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Enfangados en Oaxaca; divididos hasta Veracruz
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Un migrante descansa a la orilla de la carretera, en Matías Romero, antes de salir rumbo al estado de Veracruz / Simone Dalmasso

Enfangados en Oaxaca; divididos hasta Veracruz

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El Hotel Real del Istmo, estructura abandonada donde cientos de migrantes encontraron refugio en Matías Romero / Simone Dalmasso
Un empleado municipal fumiga los cuartos del hotel antes de que los migrantes se instalen / Simone Dalmasso
Jotehb, 5, junto con su mamá y dos hermanos, originarios de Villanueva, Honduras. Se tapa la nariz para no respirar los gases de la fumigación / Simone Dalmasso
La fachada del hotel abandonado, poblado, por una tarde, por cientos de migrantes / Simone Dalmasso
Briany Damas, 6, originaria de San Pedro Sula, sonríe, asomándose del cuarto donde pasó la noche con sus padres y otros 10 migrantes más / Simone Dalmasso
Astrid Melara, 6, mira desde la ventana de un cuarto del hotel, donde pasará la noche con su hermana Nicole, 5, ya dormida encima de la cama / Simone Dalmasso
Kensy Gómez, 18, originaria de San Pedro Sula, se maquilla frente al espejo de su cuarto, antes de emprender nuevamente el viaje / Simone Dalmasso
Jairo Savillón, 23, descansa en la cama de un cuarto, custodiado por su madre, Ana María, 55. El joven anda muy trastornado por las condiciones duras del viaje / Simone Dalmasso
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Tiempo aproximado de lectura: 12 mins

La caravana se parte al llegar al estado de Veracruz. La víspera, antes de que una tormenta obligase a desalojar el campo de fútbol convertido en albergue, se acordó pernoctar en Donají, en Oaxaca. Pero la avanzadilla no quedó conforme y siguió casi 100 kilómetros más. El éxodo avanza porque no tiene otra alternativa. Un equipo de negociación está dispuesto para hablar con el Gobierno. Quieren que las reuniones sean en Ciudad de México.

“Ojalá no llueva”, dice Ginna Garibo, mexicana de 30 años, integrante de Pueblo Sin Fronteras y uno de los rostros visibles en las asambleas en las que, cada tarde a las 19.00 horas, la caravana migrante toma las decisiones operativas para la próxima jornada.

“Ojalá no llueva”, suplica con un hilo de voz, adentrándose en la cancha de fútbol Emiliano Zapata, campo de refugiados al aire libre de Matías Romero, Oaxaca, un municipio de cerca de 40,000 habitantes, según el censo de 2010. De...

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