Teóricos sociales de calle han argumentado muchas veces que si la cifra total de todos los planes de salvataje financiero (los llevados a cabo en Europa y en Estados Unidos) se dividiese dentro del número total de individuos que pueblan la Tierra habría dinero suficiente para darle a cada habitante del globo US$2 millones. Cierto o no, en realidad hay un punto que no deja de ser ficción: el volumen bestial del capital internacional y las cifras necesarias para salir de esta crisis. Los números son aterradores.
El texto, serio en sus fuentes y en sus aproximaciones, es un recuento histórico de la figura del Diablo, partiendo (en el caso del texto de Longinotti) desde el siglo XII hasta la modernidad. El recorrido histórico del texto centra su interés en Alemania, Países Bajos, Francia y norte de Italia. Su énfasis no es necesariamente una genealogía de la figura mítica del Maligno, pero sí un intento por proyectar la transformación de la imagen de Lucifer quien llegado el siglo XVIII es desplazado al nivel de transformarse en un simple daimón, un demonio personal.
La historia está plagada de listas conceptuales que reflejan esta situación: la participación en la Plaza Pública constituía un derecho exclusivo de los iguales, es decir, los ciudadanos; el sistema de juzgados de la Grecia clásica se componía de una sumatoria de hombres libres que debían decidir sobre el destino de un par, escuchando también a la masa de ciudadanos que desde el foro gritaba a viva voz la culpabilidad o inocencia del acusado; el ingreso al Templo de Jerusalem delimitaba el acceso hasta donde los gentiles podrían adentrarse, so pena de muerte de introducirse al recinto donde
La etnografía del crimen organizado comparado nos muestra cómo el crimen organizado que puede clasificarse de mafia es mucho más que una simple tipificación de una conducta delictiva. Es, por mucho, la expresión de una identidad vernácula siempre comprendida desde la perspectiva de una existencia dialéctica. Concretamente, es la expresión de la resistencia del oprimido y del excluido.
Lo que sucede en el terreno mexicano, a todas luces y con suficiente evidencia acumulada en los últimos seis años para cualquier observador que haya podido estar allí, es la distinta colocación de los actores. Es decir, esta es una guerra entre los diferente clanes mafiosos, las fuerzas de seguridad civiles del Estado mexicano que protegen los intereses de un cartel en particular, los militares que arriban tarde a las zonas rojas (por lo general, cuando las masacres ya han sido cometidas, dígase del caso de Tamaulipas) y la Marina.



