Y no hablo de los debates de los presidenciables que, ha costa de llanto y risa, se han realizado. Más bien, me refiero al debate serio con la ciudadanía organizada y que los medios de comunicación debían trasladar al debate nacional. Ese intercambio serio y productivo, donde se le cuestiona al candidato o candidata acerca de la coherencia entre sus propuestas y los recursos necesarios para alcanzarlas, o se discute si las soluciones que se dan para los problemas del país son las más adecuadas o efectivas.
Para ese proceso electoral, no hubo una sola encuesta que le diera la ventaja a Humala. Lo mismo sucedió en la segunda vuelta, las cinco diferentes empresas encuestadoras fallaron en sus resultados.
Todavía la recuerdo aquel día, unos 20 años atrás, cuando pálida y temblorosa se subió a la cima de un árbol, venciendo su propio miedo, sólo para darme alcance y ayudarme a bajar salvo y sano.
Ay, cuánto voy a extrañarla en las noches, cuando al regresar a casa, no la encuentre dormida en el sofá, esperando a que yo aparezca. Y con voz pastosa diciéndome su reclamo de siempre -Menos mal que eres hijo único, no soportaría pasar por esto otra vez.
Esa frase, según ella, ilustraba las creencias del filósofo francés.
A Voltaire le tocó vivir en el siglo XVIII y como fiel representante de la Ilustración, defendió la tolerancia por encima de todo. Esa preciada capacidad de aceptar a alguien que tiene opiniones, o valores distintos a los de uno, e incluso diferentes a los de la sociedad en su conjunto, es sin duda, un elemento fundamental para la convivencia pacífica.



