Chapín, economista, crema y apasionado por Jesús y Guatemala. Con experiencia en servicio público a nivel nacional y municipal, dirigente deportivo, consultor en temas de urbanismo, ciudadanía, liderazgo, economía, finanzas y políticas públicas. Conductor del programa de Radio Temas y Debates en Radio Infinita y analista/entrevistador los díás jueves en A las 8:45 y conductor de Este o Este los domingos en Canal Antigua.

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Reglas básicas de convivencia

Las reglas básicas de convivencia se aprenden en casa. Miguelito le dice a Mafalda: “Comprensión y respeto eso es lo importante para convivir con los demás, y sobre todo ¿sabés qué? No creer que uno es mejor que nadie”.

Parece sencillo, pero como hemos podido ver en los últimos días no es fácil de aplicar. No me refiero exclusivamente a los enfrentamientos entre estudiantes, MINEDUC y PNC. Revise las publicaciones en redes sociales y en todos los medios digitales. Nos encanta faltarnos el respeto. Hasta somos creativos para hacerlo. Recordando anécdotas del recreo en el colegio. Nos fluye.

Le faltamos el respeto a otros y le faltamos el respeto a las autoridades pero nos enoja que nos falten el respeto a nosotros. Yo tengo libertad de expresión y puedo decir lo que se me da la gana, de la forma en que quiera y a quien quiera. Pero si me lo dicen a mi los elimino de mi twitter, facebook o si pudiera físicamente. ¿Cómo se atreven a faltarme el respeto a mí? ¿Quién se creen que son (etiquetas, etiquetas y calificativos) para escribir eso de ellos? ¿De mí?

La regla dorada dice que debemos tratar a los demás como quisiéramos que nos trataran a nosotros. No dice; “Tratá a los demás como te traten a vos”. No. Así la interpretan muchos. Nos gusta atacar, insultar, criticar, denigrar, desprestigiar, etc… pero cuidadito y lo dicen de mí. Conmigo no se metan. No me miren o hablen mal porque lo considero intento de censura. Yo puedo insultar y usar mis prejuicios para decirle oligarca hijo de tantas, indio huevón, patojo marero, político de mi…, pero si me lo dicen a mí o a los “míos” se meten en problemas. Disfrutamos destruir y denigrar a otros. Nos llena. Nos permite desahogarnos.

¿Saben cuál es el problema? Que así no podemos convivir. No podemos dialogar. No se generan las condiciones para profundizar en los temas y encontrar soluciones consensuadas. Es imposible formular políticas públicas participativas que permitan plantearnos una visión de futuro basada en el bien común. El bien común es lo que a mí y a los “míos” nos beneficie ahora. Mañana ya veremos.

Las reglas básicas de convivencia no las sabemos de nacimiento. Las tenemos que aprender y depende del entorno en el que vivimos. Hay cosas y formas de tratarnos que son permitidas entre hermanos, familiares o amigos cercanos que no nos atreveríamos a hacer con algún extraño o alguien menos conocido.

Debemos respetar a los mayores, a las autoridades, a los demás y las normas. Debemos ser corteses y saludar al llegar a algún lugar. Despedirnos al salir. Guardar silencio si el lugar o el momento lo amerita. Si tomamos algo debemos devolverlo en las mismas condiciones que lo tomamos y al lugar de donde lo tomamos. Si ensuciamos algo lo limpiamos. Si botamos algo lo recogemos. Si rompemos algo lo reponemos. Si pidió prestado pague o devuelva. Sino viene a ayudar por lo menos no estorbe. Si quiere algo que no es suyo pida permiso.

Reglas básicas de convivencia que debemos aprender en casa. De nuestros papás y nosotros enseñarles a nuestros hijos. Parecen cosas muy sencillas. Pero es la base de una convivencia armónica y de lo mínimo que necesitamos para poder operar como sociedad.

No es de prédicas, discursos o señalamientos. Se trata de enseñar con el ejemplo. Demostrar con nuestra actitud nuestra altitud. Hacer el bien sin importar a quién.

Dios los bendiga y siempre les recuerdo que toda la gloria, la honra y el honor son siempre para Jesús.