Las energías alcanzaron nomás para poder ir hasta la gasolinera y rentar una película en una de esas máquinas que tienen acá donde echás un dólar y te tira un DVD. Mataron al video club. Se acabó eso de ir a pararse frente a la sección de películas extranjeras (es decir, no de Hollywood) para darse el paquete de intelectual. Ahora, más bien, es cuestión de pararse frente a una máquina que bien podría estar despachando cocacolas o doritos.
Estaba entre Black Swan y The King´s Speech, pero mi sobrina decidió y terminamos llevándo “I am number 4″.
Me está relatando cómo llegaron unos hombres hace unos días a secuestrar a su hijo de dos meses de nacido, me cuenta cómo hace meses quemaron a su hija con amoniaco, cómo le pagaron a unos soldados para que golpearan a su esposo hasta que casi quedó muerto, me cuenta que vive con miedo, que su esposo está en el corralón de migración desde hace casi un año, que vive con sus suegros y que los que son responsables de toda esta tragedia son los primos de su esposo.
Las calles del mapa que imprimí en mi oficina no tienen los mismos nombres que las del GPS en el celular. Hace rato que doy vueltas con el carro y no paro de sudar. Hace 40 días o más que hace más de 40 grados. Las últimas semanas ha hecho cerca de 45 grados en los momentos más calientes del día.
Está visto que mi blog no va a tener asesinos como “El Pozolero” que deshacía sus enemigos en ácido u otros desalmados que decapitan y queman a sus víctimas. El primero que me toca es un presunto homicida que está implicado en un crimen pasional, en la muerte de una mujer mayor que él.



