Los chicos están cansados, hartos diría yo. Y yo estoy empecinado en que disfruten, que aprovechen, que el viaje valga la pena. Estamos a punto de pelearnos, de discutir. Discutimos, nos peleamos.
Y creo que no hay mejor lugar para eso que el fondo de una caverna. El ejercicio ayuda a calmar los ánimos y el hecho de que estamos medio atrapados en el fondo de la tierra nos obliga a hablar las cosas.
Me acuerdo que era flaco, flaco, flaco. Creo que por una estricta dieta de comida regalada y agua pura y que usaba un traje que había visto mejores décadas y le quedaba dos o tres tallas grande. Recuerdo que no bebía y que los policías privados del edificio siempre se burlaban de él porque era un poco lento y supongo que les habrá causado perplejidad ver a un hombre blanco y casi rubio en una posición de vulnerabilidad respecto de ellos.



