La basa de tan descomunal éxito fue el sudor y la constancia aderezada con las especias de la humildad y la sencillez, valores humanos de los medallistas que trajeron a mi memoria dos anécdotas del mundo científico: Una, sucedida en 1950 cuando un estudiante de Hannover preguntó a Albert Einstein cuánto de inteligencia se necesitaba para ser Premio Nobel y el sabio contestó: “De inteligencia 5%, de transpiración 95%”. La otra, aconteció pocos años antes cuando Tomás Alva Edison dijo: “La genialidad necesita 99% de transpiración y 1% de inspiración”.
Nuestras opciones no tenían diferencia alguna. Ofrecimientos más, ofrecimientos menos, como bien dice Martín Rodríguez Pellecer, es el turno de los conservadores. En esa tragicomedia, los gobernantes están supeditados a la élite y el Estado débil o ausente, incapaz de hacerles frente, es el caldo de cultivo para el fracaso total. Yo agrego: También es el turno de los empresarios vulgares.
El ridículo internacional que sufrimos en aquella época está muy cerca de repetirse. Hubo un embajador en un país europeo que llegó tarde a la inauguración de la temporada de caza y debido a que no escuchó las indicaciones protocolarias, al alcanzar al grupo de diplomáticos que cabalgaban ya tras un zorrito que iba a ser abatido, creyendo que el animalito seguía vivo por la inexperiencia de sus colegas disparó de inmediato y mató al zorro. La estupefacción del grupo no fue para menos.
La vida me dio la oportunidad de integrar junto a su hija Milagro el jurado calificador de la III Edición del Premio Internacional de Ensayo Mariano Picón Salas, de Caracas, Venezuela. En esa ocasión, con Milagro Laín y el ensayista venezolano Óscar Rodríguez Ortiz, concedimos el primer lugar a la obra Cultura y alteridad del argentino Ramiro Podetti, humanista y profesor en la Universidad de Montevideo, Uruguay.



