Hace un par de meses, leí una entrada en el blog de Javier Marías que empezaba así: “Hay piezas que, la verdad, uno creía que ya no tendría que escribir jamás, por superfluas, y sentarse ante la máquina para soltar obviedades y lugares comunes produce una mezcla de aburrimiento y depresión. ¿Todavía hay que defender esto?, se pregunta con desaliento. ¿Cómo es posible?”. Y esta vez, más que nunca, comparto su sentir.
Digo mini porque dado lo poco que a la gente le importa, la poca gente a quien le importa aunque sea ese poco y lo poco que dura en Guatemala cualquier controversia (y pseudocontroversia), pues aquí toda discusión resulta mini, incluyendo la que genera una propuesta de reformas a la Constitución que fue mini-elaborada por algún mini-grupo que la mini-consensuó. Gajes del oficio, supongo, en esta nuestra patética mini-democracia de a mentirotas, que esas para nada son minis.



