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El castigo al hombre que no detuvo el terror
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El castigo al hombre que no detuvo el terror

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“Por lo antes expuesto, los juzgadores consideramos que el acusado José Efraín Ríos Montt tuvo conocimiento de todo lo que estaba ocurriendo y no lo detuvo, a pesar de tener el poder para evitar sus perpetración”, dijo la juez.
Unas de las últimas palabras de Yassmín Barrios fueron: “De la continuación de la investigación por parte del Ministerio Público, el tribunal ordena al Ministerio Público que continúe la investigación en contra las demás personas que pudieron haber participado en los hechos”. Aplausos, chiflidos, gritos. Fue, quizás el momento en las mujeres ixiles sonrieron un poco más, aplaudieron un poco más.
Los asistentes en la sala celebraban la condena de 80 años de prisión para José Efraín Ríos Montt.
Luego de escuchar el fallo del Tribunal, Ríos Montt dijo que respetaría la decisión de los jueces.
Mujeres ixiles agradecen a los jueces del Tribunal la sentencia que dictó contra Ríos Montt..
Llora por sus familiares muertos en la guerra.
El ex jefe de estado fue condenado por genocidios y delitos contra deberes de la humanidad en la población ixil.
Mujer ixil baila y celebra la sentencia fuera de la Corte Suprema de Justicia en donde se realizó el juicio.
Familiares y amigos de víctimas del conflicto armado y autoridades indígenas frente al palacio de justicia.
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Tiempo aproximado de lectura: 18 mins

Las víctimas sobrevivientes no pudieron ver el rostro del acusado y el acusado no pudo verlas a ellas. Es probable que los jueces y el condenado no se hayan visto a los ojos. Y, casi seguro, acusación y defensa no cruzaron miradas. La sala del palacio de justicia era un caos. Pasaron más de 30 años para que este momento llegara, las presiones mediáticas, los obstáculos legales, los saltos en el tiempo en el proceso. Las zancadillas que hicieron parecer que ese día no llegaría, llegó, llegó en una sala abarrotada, tensa, desorganizada. El tribunal leyó una sentencia construida con esmero para impedir caer en un laberinto de amparos, aunque la caída es casi inexorable. Mientras tanto, la historia ya ha sido marcada.

José Efraín Ríos Montt se fue a prisión con una orden. Una orden rabiosa, furiosa, desgarrada, angustiada, acorralada. Pero fue una orden. El abogado del recién declarado genocida gritó a la jueza que acababa de condenar: “¡Señora jueza, ponga orden en la sala!”. La jueza respondió, con el tono dulce y maternal que casi siempre controla: “Estamos poniendo orden en la sala. Les vamos a pedir a los jóvenes de la prensa que se sienten un momentito”. Los jóvenes de la prensa, que se abalanzaban s...

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