La amistad de San Ernesto

Allí es cuando entra Camilo Cienfuegos, porque no hay otro amigo de Ernesto que Camilo. Un hombre pelirrojo y sonriente (su risa se conocía por curar cualquier herida de guerra), siempre amable y valiente.
Ya viene otra vez el cumpleaños de San Ernesto de la Izquierda. Como todos los años me pregunto quién es Ernesto Guevara para mí, para los jóvenes que encontramos en su vida una figura de rebeldía necesaria, de ideales perseguidos y de revoluciones exitosas, hoy cuestionadas cada vez más.

Una de las fotografías más celebres de la historia de la humanidad es aquella que tomara Alberto Korda Díaz en 1960, en un funeral. La misma fotografía que sería convertida en icono por el artista irlandés Jim Fitzpatrick, en el octavo año de la década del sesenta, cuando los estudiantes en Paris lo tomaron como propio mientras el adoquín volaba por todos lados. Probablemente así se universalizó la historia del guerrillero argentino, hecho mártir un año antes en Bolivia.

Aunque siempre pensamos en un Che solitario, único e invencible, es cierto que un solo hombre no hace la revolución. Allí es cuando entra Camilo Cienfuegos, porque no hay otro amigo de Ernesto que Camilo. Un hombre pelirrojo y sonriente (su risa se conocía por curar cualquier herida de guerra), siempre amable y valiente.

Se conocen en México, cuando el Che venía de sufrir la entrada contrarrevolucionaria en Guatemala y Camilo huía de las entrañas de un Estados Unidos arisco con los extraños y de luchas universitarias perseguidas en su país de origen, Cuba. Los dos son parte de los 82 hombres que se suben al Granma. Luchan juntos y luego de tomar la ciudad de Yaguajay, se volvieron inseparables. El avión en el que regresaba Camilo para desmontar una acción en contra del nuevo gobierno, desapareció. A sus 27 años, Camilo era un héroe perdido en el mar.

El héroe que más extrañarían los niños cubanos, y sobre todo el Che que dijo de él: “Camilo fue el compañero de cien batallas, el hombre de confianza de Fidel en los momentos difíciles de la guerra y el luchador abnegado que hizo siempre del sacrificio un instrumento para templar su carácter y forjar el de la tropa… Camilo fue Camilo, señor de la vanguardia, guerrillero completo que se imponía a la guerra con colorido que sólo él sabía hacer”.

No hay proceso de transformación política que no tenga en cuenta la amistad. La amistad es confianza, es compartir sueños y es transparencia en las voluntades. La política que no se olvida de la amistad, se entiende a sí misma como el medio para lograr que el hombre y la mujer que lucha al lado sean el porqué y la razón de ser de la política misma. Ernesto y Camilo son un ejemplo latinoamericano para no olvidar que la amistad cuestiona el poder autoritario y represivo, y se planta como una de las relaciones humanas más desinteresada, más honesta y más duradera.

El 14 de junio es también el cumpleaños de A. Profesor, amigo abre puertas de otros futuros, constante sembrador de duda y crítica. En el día de su santo, del santo Ernesto de la Izquierda, le doy las gracias por recordarme el valor de una amistad que crea mundos diferentes. 

Guatemalteca desde 1987. Bibliófila. Con estudios en Ciencias Políticas en la Universidad Rafael Landívar. Trabaja en la actualidad en la Dirección de Incidencia Pública de la URL. Miembro del Grupo Intergeneracional.

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