Parece que es un tema que solo le debiera preocupar a las “grandes empresas” del país. Sin embargo, esto no es cierto; es un tema que debe preocupar con mayor razón a los empresarios dueños de PYMES y a sus trabajadores. Por eso, me gustaría analizar brevemente el impacto que puede tener la competitividad en las PYMES.
La cercanía permite que Guatemala, con veinte días de ventaja sobre China y Vietnam, pueda llevar productos alimenticios frescos, así como productos de moda. Sin embargo, esas ventajas solo pueden volverse realidad si las aprovechamos. Esto implica que los siguientes procesos debe ser rápidos: la importación de materia prima, el transporte a la empresa; el proceso productivo, el traslado al puerto y el proceso de exportación. Es en esta encrucijada que debe discutirse el rol que tienen las aduanas en generar (o no) competitividad para Guatemala.
Esto se queda muy lejos de los 200 mil empleos formales que se necesitarían para emplear a todos los jóvenes que, año con año, se suman a la fuerza laboral. El problema es que para crear esa cantidad de empleo se necesitaría un crecimiento de la economía del 24% anual… una cantidad irreal de sostener. Por lo mismo, la única forma de crear una cantidad de empleo tan grande es necesario cambiar la forma en que la economía está funcionando.
Hay una clara insatisfacción con la entrada en vigencia de la nueva Ley Aduanera Nacional. Se ha reportado que genera importantes retrasos en la importación de productos en las fronteras. Se ha señalado un sector privado que claramente pide la suspensión de la ley, la cual señalan como no transparente y ha generado una gran confusión.
Muy pocos jóvenes guatemaltecos salen preparados para poder ingresar a la Universidad u optar a un empleo o abrir una empresa. Por eso, parece natural que la discusión se vuelque sobre la generación de un cambio en el pensum de magisterio para mejorar la calidad de los profesores.



