El inicio de la nueva gestión se presenta cuesta arriba. Primero, porque el profesional electo ha sido sujeto de cuestionamientos, que producen luces extras sobre sus movimientos y decisiones especialmente las de arranque. Segundo, porque es previsible que el estado de la institución sea desastrosa en todo sentido, lo que implica acercarse y conocer sus interioridades, reconstruir su estructura institucional, recuperar los márgenes mínimos de conducción y confianza. Esas son condiciones básicas previas al arranque de las acciones sustantivas.
Está por verse si el asunto constitucional tiene consistencia, se traduce en un asunto serio, o si se trata solamente de un termómetro orientado a medir fuerzas, desplazar la atención mediática y avivar una amplia discusión que al final se quede en poco o nada.
La censura hacia los medios de comunicación está en boca de gobiernos y sectores de interés a lo largo del globo. Se vocifera con fuerza si los medios deben o no ser sujetos de limitaciones en su quehacer. Ese asunto transciende las fronteras ideológicas de los gobiernos, tanto los conservadores como los progresistas están de acuerdo en limitar las voces que se pasan de la raya, todo lo que supere los “límites de lo políticamente válido”.
Si nos atenemos a los ofrecimientos y declaraciones de los más variados candidatos, la respuesta se acerca más a la confirmación de las mismas características que han marcado los procesos electorales recientes. Ahora bien, si analizamos con mayor detenimiento, varios aspectos están en franca construcción.
1) el paquete es extenso, son más de 50 artículos; 2) aunque se han creado cuatro paquetes, en la práctica se trata de una diversidad de temas; 3) los grados de profundidad son distintos, el paquete de seguridad y justicia es más completo, los otros son dispersos; 4) el supuesto sobre la importancia de modificar el sistema de elección de los diputados, ha saltado como el tema más atrayente. ¿Es eso suficiente para fortalecer el sistema político?



