Por eso, continúo con mi agenda municipal, creando imaginarios de país y de ciudad; sólo así, teniendo claro el deber ser, es que podemos obligar a los políticos a trabajar más en planes de gobierno y no en canciones pegajosas.
Este tipo de binomio no nos permite dividir las funciones de cada uno y diferenciarlas; mucho menos nos aclara esta situación que las reglas para elegir a uno y otro son distintas; y, la mayoría de las veces, nos hace pensar que es necesario votar por el mismo partido para ambos puestos.
En mi última trilogía de artículos (sobre la Municipalidad) traté ciertos temas que considero deben ser considerados en toda agenda municipal (sobre todo el tema de los espacios públicos). Busqué hacer una diferencia entre lo que, por ley, son las funciones de un gobierno municipal y las del gobierno central.
Contra la observancia de la ley no puede alegarse ignorancia, desuso, costumbre o práctica en contrario. Eso dice la Ley del Organismo Judicial, pero convertir el artículo 4 de dicha ley en realidad es bastante difícil, tomando en consideración la cantidad de leyes que nos rigen y el desorden de éstas.
El tema de conversación se centra en lo limpia y ordenada que perciben la ciudad. Se siente perfecto y lo que buscamos los seis latinos es un poco de la suciedad y desorden propio de nuestras ciudades. Al no encontrarlo, nos maravillamos y seguimos tomando sorbo a sorbo una cerveza, que en la tranquilidad del parque sabe a gloria.



