Más allá del apoyo del gran capital tradicional y del duopolio televisivo, el PRI regresa aprovechando el desgaste del Partido de Acción Nacional (PAN) que gobernó los últimos 12 años.
Pareciera que con cada generación siempre sale una figura a relucir y tomar la estafeta de quien en su momento fue considerado el mejor. Esto sucede, no sin los roces característicos de los egos de estos astros del deporte rey.
La Sala de lo Constitucional (el equivalente a nuestra Corte de Constitucionalidad) declaró ilegal la elección de los magistrados a la Corte Suprema de Justicia (CSJ), que debían ocupar sus cargos el primer día de este mes, porque, según el dictamen de la sala “una misma legislatura no está habilitada para elegir en más de una ocasión a magistrados de la CSJ”. Resulta que la legislatura 2009-2012, que finalizó su período en abril de este año, ya había escogido a cinco magistrados de la CSJ en 2009.
Los descalificativos entre ambos iniciaron mucho antes de la mentada campaña, años atrás. Pero esto no es de sorprendernos de los políticos en campaña que siempre acuden a extremas prácticas maquiavélicas con tal de ganar la elección. Pasa en Venezuela, pasa en Estados Unidos. La clave del opositor Capriles será ganar el voto “anti Chávez”, un voto disperso que nunca se ha podido aglutinar detrás de una figura sólida de oposición al chavismo.
Una revolución bastante particular debo decir: carece de intelectuales pero ha modificado la geopolítica latinoamericana; promueve un discurso anticapitalista y antiimperialista pero que se nutre de la sangre que bombea los corazones de las grandes potencias capitalistas mundiales: el petróleo; y cuyo líder es un vulgar militar cuartelero que reúne todas las características de los dictadores militares latinoamericanos de los setentas y ochentas, pero al contrario de estos es de izquierda.



