Comienzo por las avenidas llenas de tráileres, sus monumentales pesos rodando por el asfalto, con las luces naranja sepia que todo lo bañan. Luego sigo por los barrios antiguos del Centro, con su silencio y el misterio rondando por su arquitectura disímil, casi orgánica, tomada por el moho.
Toda suerte de vida convive ahí: los bares con tipos en la puerta decidiendo quién entra, las iglesias, los palacios gubernamentales, los travestis y las cantinas a donde voy a morir cuando necesito hacerlo, entre jukebox y cerveza tibia.
“La última foto que le tomaron a tu cuerpo
No la pondremos en el álbum,
dejaremos que esta sirva para hacer piñatas,
piel de muñequitos.
No lo tomes a mal,
solo queremos que de tu último retrato
broten dulces
como flores”
A un cuerpo que se reconoce a sí mismo en un periódico. Julio Serrano (extracto)
En esa postal no caben, digamos, la gente que vive alrededor del lago, quienes descienden de los constructores de las ruinas, o los primeros que vieron el mar tocar nuestras orillas. Más de cuatro millones de personas. No sabemos mucho de ellos, es como si en la ciudad se perdieran los ecos de su existencia.
Estoy en uno de esos sitios donde se celebran cumpleaños para niños. Uno de esos que se quedó encerrado en los noventa, sino es que en una época previa. Lo recuerdo en mi propia niñez y la verdad es que no ha cambiado mucho. Sobre todo, no ha cambiado el escenario con los enormes robots de una pájara, un monstruo, una rata y un cocinero.
Son horribles. Parecen salidos de una película de terror. Mueven apenas los brazos para tocar sus instrumentos musicales. Simulan ser una banda. Mueven los ojos frenéticamente con las canciones. Dan un poco de miedo.
Vaya forma de cambiarte un domingo. Me vi la participación entera de la guatemalteca, narrada por unos cubanos, mientras seguía sofocado, asiéndome a las botellas. Y claro, como era de esperarse, todo el mundo feliz con el evento.
El deporte tiene ese efecto. Es capaz de inspirar. No porque uno crea que puede ir a hacer equilibrio en las vigas de esa manera, sino porque te hace pensar que todavía puedes dar más, como el esfuerzo que seguro le pone Ana Sofía a su carrera.



