“¡Golpe al terrorismo global, por la justicia y la libertad!”.
Demasiado temprano para estar despierta, para despedirme. Me pone de mal humor que, en los controles de salida del aeropuerto, me quiten una liga para hacer ejercicio, que a última hora había metido en la maleta de mano, con todo el optimismo de utilizarla. Les digo a los inspectores, sarcásticamente, que tienen toda la razón, que no vaya a ser que con esa liga ahorque yo al piloto del avión o a algún inocente pasajero. Uno de los agentes se ríe (a lo mejor de la caricatura que pudo haber imaginado) y me responde: “No, seño, usted no tiene cara de matona. Es por su seguridad, nomás”.
Esta semana se alcanza un año de incumplimiento de las medidas cautelares dictadas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), para garantizar la vida y la integridad física de los habitantes de 18 comunidades indígenas aledañas a la mina Marlin, en los municipios de Sipacapa y San Miguel Ixtahuacán, del departamento de San Marcos.
—¡Estoy en contra del reciclaje!
—¿Por qué dices eso?
—Mi mujer me ha contado que han despedido a casi la mitad de los operarios en la gestión de desechos. Gente que separa la basura…imagínate. ¡Todo por el éxito del reciclaje! Otros más, sumados al paro…
—¡Madre mía, pero qué dices!
—Voy a iniciar con los vecinos del barrio una campaña anti-reciclaje. De lo contrario, despedirán hasta a mi mujer. Es que ya ni hablar de mejorar las condiciones laborales. Ahora, hasta al trabajo más cutre nos aferramos desesperadamente. ¿No te jode?
—(suspiro)…



