No sé a usted, pero a mí esa cuenta no me cuadra. No me cuadra por la entrada (más violencia, más poder arbitrario), no me cuadra por la salida (paz social sin justicia).
Yo seré el primero en admitir que las arbitrariedades y anticonstitucionalismos de la (¿ex?) esposa del presidente pueden ser razones para un voto de castigo. Pero, ¿de eso a abrazar una propuesta irracional y, para más fastidio, ineficaz?
Es extraordinaria la empatía, esa capacidad que tenemos los humanos de descifrar los sentimientos y el afecto de otros con solo ver su conducta. Las sutiles señas que dan las facciones y la postura bastan para que evaluemos el estado de ánimo de una persona. Más aún, bastan para que entendamos lo que sienten, e incluso para que lo sintamos en nuestra propia carne. Un dejo apenas visible es suficiente para saber que la pareja ha pasado un mal día en el trabajo.
En ese espacio, ¿qué le dicen sus contactos, los “likes” de sus “likes” en el Facebook y la endogámica nubecilla de relaciones que pueblan la universidad, el correo electrónico, la oficina y la prensa? Que Eduardo Suger es el preferido de sus colegas, seguido de Manuel Baldizón.
Sin embargo, hoy por hoy en las encuestas nacionales Otto Pérez Molina lleva la delantera. Sandra Torres le sigue. Atrás, muy atrás, vienen Eduardo Suger y Manuel Baldizón. Después de ellos, el diluvio.



