
Que se les eduque para pensar, no para obedecer
Al día de hoy, todo indica que un buen número de quienes les “favorecieron” con su voto, ya estarán arrepentidos de haberlo hecho aunque no hay que dejar de considerar que la situación podría estar igual o peor si hubiese sido el candidato del partido Libertad Democrática Renovada (Lider), quien estuviera gobernando.
Lo que el entonces presidenciable de la derecha conservadora y militarista ofreció durante su anticipada, prolongada y millonaria campaña electoral, ahora, como gobernante, está muy lejos de lo que se esperaba y, quizá, sólo en materia de seguridad, algo esté logrando. Sus incondicionales partidarios y más furibundos adversarios, tendrán en cuenta que después de dos campañas por llegar a gobernar, el PP, sus cuadros y dirigentes se suponía que tendrían que haber estado preparados para, en el momento de asumir el poder, desempeñar sus cargos y responsabilidades con suficiente competencia y eficacia, eficiencia y capacidad.
Las cosas, en todo caso, no están así y no son así. Ello, tiene sus causas y consecuencias, raíces y efectos. Una es la debilidad principal del gobierno actual y cuatro los componentes en que se expresa y manifiesta.
Su debilidad principal está en la composición e integración del gabinete y la deficiente e incompetente gestión pública. Esta debilidad principal se expresa y pone de manifiesto en: 1) las contradicciones y disputas por el control del poder y el reparto de los grandes negocios; 2) las precipitadas, improvisadas y no bien fundamentadas, inconsistentes y distractoras propuestas e iniciativas; 3) las limitaciones e incapacidad para enfrentar y darle una salida aceptable y razonable a los conflictos sociales; y, 4) el poco apoyo con que cuenta
En política, se considera como debilidad principal lo que a un gobierno lo hace vulnerable y le impide y dificulta concretar lo que se propone. En cuanto al poco e insuficiente apoyo con que pueda contar, en nuestro caso, a partir de la llamada transición democrática, no ha habido un solo gobernante que cuente con el respaldo y apoyo de una fuerza política consistente, respetable.
En general, los resultados de las votaciones habidas desde entonces, son un indicador válido a tener en cuenta, sobre todo, por el significado e importancia de los votos nulos, los votos en blanco, la abstención y el alto porcentaje de quienes no han votado por el candidato “ganador”.
El partido y los aliados de última hora así como los financistas del actual mandatario, durante la segunda vuelta apenas si contaron con el voto del 31 por ciento de los ciudadanos empadronados. El restante 69 por ciento se abstuvo, anuló su voto, votó en blanco o por el otro candidato. Una lectura rigurosa de lo descrito, explica el limitado respaldo ciudadano al gobierno y la poca consistencia y prestigio del partido que lo postuló y de sus oportunistas y acomodaticios aliados de último momento.
Una situación así, en su conjunto, determina e incide en que la gobernabilidad y estabilidad continúen estando en alto riesgo y que los conflictos sociales no resueltos se ahonden y agraven y se profundice, aún más, la ya tan de por si agravada y profunda crisis económica, política e institucional.
Tanto en el campo como en las ciudades, los conflictos sociales tienden a expandirse y generalizarse. La lucha contra la minería a cielo abierto y otros recursos no renovables, por el derecho a la tierra y contra los desalojos y asesinatos de campesinos y activistas sociales en el área rural y contra la reforma en el pénsum de estudios de magisterio, es apenas la punta del iceberg.
Después de haber logrado concluir por medios políticos un enfrentamiento armado de más de 36 años, resultaría intransigente e incomprensible oponerse y cuestionar la vía del diálogo y las conversaciones a fin de darle salida y resolver los actuales conflictos sociales. Lo que no resulta aceptable es que se hable de conversar y dialogar para darle largas a los asuntos y tratar de confundir y dividir. Recurrir a la amenaza, la intimidación y la represión policial, es reprobable.
Los adolescentes y jóvenes estudiantes de las escuelas normales del país tienen razón cuando exigen que se les eduque para pensar, no para obedecer. Es el reclamo que los une, organiza y moviliza y expresa a lo que nuestro pueblo más anhela y aspira y por lo que lucha: que las cosas cambien a fondo y el país avance hacia una etapa superior de desarrollo y progreso, equidad y justicia social, democracia y libertad, soberanía e independencia.
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Comentarios
Excelente artìculo. Es
Puntos: -1
Excelente artìculo. Es evidente que hacer alianzas para alcanzar el poder hace perder la visiòn que pudo tener alguna vez el PP. No existe en Guatemala un Partido con Ideologìa bien definida ni con personas identificadas con el tipo de pensamiento filosòfico que oriente a una agrupaciòn polìtica. Solo terminan siendo siempre movimientos electoreros para colocar en los puestos claves a gente que se enriquezca y retribuya las "inversiones" de los financistas del candidato ganador. De allì que no se tengan personas idòneas en este gobierno, salvo un par de ellas, los demàs son cuestionables.
Ojalà a este gobierno no se le vayan de las manos las cosas que prometiò, sobre todo la seguridad. Tanto que se hablaba de "caràcter" y se mofaban de lo mandilòn que resultò ser Colom pero hasta el momento, no vemos todavìa hechos. En Comunicaciones vale la pena reconocer que estàn mejorando los caminos deteriorados pero hace falta pensar en intercomunicar màs a los pueblos para lograr su desarrollo. Educaciòn que de momento es la comidilla es necesario dialogar con la poblaciòn estudiantil que no por venir de la clase media baja y baja, no son dignos de ser escuchados. Què fàcil resulta para un funcionario, en su poltrono de acomodado servidor pùblico harto remuneado, decir que hay que hacer cambios, que conllevan gastos para los padres de familia. Un poco de sentido comùn y buena voluntad, serìa lo necesario para hacer de este paìs un lugar digno de vivirse.
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