En aquel momento, el ministro de Energía y Minas Carlos Meany reveló datos indicando que dichos pozos producían 700 mil barriles diarios de queroseno crudo y que la empresa explotadora inyectaría, –en apoyo a la matriz energética del país–, 770 millones de dólares, lo que significa una bicoca de más de seis mil millones de quetzales.
Los guatemaltecos de a pie sabemos que Guatemala es un país productor de petróleo y más allá de que hay unos doce pozos entre Petén, Fray Bartolomé de las Casas, Chisec y Cobán que generan más de 15 mil barriles diarios de crudo, no sabemos más.
Significa el dato anterior que, de diez personas, dos trabajaron en tan detestable tarea. Imagínese los lectores semejante partición de conciencia: hermanos a hermanos vigilándose todo el día. Menuda tarea para los profesionales que se dedican hoy en día a reconstruir el entretejido social del país, porque, un corazón partido no es un corazón fiel.
Mi carácter no fue forjado para la adulación pero sí moldeado en orden a reconocer los valores y la trayectoria de personas de valía quienes, sin parafernalias, han sido artífices de la historia contemporánea en América Latina. Hoy me referiré a una de ellas.



