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Serenata heroica para un presidente sin futuro (y un par de ideas más)
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Serenata heroica para un presidente sin futuro (y un par de ideas más)

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Vocalistas: financistas anónimos
Destinatario: presidente de República
Ellos: fiscales y populacho

I, I wish you could swim, (O, Ojalá pudieras nadar)

Like the dolphins, Like dolphins can swim (como los delfines, como nadan los delfines)

Though nothing, nothing will keep us together (Aunque nada, nada nos mantendrá juntos,)

We can beat them, for ever and ever (podemos derrotarles, para siempre.)

Oh we can be heroes, just for one day (Podemos ser héroes, solo por un día.)

I, I will be king (Yo, yo seré rey)

And you, you will be queen (Y tú, tú serás reina.)

Though nothing will drive them away (Aunque nada les ahuyentará,)

We can be heroes, just for one day (podemos ser héroes, solo por un día.)

We can be us, just for one day (Podemos ser nosotros mismos, solo por un día.)

I, I can remember -can remember- (Yo, yo puedo recordarlo -puedo recordar-)

Standing, by the wall -by the wall-) (en pie, al lado del muro -al lado del muro-.)

And the guns shot above our heads -over our heads- (Y las pistolas disparando sobre nuestras cabezas -sobre nuestras cabezas-.)

And we kissed (Y nos besábamos)

As though nothing could fall -nothing could fall- (como si nada pudiese caer -nada podía caer-.)

And the shame was on the other side (Y la vergüenza estaba en el otro lado,)

Oh we can beat them, for ever and ever (oh, podemos derrotarles, para siempre.)

Then we could be heroes, just for one day (Entonces podríamos ser héroes, solo por un día.)

We can be heroes, we can be heroes (Podemos ser héroes, podemos ser héroes.)

We can be heroes, just for one day (Podemos ser héroes, solo por un día.)

We can be heroes (Podemos ser héroes.)

“Ellos no se beneficiaron directamente”

El jueves, el Ministerio Público y la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (Cicig) describieron un esquema de financiamiento ilícito al partido oficial en el que participaron algunos de los mayores potentados del país, cabezas visibles, varios de ellos, de vastas empresas y del lobby empresarial en todo lo que respecta a la conducción de los asuntos públicos de interés general. Según los acusadores, organizaron una colecta para ayudar a Jimmy Morales a ganar las elecciones, y lo hicieron de manera delictiva. Le transfirieron al partido oficial más de Q7 millones. Durante su explicación Iván Velásquez relacionó, pero no identificó, financiamiento ilícito y corrupción. Dijo: “El financiamiento electoral ilícito ha permitido que la estructura de corrupción subsista” y también destacó que las investigaciones sugieren de manera preliminar que ellos no se beneficiaron directamente. Es decir, que no obtuvieron a título personal o mediante sus empresas contratos con el Estado que les hayan reportado beneficios. Bien, lo conciben como un atenuante, y si se atiende a una de las definiciones más habituales de corrupción (emplear recursos públicos para beneficio particular) puede parecer convincente. Quizá no lo sea tanto.

Para saberlo, probablemente sea necesario investigar más allá de los límites del derecho penal clásico y sobre todo aplicar un enfoque de redes y no de individuos, como el que han venido utilizando el MP y la Cicig en los últimos años. No queda duda (a confesión de parte, relevo de prueba) de que los empresarios actuaron como una red que se articulaba en torno a intereses. Qué tipo de intereses es lo que aún no podemos indicar. Ellos han asegurado, hieráticos, que delinquieron por el bien del país. Alguien podrá dudarlo.

Porque el financiamiento de las élites tradicionales a los partidos raramente ha pretendido sellar transacciones económicas evidentes, con la salvedad, quizá de los constructores, que dependen en buena medida de la inversión pública. El financiamiento de las élites tradicionales a los partidos ha sido mucho más astuto que eso: no buscaba principalmente contratos, sino acceso, puestos de decisión, control del marco legal, impunidad. Los torpes, los miopes, los impacientes y voraces, compran dinero; los más ambiciosos compran un estado de cosas, una delimitación favorable del sistema, un modelo de desarrollo, que es mucho menos espectacular y denunciable, pero mucho más efectivo.

Por ejemplo, que desestimen una investigación por que has desviado un río.

O que te pongan alfombra roja para que entres en cada institución pública.

O que Jimmy Morales repita con su teatral pujanza tus argumentos a favor de una hidroeléctrica.

O que el Ministerio de Trabajo proponga un manual para regular las consultas solo en el momento en que tú lo pides, y lo hubiera obviado cuando a ti no te interesaba.

O que quien organizó la colecta de fondos favorable a tu campaña termine incidiendo en los nombramientos de tu gabinete.

Estos acuerdos nunca incorporan un libro de instrucciones. Se espera que el gobierno sabrá reconocer qué es lo mejor para el país, que a menudo coincide con lo que es mejor para el negocio de sus financistas.

Política pública no es solo lo que un gobierno decide hacer, sino también lo que deliberadamente decide no hacer, de manera recurrente. De modo que la ganancia, no personal, sino de grupo, no hay que buscarla solo en lo que se hizo para beneficiarte, sino en lo que conscientemente, para beneficiarte, dejó de hacerse. La inacción es también una decisión. La inacción constituye la estrategia favorita del statu quo.

Y todo esto, como dicen algunos carteles de la Cámara de Industria para señalar cosas que no parecen podridas a primera vista, “también es corrupción”.

¿Era eso lo que pretendían en este caso particular las personas mencionadas por los fiscales: Carlos Paiz (Grupo Delta y Supermercados Paiz), Fernando Paiz, Paulina Paiz Riera, Sergio Paiz, Salvador Paiz (vicepresidente de Fundesa), José Miguel Torrebiarte (Cementos Progreso, vicepresidente de Fundesa), Felipe Bosch (presidente de Fundesa, y miembro de Corporación Multinversiones), Oscar Castillo (presidente de la Cámara de Industria en 2015), Andrés Botrán (Ingenio Santa Ana), Fraterno Vila Girón (Ingenio San Diego, padre del secretario privado de Óscar Berger), Ramiro Alfaro Samayoa (Ingenio Pantaleón), Herbert González (Ingenio Palo Gordo), José Guillermo Castillo Villacorta (Distribuidora de Occidente, etc.), Julio Ramiro Castillo Arévalo (Banco Industrial)? ¿Era eso lo que pretendían? No lo sabemos. Pero no es un detalle menor que, según MP y Cicig, las facturas salieran a nombre de las empresas y por lo tanto los pagos se hicieran a cuenta de ellas y no de personas individuales.

¿Una nueva grieta en el empresariado?

Horas después de la conferencia de prensa, un elenco de grandes empresarios reconoció el delito, pidió más o menos disculpas con un mensaje entre contrito y autoindulgente, y aseveró que lo había hecho para conjurar las mayores amenazas que se cernían sobre Guatemala. Se podría resumir la idea con un: “Delinquimos por su bien (prometemos que no se repetirá)”. La primera consecuencia no tardó en manifestarse: Jimmy Morales, presidente, desencajado, arremetió contra ellos la mañana del viernes. El distanciamiento es claro. Aquel espaldarazo que Felipe Bosch dio a Morales en octubre del año pasado, durante la celebración del Enade, se esfumo. “Yo no lo tomó a usted como un guatemalteco corrupto”, le dijo en aquella ocasión su, hasta entonces, anónimo financista.

Resultan menos obvios otros dos aspectos:

Por un lado, si el sector empresarial, impelido por un súbito hálito democrático, le retirará la conducción de sus asuntos a quienes han cometido errores tan graves en su entendimiento de la democracia representativa y ya aparecen del todo deslegitimados ante la ciudadanía, o si pesará más su dinero, su poder y su suave retractación para seguirles confiriendo su vocería.

Y por otro, qué influjo pueda tener internamente, dentro del propio liderazgo empresarial, este reconocimiento expreso de haber distorsionado la democracia mediante conductas delictivas por las que siempre hemos sospechado que se conducían los asuntos del Estado, y ahora encontramos pruebas. Cuando una parte del empresariado se divide entre apoyar a la dupla MP-Cicig  o a la conexión Ejecutivo-TuMuni-Mariscal Zavala, y otra se debate entre propiciar una transición basada en la expedita aceptación de cargos o impedir los procesos por corrupción, este mea culpa público, como las manifestaciones de otros dirigentes patronales en los últimos meses, intensificará las tensiones internas y trastornará las relaciones de confianza y de poder que se descomponen de manera no lineal desde 2015.

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