A las puertas de algo nuevo

¿Asistimos a más de lo mismo, o estamos a las puertas de procesos políticos que sí encarnan cambios de fondo? Esa es una pregunta absolutamente válida de cara al momento actual.
El avance de los capitales emergentes, cuyos operadores tienen mayores posibilidades de alcanzar puestos relevantes, obliga a los tradicionales a entrar en el juego de la convivencia, de la enemistad de día para los amores nocturnos.

Si nos atenemos a los ofrecimientos y declaraciones de los más variados candidatos, la respuesta se acerca más a la confirmación de las mismas características que han marcado los procesos electorales recientes. Ahora bien, si analizamos con mayor detenimiento, varios aspectos están en franca construcción.

Ocurre un ejercicio de convivencia entre los capitales emergentes y los tradicionales. Ambos se necesitan mutuamente, aunque ello conlleve negociaciones y ceder espacios de poder.  La propuesta de varios partidos, especialmente de Patriotas y Uneístas, atestigua este recambio. Para los sectores del empresariado tradicional, su aspiración de  empujar un proyecto propio deberá esperar a otro momento. No les ha más quedado remedio que poner los huevos en varios canastos. Pero eso no es suficiente. El avance de los capitales emergentes, cuyos operadores tienen mayores posibilidades de alcanzar puestos relevantes, obliga a los tradicionales a entrar en el juego de la convivencia, de la enemistad de día para los amores nocturnos. Ha sido el sector financiero quien puso la primera piedra en ese edificio en construcción. Su vitalidad y posibilidades de crecimiento dependen que unos y otros hagan uso de sus recursos. Pragmatismo y perversión de todo cuanto limite el crecimiento de ese sector, son las razones que dominan sus relaciones.

Los capitales de alcurnia tienen antecedentes de ese tipo de contubernios. Los pusieron en práctica durante el conflicto, cuando establecieron relaciones con los militares. Ambos se rechazaban pero estuvieron dispuestos a la convivencia en cuanto el “enemigo” representó un factor de mayor escala al esperado. La repugnancia cedió al aprovechamiento mutuo. Similar  proceso ocurrió a finales del siglo XIX, cuando bajo el régimen “liberal”, unos y otros se aliaron en pos de objetivos políticos comunes.

El asunto ahora es más que un simple compadrazgo. Se trata de apostar por un modelo político y económico de carácter híbrido, donde no es suficiente relacionar los objetivos viejos y nuevos, sino la creación de uno distinto, con mayores recursos, nuevas lógicas de relacionamiento y penetración, nuevos liderazgos para el largo plazo, formas distintas para seguir haciendo negocios a costa de un Estado precario, estrategias mejoradas para el aprovechamiento de la institucionalidad  y otros vehículos para captar la atención de las personas.

Renzo Rosal es politólogo guatemalteco. Es director de Incidencia Política de la Universidad Rafael Landívar y es integrante del Foro Guatemala y de Convocatoria Ciudadana. rlrosal@url.edu.gt

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