‘Nadie’, le respondí, ‘la lógica científica no funciona de esa manera. No tiene la necesidad de adjudicar la creación del universo a un ente creador omnipotente y antropocéntrico para darle sentido a la realidad. Además, la ciencia aún no ha encontrado la respuesta a muchas interrogantes, y tampoco tiene algún problema con eso. La ciencia -a diferencia de la religión- es humilde en este sentido’. Mi amiga, muy insatisfecha con mi respuesta, contestó enfáticamente: ‘La ciencia no es humilde. Es lo más arrogante que hay’.
Gould, a pesar de no ser creyente, dijo haber sido inspirado por la encíclica papal de Pio XII, Humani Generis (1950), para adoptar la posición de que la ciencia y la religión son dos dominios o “magisterios” diferentes del conocimiento humano que no se traslapan entre sí (Non—overlapping magisteria o NOMA). Gould define un magisterio como un dominio en el cual una forma de enseñanza tiene las herramientas apropiadas para resolver los problemas que le conciernen. La ciencia, según Gould, se encarga del mundo empírico: de estudiar los materiales de los que está hecho el Universo, de indagar en la naturaleza y de describir la forma en la que éste funciona. El magisterio de la religión, en cambio, se ocupa de preguntas sobre propósitos finales, sentido vital y valores morales. Estos magisterios, según Gould, nunca se traslapan y no abarcan todos los dominios del conocimiento humano; existen otros como el de las artes, por ejemplo, que se ocupan de otras áreas importantes.
Todo aquel que niegue nuestra animalidad eucariota, diploide, multicelular y heterótrofa, es simplemente un necio. Los humanos, en particular, somos mamíferos sociales con grandes cerebros y con una capacidad extraordinaria para procesar la información que recibimos a través de nuestros sentidos; podemos hacer uso de la razón para resolver problemas complejos y somos capaces de modificar nuestro ambiente como no lo hace ningún otro animal.
Es un argumento muy usado por apologistas religiosos para atacar a personas no-creyentes, y para argumentar a favor de la existencia del dios en el que creen. Una y otra vez he leído o escuchado a algún periodista, líder religioso, ocupante o aspirante a algún puesto público decir que los problemas sociales que tenemos se deben a que “nos alejamos de dios”. Este dios es el judeocristiano, por supuesto.
Sin embargo, en esta oportunidad quisiera compartir con ustedes algunas generalidades en torno a las causas biológicas de la diversidad sexual, atendiendo a algunas preguntas que suelen hacerse muchas personas con respecto a algunas formas de sexualidad que erróneamente consideraran como ‘alternativas’: ¿Es natural la diversidad sexual?, ¿Es natural la atracción sexual entre individuos del mismo sexo?



