 75% de las muertes ocasionadas por terremotos en el siglo XX ocurrieron por el colapso de edificios que fueron mal diseñados y/o mal construidos. Pero no todos los terremotos han generado la misma magnitud de desastres. Mientras California y Japón han afrontado terremotos de gran magnitud y el número de muertos no llega a 100, existe el caso de Irán, Haití y China, donde terremotos similares han ocasionado hasta decenas de miles de muertos (Jackson, 2006 y Glanz, 2011). La diferencia va más allá del nivel de desarrollo económico. La diferencia se debe a la estricta aplicación de códigos de construcción. OJO, no es la existencia de los códigos, o de estándares, sino de su aplicación.
La falta de estándares de construcción es un problema que ya sufrió Guatemala. Para el terremoto de 1976, el PNUD (1977) reconoció que uno de los factores importantes había sido la falta de regulación en la construcción. Señalaba, por ejemplo, cómo la existencia de casas de adobe era un peligro en Guatemala y en otros países de América Latina, pues temblores de 5.5 grados en la escala de Richter habían llegado a matar miles de personas. Sin embargo, de inmediato mencionaba que ingenieros civiles habían visitado Guatemala y mencionado que, a pesar de usar adobe, existían distintas técnicas de construcción de casas que pudieron haber soportado el terremoto de 1976.
¿Es este un tema que debe seguir siendo relevante hoy en día? Sí.
Si bien las casas de adobe y bahareque han bajado de 50.1% en 1973, a ser solo el 22% en el 2006, aún representan una fuente potencial de peligro, pues no ha existido un proceso para difundir mejores prácticas de construcción.
A ello se agrega que incluso las casas en la ciudad capital son inseguras. En el estudio de Arrecis y Flores (2002), encontraron que tan solo en una sección de la zona 3 podrían llegar a haber hasta 2 mil muertos y $19 millones en pérdidas, debido a la calidad de la construcción. A ello se agregan las declaraciones del vicepresidente de la Asociación Guatemalteca de Ingenieros, donde mencionaba que el 60% de las viviendas y edificios en el país no son avalados por expertos calificados, en el caso de un sismo fuerte. Algo que es fácil de apreciar con las construcciones generadas por las remesas. Pero algo que también se aprecia en varios edificios en la ciudad.
Ahora bien, sí contamos con normas de construcción. Hoy en Guatemala existen las normas AGIES (2007) para la construcción, las cuales fueron aprobadas por el Ministerio de Comunicaciones, Infraestructura y Vivienda. Dos factores ignoro al respecto. Primero, su efectividad ante terremotos.[1] Segundo, si alguien las está tomando en serio. Las mismas no son normas de construcción obligatorias a nivel nacional, pues deben ser adoptadas por las municipalidades del país.
En conclusión, parece que tras 36 años del terremoto, no hemos aprendido las lecciones para prevenir un desastre similar.
Si le interesa ver las columnas anteriores, pueden verlas aquí (1 – 2 – 3 – 4).
[1] Las normas AGIES (1999) fueron evaluadas por Benito et al. (2003) y habían logrado resultados positivos.









