
Memoria histórica: base para la justicia y la reconciliación
Lo mismo hacen los judíos en memoria de las incontables muertes en el Holocausto. Más recientemente pero con el mismo espíritu, los estadounidenses recuerdan cada 11 de septiembre a las víctimas de los atentados suicidas en New York y otras ciudades. En los primeros casos ha pasado ya más de medio siglo; en el segundo se cumplieron diez años de tan terribles sucesos.
Así como estos, hay tantos otros homenajes en varias partes del mundo por motivos similares. Además de los homenajes, construyen monumentos y museos e incluyen esas historias en los libros escolares para aleccionar a las nuevas generaciones. En circunstancias normales, la gente generalmente recuerda, no pretende hacer borrón y cuenta nueva; lejos de darle la espalda al pasado, vuelven a él una y otra vez, no con un ánimo masoquista sino con el propósito de recordar los horrores que deben condenarse y evitar su repetición.
Mientras eso sucede en otras latitudes, en nuestro país se relativiza el dolor y la muerte, y se minimiza el terror ocurrido durante la época de la represión de Estado; en el peor de los casos, simplemente se desconoce. Estas justificaciones, si se le puede llamar así, tienen al menos tres formas.
La primera es de naturaleza ideológica. Este argumento suele justificar el crimen y el terror, sobre la base de que era necesario para “salvar” al país de un supuesto comunismo cuyo origen atribuyen al gobierno de Jacobo Arbenz. En caso contrario, afirman quienes sustentan esta tesis, estaríamos como Cuba o Nicaragua en su momento. Generalmente, este anticomunismo va acompañado de un fanatismo religioso pues con el supuesto comunismo veían venir también el ateísmo.
La segunda justificación aboga por el borrón y cuenta nueva, sin razonamientos profundos. Este argumento sostiene que ahora ocurren más muertes que en la época de la guerra (otro eufemismo que oculta la época del terror de Estado) y que por eso deberíamos olvidar el pasado y ocuparnos del presente.
Finalmente, el otro motivo que creo puede explicar la amnesia histórica y la indiferencia es la simple ignorancia de los hechos que ocurrieron.
A mi criterio, esta forma de ver (o no ver) el pasado reciente de nuestro país, nos ha acarreado como sociedad una serie de consecuencias negativas. La más preocupante es la relativización del dolor y la muerte. Hay quienes justifican los crímenes y abusos porque supuestamente, los otros estaban del “bando” contrario, sin reparar que muchas de las víctimas eran personas desarmadas, incluyendo ancianos, mujeres y niños, algo que ameritaría una condena como crimen de lesa humanidad en cualquier tribunal internacional. También y por la misma razón, hay quienes piden que a los supuestos responsables de dichos crímenes se les administre justicia y no venganza. Los que piden borrón y cuenta nueva porque eso ya es “pasado”, relativizan el dolor y la muerte, como si una vida que se perdió hoy, digamos por razones de la violencia común, valiera más que una que se perdió hace 30 o 20 años, como causa del terrorismo de Estado. Estas posiciones olvidan que una vida humana es valiosa no importa cuándo, no importan dónde, no importa quién.
Quienes piden justicia, con toda razón, por una muerte ocurrida hoy, deberían compartir su mismo anhelo con quienes en el pasado perdieron familiares o amigos. Se supone que una sociedad que dice llamarse cristiana debería entender esto pero en nuestro caso parece que no es así. En cuanto al desconocimiento histórico, puede comprenderse pero no aceptarse. Es tarea de la sociedad y el Estado, particularmente a través de la educación, dar a conocer el pasado y evitar repetirlo o justificarlo.
Solo a partir de reconstruir la memoria histórica es posible lograr la reconciliación y la justicia. Para ello se requiere la voluntad de todos los sectores de la sociedad y del Estado. De lo contrario, seguiremos inmersos en una sociedad enferma, que no condena los crímenes del pasado –como sí ocurre en cualquier sociedad medianamente civilizada– sino incluso pareciera premiarlos. Al hacerlo de esa manera, seguiremos mostrando falta de respeto no solo por las vidas arrebatadas por el terror de Estado sino también y sin percatarnos quizá, por las vidas que ahora nos arrebata el crimen organizado o la delincuencia común.
Nací en las nubosas montañas de Uspantan (Quiché) donde fui testigo del terrrorismo de Estado contra la población civil. Tengo la fortuna de haber podido estudiar, primero Economía (en Guatemala) y luego Ciencias Políticas, en los Estados Unidos. También estudié historia de las ideas políticas en la Universidad de Salamanca, España. Me gusta la literatura en general y en particular la hispanoamericana del siglo XX. Me interesan ademas los temas de filosofía política contemporánea y la economía del desarrollo. Ahh… y seguidor del FC Barcelona !
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