La venta de electrodomésticos, de flores, las ofertas de pasteles seguida de un largo etcétera es la justificación. Con razón, porque eso de ofrecer como un “regalo” lo que es la herramienta de la opresión machista en nuestra realidad, no reconoce de ninguna manera el ser madre, en su amplio significado.
Atrios de iglesias un tanto olvidadas, calles y parques de la Antigua Guatemala y algunas aldeas cercanas se convierten en los escenarios públicos de las problemáticas que traen desde quince rincones del país.
No es solo un problema de escuelas e institutos públicos, los colegios privados no se escapan y pareciera que cobran más por el nombre que por las cualidades de análisis crítico y razonamiento argumentativo que puedan inculcar a los estudiantes.
Imaginaba que ya ese clan de niños que se reúnan con los libros, que abrían las páginas y se entrometían en la mente del escritor, estaba en peligro de extinción. Bichos raros entre niños asombrados por la tecnología y sus encantos. Yo misma acabo de recordar los fines de semana que zarpaba a la búsqueda de nuevas historias de mujercitas en barcos de vapor, escondida bajo la mesa de madera gruesa del abuelito que no conocí. Leía hasta llegar a la otra orilla. Mientras pensaba cómo convencer a mi papá de la necesidad de comprar otro libro, me perdí el descubrimiento del game boy.



