Conclusión interesante, por cierto, para alguien cuyo padre había escrito (en el conglomerado de Salmos atribuido al Rey David) que “nueva es la misericordia del Señor todas las mañanas”. O sea, que padre e hijo no siempre viven por los mismos principios.
El reconocimiento fatalista, pesimista y realista de Scholomo Ha-Melech (El Rey Salomón) me parece la forma más adecuada de sopesar la experiencia electoral que concluye en Guatemala el 11 de septiembre.
Los amantes de locales del futbol reparan en las estadísticas durante 15 minutos previos al inicio de un segundo tiempo. Los números, las tendencias y la construcción de un forecast (pronóstico) son escasamente considerados por los locutores y analistas. En el mundillo estadounidense de los deportes, la estrategia del juego se apoya en números fríos, datos estadísticos y predicciones del comportamiento del actor en base a números. Y, con una precisión de relojero suizo, nos damos cuenta de que tal cosa, como la libertad individual, es una ficción: el resultado puede predecirse.
Fue así en La Academia y en El Liceo. Era también así entre los discípulos del Gran Gamaliel, al cual Saulo de Tarso gustaba de ponerse a sus pies para oír sus palabras (porque asumo que sentado en su regazo hubiera sido un poco incómodo). La secta judía de los esenios y los tantos cultos iniciáticos romanos impregnaron este carácter en el primitivo mundo cristiano.
Cuando tuve la oportunidad de estudiar el oscuro texto Glas (la s está demás pero, es parte de la pronunciación), la Profesora Patricia Mills, – quien había sido discípula de Derrida en Toronto– gustaba de listar una por una las figuras ocultas del lenguaje que aparecían en esta obra: El obelisco que se erige erecto; la figura de la Mädchen (tomada del discurseo Hegeliano) que ¨se encontrarᨠcon el Amo; y otras tantas que no hay espacio para listar aquí.



