“El precio de la desigualdad”

El título de esta columna es prestado. Lo tomé de un ensayo de Joseph Stiglitz publicado en elPeriódico en su edición del 17 de junio.
Quizá el llamado “imperio de la ley” (o “rule of law”) se debe en buena parte a que cuentan con jueces, fiscales, investigadores y policías que consideran un honor desempeñar ese cargo, y son generalmente respetados en su sociedad.

Lo que escribió sobre el tema de desigualdad el premio Nobel de Economía  y profesor de Columbia University, es perturbador. Y eso que apenas es un sustrato de su más reciente libro titulado “The Prices of Inequality: How Today´s Divided Society Endangers our Future” (“El precio de la desigualdad: Cómo la división actual de la sociedad pone en riesgo nuestro futuro”). 

Stiglitz afirma: “Durante la recuperación de 2009 y 2010, el uno por ciento de los estadounidenses con mayores ingresos se quedó con el 93 por ciento del aumento de la renta. Otros indicadores de desigualdad (como la riqueza, la salud y la expectativa de vida) son tan malos o incluso peores. Hay una clara tendencia a la concentración de ingresos y riqueza en la cima, al vaciamiento de las capas medias y a un aumento de la pobreza en el fondo.” Digo que lo que leí es perturbador, pues si no, es analizado por el autor es lo que tiene qué decir  sobre “la tierra de oportunidades”, ¡imagínese qué diría de la sociedad guatemalteca!

Según el Índice de Desarrollo Humano 2011 del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Guatemala es el segundo país peor evaluado de América Latina.  Para variar, solamente somos “derrotados” en este infame campeonato, por Haití. Nuestra sociedad está cada vez más dividida por la brecha de la desigualdad. Es como el cauce de un río muy ancho y profundo, que cada vez tiene más vertientes y ramales. El mismo acceso a internet podría estar ensanchando la brecha mientras no haya políticas públicas que fomenten el acceso universal, como creo que lo están logrando ya algunos países, como Costa Rica. Está claro que Joseph Stiglitz se refiere a la igualdad material, o la igualdad de oportunidades. Y no a la igualdad formal, o igualdad ante la ley.

En aquel país del norte, creo que no se pone aún en mayor tela de juicio el cumplimiento del derecho. Quizá el llamado “imperio de la ley” (o “rule of law”) se debe en buena parte a que cuentan con jueces, fiscales, investigadores y policías que consideran un honor desempeñar ese cargo, y son generalmente respetados en su sociedad.

La igualdad material, por su parte,  es aquella, que bajo un punto de vista aristotélico-tomista, permite expresar que hay que tratar igualmente a los iguales, y desigualmente, a los desiguales. Es la que permite hacer diferencias, para abordarlas correctamente. Nuestra mismísima Corte de Constitucionalidad ha establecido en su jurisprudencia que el principio de igualdad hace referencia a la universalidad de la ley, pero no prohíbe, ni se opone dicho principio al hecho que el legislador contemple la necesidad o conveniencia  de clasificar y diferenciar situaciones distintas y darles un tratamiento diverso, siempre que tal diferencia tenga una justificación razonable de acuerdo al sistema de valores de la Constitución. Es decir, se puede y se debe hacer acción afirmativa en pro de los desfavorecidos. Universalmente está reconocido ello, siempre y cuando dicha acción sea razonable, objetiva y proporcional. Me parece que esto no muy lo saben los actuales gobernantes. Me refiero especialmente, al presidente y sus ministros y a los diputados. Quizás parte del sueldo de estos funcionarios se les debería pagar “en especie” con libros que los ayudaran a ser más útiles. El libro de Stiglitz podría caerles de perlas para proponer políticas públicas que empiecen por fin a abordar y reducir la desigualdad que en Guatemala nos está matando el futuro.