Juan José Guerrero Pérez es médico y cirujano con maestría en docencia universitaria. Escritor e investigador, ostenta el Premio Internacional de Ensayo Mariano Picón Salas (2005) del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, de Caracas, Venezuela. Ha sido docente de la URL y la USAC. Actualmente es Director del Campus San Pedro Claver, S.J. de la Verapaz de la Universidad Rafael Landívar.

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¿Policía Nacional Civil o ejército?

De cierto tiempo para acá se preconiza en la televisión nacional la imagen de un policía nacional civil con la cara pintarrajeada al estilo kaibil, de mirada agresiva y lenguaje gestual atemorizante.

Se percibe que se trata de una reingeniería de la PNC y si vamos a entenderla en su más simple significado como: “Volver a empezar” o “Un rediseño radical y la reconcepción fundamental de sus procesos para lograr mejoras sustantivas” pues, ninguna duda cabe en cuanto la necesidad de esa retroalimentación.

Sin embargo, ante la sintomatología que presentan los policías que se exhiben en la televisión nace la duda: ¿Hacia dónde se está dirigiendo esa reconversión? Porque, la formación de un policía del orden civil, hasta donde tengo entendido, debe estar en sintonía con la razón de ser de la institución que, en este caso, son los Acuerdos de Paz.

En el Acuerdo sobre Fortalecimiento del Poder Civil y Función del Ejército en una Sociedad Democrática quedó plasmado el adeudo en relación a la seguridad pública: Creación de una nueva policía civil dirigida por civiles y estructurada en su mando bajo la cobertura del Ministerio de Gobernación. Presupone el Acuerdo recursos suficientes y la inclusión de áreas especializadas en los temas de nuestra multietnicidad y pluriculturalidad. Desafortunadamente, en su inicio, se incluyó a personal perteneciente a la antigua Policía Nacional y la Guardia de Hacienda. Se olvidó aquel dicho popular que reza: “Loro viejo no aprende a hablar”.

Históricamente, la antigua Policía Nacional fue la cenicienta de las fuerzas del orden en Guatemala. Antes y durante el conflicto armado interno se ninguneó en aras del constante fortalecimiento del ejército. Situación de cierta manera entendible en tanto el inicio y devenir de la guerra intestina que nos azotó durante tres decenios, pero ¿puede aceptarse semejante condición en el hoy y ahora de Guatemala?

Estamos en la segunda década del siglo XXI, una era postconflicto, con la globalización metida hasta debajo de la mesa, la postmodernidad intentando hacer presa de nosotros y nuestro gobierno, en lugar de formar fuerzas del orden civil acordes a los tiempos que vivimos, pretende constituirlos como se hacía en el contexto de la Guerra Fría y a tenor del acontecer de una república bananera.

El fortalecimiento de la institución actual debe realizarse bajo la égida de una adecuada descentralización, para la prevención, con enfoque de género y étnico, para la protección ambiental y muy especialmente, debe vigorizarse la cuestión de los derechos humanos en su más amplia y profunda significación. Pero, la tipología que se promueve en la televisión no es acorde ni con los compromisos contraídos en los Acuerdos de Paz  ni con el perfil de policía civil que necesitamos.

La Policía Nacional Civil es imprescindible al Estado a fin de que éste pueda garantizar nuestro caminar. Para ello, esa fuerza debe actuar dentro del entorno de los derechos humanos y proteger la vida de los ciudadanos y ciudadanas; garantizar nuestra seguridad física y la de  nuestros bienes y, muy primordialmente, velar por el libre ejercicio de nuestras libertades. ¿A cuenta de qué se está formando entonces a un “nuevo” policía con las características de un soldado kaibil?

No podemos negar que visto de perfil nuestro Presidente se parece mucho al general Jorge Ubico Castañeda pero ello no significa que deba actuar como aquel tirano: Presentándose ante el pueblo montado en su caballón (al cual el pueblo denominó El Caballón de Ubico), recorriendo los caminos en una moto Harley Davidson y ordenando que se le cuadrara hasta el más sencillo policía municipal.

Y como en Guatemala todo se imita, ahora, hasta a los policías de las más recónditas municipalidades se les ve cuadrarse y taconear cuando pasa su alcalde. Al mismo tiempo gritan: ¡Seeeeñooor!

¡Vaya que se ven ridículos!

La Policía Nacional Civil debe actuar dentro del entorno de los derechos humanos y proteger la vida de los ciudadanos y ciudadanas; garantizar nuestra seguridad física y la de nuestros bienes y, muy primordialmente, velar por el libre ejercicio de nuestras libertades.