¿Quién censura a quién?

Constantemente tendemos a mirar una parte del todo, esa donde se ponen los focos, esa sobre la cual se centran las miradas. La censura hacia y desde los medios no es la excepción.
Sea para no comprometerse, quedar bien con sectores, desgastar a otros, equiparar sus agendas con el temario tradicional, ajustar sus compromisos a los intereses de los gobiernos de turno, los medios regulan el termostato según los momentos y las oportunidades.

La censura hacia los medios de comunicación está en boca de gobiernos y sectores de interés a lo largo del globo. Se vocifera con fuerza si los medios deben o no ser sujetos de limitaciones en su quehacer. Ese asunto transciende las fronteras ideológicas de los gobiernos, tanto los conservadores como los progresistas están de acuerdo en limitar las voces que se pasan de la raya, todo lo que supere los “límites de lo políticamente válido”.

¿Qué pasa con la otra cara de la moneda? Los medios imponen censura, con mayor fuerza y desde hace décadas. Utilizan una serie de estrategias, especialmente en sociedades poco desarrolladas, en materia de periodismo democrático e investigativo, con distintas orientaciones. Sea para no comprometerse, quedar bien con sectores, desgastar a otros, equiparar sus agendas con el temario tradicional, ajustar sus compromisos a los intereses de los gobiernos de turno, los medios regulan el termostato según los momentos y las oportunidades. 

En el medio nacional, un común denominador de la mayoría de medios tradicionales es dar la espalda a lo que sucede en las profundidades de nuestra dispar sociedad. Las coberturas periodísticas se reducen al plano urbano bajo enfoques tradicionales que atienden lo que ofrece noticia esporádica, sin análisis y contrastes.

Los escenarios de conflictividad social han logrado colarse, parcialmente, en las agendas de los medios pero desde enfoques que apuntan a su carácter “disfuncional”. Se trata, entonces, de apelar a una agenda acotada, en conveniencia mutua entre medios y sectores de poder, interesados en minimizar todo cuanto se salga del supuesto molde.

Lo sucedido en Santa Cruz Barillas, en San José del Golfo, en las áreas donde existen inconformidades de fondo sobre la explotación de recursos naturales, todo lo relativo a las consultas comunitarias aparece por pedazos; como informaciones dispersas. Las opiniones recogidas se orientan a las supuestas acciones violentas de las propias comunidades, sus resistencias al desarrollismo, las manipulaciones de las que son objeto y las motivaciones de fondo que inspiran esa suerte de rechazo alimentado desde afuera. Mientras tanto, los inversionistas, los referentes ideológicos de ese tipo de pensamiento y los sectores proempresariales del gobierno hacen fiesta; se allana el camino para que las iniciativas que apuntan a la normalidad, al aislamiento de las tonalidades y a la vigencia del modelo social que insiste en la continuidad, donde prevalecen los reacomodos de poder.    

 

 

Renzo Rosal es politólogo guatemalteco. Es director de Incidencia Política de la Universidad Rafael Landívar y es integrante del Foro Guatemala y de Convocatoria Ciudadana. rlrosal@url.edu.gt

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