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Sal en las heridas

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Opinión
12 10 18

Read time: 2 mins

Una depresión tropical azota mi ventana mientras Courtney Barnett dice: «I love very much being here with you, / but, you see, all this small talk is killing me».

El estilo fresco y desenfadado de esta australiana, que explica en sus letras cómo funciona el universo paralelo que refleja en álbumes como Sometimes I Sit and Think, and Sometimes I Just Sit (2016) y Tell Me How You Really Feel (2018), suele sacarme una sonrisa, aun mientras reviso los estándares para la elegibilidad de ciertos gastos y la clasificación de riesgos en uno de aquellos infinitos informes de auditoría que deberían contener una etiqueta que advierta sobre los posibles o casi seguros efectos depresivos de leer con detalle sus hallazgos.

Hago una pausa para el café, y seguramente el clima lluvioso me trae a la cabeza un encuentro poco memorable en San José de Costa Rica, que debe de haber tenido como música de fondo la versión en español de Trac trac, de Os Paralamas do Sucesso. Era una de esas jornadas de varias reuniones en un día que se zanjan con una cerveza antes de empezar con el informe de viaje.

El tipo había ganado peso y canas con los años. Cuando la Corte Suprema ordenó su captura por un caso de mal uso de fondos reservados, la policía, escoltada por un pelotón de periodistas, decidió tomar el camino más largo para buscarlo en su casa mientras él huía por el camino más corto hacia el aeropuerto. La solicitud de asilo político sería aprobada unos días más tarde, después de que su avioneta aterrizara en el Juan Santamaría. Allí estaba el brillante economista neoliberal caminando en las calles del paraíso tico, desapareciendo sin prisa por la esquina, sabiendo que no existía un tratado de extradición para su caso.

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Las siguientes palabras en esta historia están en el capítulo del Código Penal sobre la prescripción de las penas. El brillante economista neoliberal regresaría al pequeño país en los Andes casi 11 años después para seguir con su inmutable discurso sobre las bondades del modelo capitalista.

Sonrío pensando que su caída también fue causada por la revisión de unos gastos inelegibles. Seguramente un auditor escribió un informe que seguramente alguien más juzgó como el inicio del camino a la locura, pero acabó llevando al economista neoliberal de esta historia a renunciar a la vicepresidencia de la república y a subir a toda prisa en un avión.

Sigo sonriendo en la noche mientras veo a David Grohl en Foo Fighters: Back and Forth, el rockumental de 2011. Mañana será otro día para hablar de hallazgos y de control interno en un mundo en el cual las apariencias cuentan tanto como las formas, como en el caso de un Banksy que ha pasado por una trituradora de papel.

Era una de esas jornadas de varias reuniones en un día que se zanjan con una cerveza antes de empezar con el informe de viaje.
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