"La guerra no ha sido una solución"

Alejandro Agudo Sanchiz, doctor en Antropología Política, se dedica a estudiar la violencia desde sus raíces. El catedrático investigador de la Universidad Iberoamericana de México estuvo en Guatemala para dar una serie de conferencias sobre la violencia, en donde cuestionó los elementos históricos de la inseguridad y el rol de Estado como regulador de las políticas de seguridad.

"Desde Estados Unidos vienen armas a México, el caso más conocido fue el episodio de “Rápido y Furioso” el año pasado, cuando funcionarios estadounidenses aceptaron haberle entregado armas al narco para iniciar investigaciones, pero se salieron de control y se filtró a la prensa. Estados Unidos tiene responsabilidades y las tiene que asumir".
"La despenalización sería una forma de administrar problemas en lugar de erradicarlos. No creo que la despenalización sea la panacea".

La política vive en las comunidades, asegura Agudo, así como en los hogares, donde se constituyen las relaciones de poder. Desde este ámbito, lo político depende de las desigualdades y se enfoca en las familias y en las fábricas porque de lo contrario, lamenta, no se podrá comprender qué sucede en estos espacios, apartados de la política institucional, pero llenas de relaciones de poder.

En las conferencias el investigador español habló de ciertas herencias del colonialismo como generadoras de violencia. Una mezcla de elementos racistas y clasistas que se expresan en escenarios cotidianos. Esto, desde su perspectiva, se palpa  más en Guatemala que en México porque aquí no se hizo un esfuerzo de incorporar sistemáticamente a las poblaciones indígenas al resto de la población. En México la antropología jugó un gran papel porque hubo una serie de políticas públicas que iban destinadas a crear una nueva nación incorporando estas diferencias bajo la bandera del mestizaje.

Agudo apuesta por la generación de políticas preventivas de la violencia y analiza con cautela al narcotráfico uno de los grandes detonadores de la inseguridad regional. Cuestiona la política anti narco del gobierno de Felipe Calderón, pero, también considera necesario un debate profundo y sereno de la despenalización.

Usted cuestiona permanentemente el rol del Estado en cuestiones de inseguridad y violencia.

La ciencia política tiende a ver al Estado como una persona. El Estado combate el narco, como una especie de Dios. Pero nosotros nos preguntamos: ¿Qué es el Estado? ¿Quién es el Estado? Nosotros desmenuzamos el Estado. ¿De qué Estado me estás hablando? ¿Del policía que me extorsiona todos los días?

Cuando educo a mi hijo mediante la escolarización formal y pienso que es la única manera de educarlo, ya estoy contribuyendo a esa mentalidad estatal. Cuando damos por sentado que la única forma de combatir la inseguridad es con la violencia y dejando de un lado las políticas preventivas, somos parte de esa mentalidad estatal.

Pero, la idea generalizada es que las leyes pretenden regular estas conductas para buscar el bien común de la sociedad…

Las leyes son el conjunto de normas que han de cumplirse a rajatabla, por encima de los ciudadanos. Pero, ¿quiénes hacen las leyes? ¿Qué procesos entran para definir lo que es legal o lícito? Creemos que nos gobiernan las leyes pero nosotros hemos contribuido a que las leyes sean como son. ¿Qué viene primero? ¿La teoría o la práctica? Las leyes son consecuencia de la práctica.

Los juristas cuentan las cosas como “deberían ser”, utilizan un lenguaje prescriptivo, normativo, nosotros sólo queremos informar de lo que realmente es.

El presidente Santos de Colombia y ahora el de Guatemala promueven el diálogo sobre despenalización de las drogas de manera regional. Viviendo en México, ¿cuál es su lectura sobre la guerra al narcotráfico?

Hay factores locales y globales. Desde un punto de vista político institucional, es conveniente enfatizar que el problema no es únicamente de México, sino está formado por los flujos locales: dinero, armas y droga.

Desde Estados Unidos vienen armas a México, el caso más conocido fue el episodio de Rápido y Furioso el año pasado, cuando funcionarios estadounidenses aceptaron haberle entregado armas al narco para iniciar investigaciones, pero se salieron de control y se filtró a la prensa. Estados Unidos tiene responsabilidades y las tiene que asumir.

Hace poco se supo que un banco inglés se beneficiaba del lavado del narcotráfico mexicano y obtuvo una multa simbólica sobre estas actividades.

La administración de México lo sacó a relucir para decir: “la culpa no sólo la tenemos nosotros”. Hay que ver estos aspectos globales pero también deberíamos ver la cuestión local.

En México, los mandos locales han sido sustituidos por oficiales federales.

Esta lucha de manera local tiene que ver con no comprender lo que está ocurriendo en estos lugares. El gobierno envía una fuerza federal a combatir el narco en algunas ciudades y quita a la policía local. Se supone que las autoridades locales son ineficientes y corruptas porque tienen que ver con administrar localmente las ilegalidades. Si pretendes limpiar, hacer tabla rasa y aplicar medidas punitivas, se puede caer en el riesgo de crear más problemas. Es un debate bastante ríspido. Hay muchos que propugnan que el crimen organizado debe ser combatido. Y allí volvemos a la idea del Estado fuerte.

¿Cuáles son los planteamientos de estas luchas?

Ahora existe un enfrentamiento entre los que propugnan que debemos estancarnos en esas categorías fijas y pese a la pérdida de vidas, se debe mantener el combate frontal.

Pero hay otros que dicen que hay varios tipos de violencia. ¿Quiénes son los muertos? ¿Eran necesarios? ¿Basta con decir que esa violencia era necesaria? Hay todo tipo de muertos, incluyendo niños.

Otros dicen: “esto vale la pena pensarlo de otra manera”. Es una maraña de problemas que tiene que ver con los flujos internacionales. Pero debe comprenderse todas las aristas antes de lanzar una estrategia. No sé si el número de muertos o desaparecidos es directamente proporcional al éxito que se está teniendo. Es difícil decirlo, sobre todo si entre los muertos y desaparecidos, hay una persona próxima.

¿La despenalización sería una solución?

Se darán pasos hacia la despenalización, pero tardará tal vez unos 10 años. Se ha convertido en parte de un discurso que se tiene por progresista, pero tiene algunos problemas. Yo no tendría problema en considerar los aspectos positivos. Es necesario sentarse a discutirlo. Debe ocurrir la despenalización sobre ciertos usos, ciertas sustancias.

Además, el tráfico de drogas va unido con los flujos transnacionales que contemplan otras cosas. Estos grupos no sólo se dedican al narcotráfico. Si legalizan la droga, ¿van a legalizar la trata de personas? Es muy fácil decir legalícenla y que cada quien haga lo que quiera con su cuerpo. Muchas personas dirán “qué fácil es mientras no se tiene a alguien que sufre el problema de adicción directamente”. Esto sería una forma de administrar problemas en lugar de erradicarlos. No creo que la despenalización sea la panacea.

¿Qué otros temas se deberían tomar en cuenta si se despenalizara?

Los paraísos fiscales, el lavado de dinero, los grandes intereses, las rutas de la globalización de los flujos legales que constituyen la otra cara de estos flujos ilegales.

¿Y si se legaliza únicamente el consumo?

Se consumen drogas que también destruyen como el alcohol y el tabaco. Si se llega a legalizar el consumo de marihuana, tendríamos que preguntarnos: ¿quiénes venden la sustancia y dónde? Habría que construir centros habilitados y que se distribuyera a través de instituciones públicas a un precio asequible.

¿Cómo lidia el Estado con la salud pública, al momento de despenalizar las drogas?

Si en España se despenalizara, eso incluiría una reestructuración de la salud pública que en estos momentos parece difícil debido al déficit público del sistema. Hay una serie de variables que hace que no sea tan fácil proponer esto como una solución total. Si sólo se despenaliza el consumo, ¿se despenalizaría el tráfico? Es complicado, pero sí propongo que se debatan estos temas, es muy sano porque ya vimos que la guerra no ha sido una solución.

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La ventana en la pared constituye el acceso al basurero de La Verbena. El muro separa la vida de los mineros del resto del mundo.
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