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Sepur Zarco: el recreo de los soldados
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Sepur Zarco: el recreo de los soldados

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Durante seis meses cocinaron para los militares. También lavaban entre cinco y cuatro uniformes durante cada turno cada una. Los soldados las seguían al río y también allí, recuerdan, las violaban. Regresaban al destacamento y les esperaba algo similar. Salían y sabían que debían regresar, tres días más tarde, por un trato igual o a veces peor.
Y sabía –el teniente Reyes– quiénes tramitaban la titulación de propiedades en los comités de tierra de cada comunidad. Los comisionados llevaban la lista de los campesinos que desde 1970 habían empezado a gestionar un título de propiedad en el INTA. La mayoría de nombres coincidía con el de sus esposos.
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Han pasado 30 años pero todavía no lo olvidan. Quince mujeres q’eqchíes no pueden olvidarlo. En una diligencia de prueba anticipada, sin un solo detenido todavía, estas mujeres han presentado una denuncia en el Ministerio Público por los abusos físicos y sexuales que, declaran, sufrieron por parte del ejército de Guatemala. Una imputación que se ha postergado tres décadas. Sus testimonios, sin embargo, junto a otros cuatro testimonios de hombres tristes que las acompañaban desde su comunidad, han sido recopilados y escuchados por el juez de Primera de Instancia Penal de Alto Riesgo, Miguel Ángel Gálvez, para establecer investigaciones correspondientes e individualizar a los acusados.

A partir de los 19 testimonios, la historia del destacamento militar de Sepur Zarco, entre Alta Verapaz e Izabal, tiene una atmósfera oscura, de incontables ausencias a su alrededor, y la dolencia, como resabio, que deja la esclavitud sexual para más de 20 mujeres durante el Conflicto Armado Interno. Y por primera vez –a diferencia de las violaciones de mujeres en Ruanda o Yugoslavia– existe la posibilidad de que en un futuro próximo estos delitos de lesa humanidad sean juzg...

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