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La justicia de los perrajes
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La justicia de los perrajes

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Minutos después de escuchar la sentencia del Tribunal A de Mayor Riesgo en contra del teniente Reyes, el mismo que las forzó a trabajar en Sepur Zarco durante seis meses, el que permitió que fueran violadas por su tropa, las mujeres de Sepur Zarco, mostraron el rostro, debajo de sus perrajes sonreían y saludaban.
Imagina entonces que sobrevives. Y a pesar de eso, la comunidad dice que tuviste la culpa porque no falleciste, porque dejaste que te hicieran, porque a pesar de las armas... La gente te señala, “la viuda”, “la que le gustan los hombres”, “la puta”, “las caseras del Ejército”.
Las mujeres de Sepur Zarco alzaron sus brazos luego de que el Tribunal dictara sentencia. Para las abuelas de Sepur Zarco, el juicio ha sido una oportunidad de relatar lo que les ocurrió, porque antes —ni durante la firma de la paz en 1996, ni durante la elaboración de los informes de la verdad—, nadie les había preguntado sobre sus sufrimientos.
El exteniente Steelmer Reyes Girón, el máximo encargado de Sepur Zarco, fue condenado a 120 años de cárcel por delitos contra deberes de la humanidad en su forma de violencia y esclavitud sexual y múltiples asesinatos.
El jefe de los comisionados militares, Heriberto Valdez Asij, deberá cumplir una condena de 240 años, por haber participado en la desaparición forzada de siete campesinos y la violación sexual —como delito de lesa humanidad— cometida contra las mujeres que sobrevivieron a Sepur Zarco.
“Nuestro corazón es Sepur Zarco”, respondía el público como solidaridad a las ancianas que eran resarcidas por la justicia.
La despedida antes de dejar la Corte Suprema de Justicia.
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Tiempo aproximado de lectura: 15 mins

El Sistema de Justicia de Guatemala ha dicho que no era mentira. La violencia sexual dentro del destacamento militar de Sepur Zarco fue real. Más de una decena de mujeres debieron esperar 34 años para este reconocimiento por parte del Estado. Detrás de la sentencia, sin embargo, hay una historia más profunda, de autoafirmación, un proceso mediante el cual Guatemala logró juzgar un delito que había sido excluido de las violaciones a Derechos Humanos luego de la firma de la paz.

No son las mujeres más débiles de Guatemala. Al contrario. Han tenido que pasar más de 30 años en un proceso (personal y colectivo) para ellas entender su silencio y entonces buscar la forma de destruirlo. Hoy han conseguido que su voz resuene, fuerte, en idioma q’eqchi’, frente al Tribunal A de Mayor Riesgo. Y su silencio, el que guardaron durante décadas, ahora es una sentencia. Hay culpables. Hay condenas. El Ejército de Guatemala las hizo esclavas y abusó de ellas sexualmente a principios...

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